Fabián Muro
Hay una ley desde hace seis años. Y hay una comisión honoraria que tiene entre sus cometidos vigilar que se cumpla.
Sin embargo, la discriminación laboral sigue siendo difícil de erradicar. El 23 de mayo El País publicó la historia de un trabajador despedido de la ONG Educación Solidaria por, según su testimonio, ser portador de HIV. Aunque la ONG rechazó que la salud del empleado fuera motivo del despido, el tema dejó en evidencia que en otros casos sí se puede llegar a discriminar por la condición del trabajador.
No es que Uruguay sea original en esto. En todo caso, forma parte de un fenómeno global. Como informa cada cuatro años la Organización Internacional del Trabajo (ver recuadro), la discriminación laboral es recurrente. Las razones pueden ser múltiples. En el caso uruguayo, el color de la piel es uno de los principales escollos para acceder y mantener un puesto de trabajo.
"Treinta y nueve por ciento de todas las denuncias o quejas por discriminación, no sólo la laboral, tiene como origen el color de la piel", según Alicia Saura de la Comisión Honoraria contra la Discriminación y la Xenofobia, cuyo propósito es vigilar que la ley se cumpla y proponer medidas para erradicar este tipo de comportamiento. De acuerdo a sus cifras, la discriminación contra los obesos, por ejemplo, representa 3,2% de los casos.
La comisión, sin embargo, no tiene mayores potestades que el pronunciamiento y sus resoluciones nunca son vinculantes. No está dentro de las competencias de la comisión aplicar multas o suspender a alguien por casos de discriminación.
Para eso está el Poder Judicial, que no lleva una estadística separada que dé cuenta de las razones por las que las denuncias laborales lleguen al juzgado. "La discriminación es una de las causas que pueden estar o no en el expediente, pero las demandas laborales se inscriben así, como laborales. No por la causa que la origina, de las cuales la discriminación puede ser una, pero que a menudo forma parte de un entramado más amplio y complejo", dice el vocero de la Suprema Corte de Justicia, Raúl Oxandabarat.
Hay razones idiosincráticas que explican esta falta de datos y relevamientos sobre la discriminación, afirma el catedrático de Derecho del Trabajo en la Universidad de la República, Juan Raso. "La población de nuestro país es profundamente discriminante; tanto así que no tiene conciencia de su insensibilidad en este tema", asevera y enumera algunos ejemplos de esta actitud, entre ellas el racismo.
"Las discriminaciones contra la raza negra hacen que sea muy difícil que veamos una persona así trabajar como mozo, secretaria, recepcionista o en cualquier otro trabajo que en definitiva signifique un contacto cara a cara con el público; estos trabajadores en general están en las fábricas, en la construcción. En otras palabras: se los tiene lejos del contacto directo con el público". Lo mismo pasa con personas portadoras de HIV u obesas, dice el catedrático.
Luis Charro, de Gordos Organizados, recuerda un caso ocurrido hace dos años de una persona obesa que fue discriminada por la Intendencia de Montevideo luego de concursar para un empleo. "Gracias a que se encadenó un compañero, ésta y otras personas pudieron acceder a los empleos".
Pero estos casos son excepciones.
Tanto él como representantes de organizaciones como Mundo Afro, Ovejas Negras y otras se han reunido para impulsar la creación de un instituto al estilo del que existe en Argentina, Inadi, que tienen potestades punitivas más amplias.
Para Charro, la comisión honoraria y la ley 17.817 son herramientas poco útiles para lidiar con este problema. "En realidad, esa ley podría no existir y sería lo mismo. No alcanza que haya una comisión donde la gente se pueda quejar y nada más", continúa Charro y deposita algunas esperanzas en una reunión que tendrá con el diputado frenteamplista Horacio Yanez.
Mauricio Coitiño, de Ovejas Negras -organización que defiende los derechos de homosexuales, travestis y transexuales- nunca fue discriminado laboralmente, pero cree que eso se debe a que uno de sus trabajos (es traductor) le permite un grado de autonomía importante. "Sin embargo, es cierto que hay mucha discriminación contra el homosexual, sobre todo en dos áreas: la docencia para niños y menores de edad y las profesiones machistas, como policías, militares y trabajadores de la construcción".
Con todo, Coitiño reconoce que se avanzó. Se formó una coordinadora en la que él y otros defensores de los derechos de minorías participan, pero también advierte que la proliferación de organizaciones puede dificultar la tarea de luchar contra la discriminación. "Tendría que haber una única instancia que controle y elabore políticas. No necesariamente tenemos que emular el modelo argentino, pero tiene que ser una institución visible y de referencia para todos", dice.
Por otra parte, muchos esperan que la elaboración del Plan Nacional contra el Racismo y la Discriminación -anunciado el año pasado- sustituya y amplíe la tarea de la comisión honoraria, que ha tenido una actuación algo opaca hasta ahora. Recién ahí, dicen fuentes como Damián Díaz -también de Ovejas Negras-, se estarían dando los primeros pasos hacia una política de Estado contra la discriminación, sea ésta laboral, racial o sexual.
Juan Raso, el catedrático de Derecho Laboral, se permite algo menos de optimismo: "Lo terrible es que no nos damos cuenta. Nos consideramos una sociedad que no discrimina".
Siguen segregadas
La Organización Internacional del Trabajo presenta un informe sobre este tema cada cuatro años. La más reciente edición es de 2007 y de acuerdo a lo que se informó entonces, ser mujer es un motivo de discriminación laboral en cuanto a remuneraciones.