De pocas palabras

El mensaje de texto cumple 20 años. A pesar de su falta de sofisticación, se volvió en la forma de comunicación preferida de los uruguayos. Y así cambia nuestra forma de escribir y hablar.

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Fabián Muro

Lo primero fue un saludo. El primer mensaje de texto o "servicio de mensaje corto" (SMS, por su sigla en inglés), fue enviado hace 20 años, un 3 de diciembre, desde una computadora a un teléfono móvil en Inglaterra: "Feliz navidad", decía el mensaje.

Once años después de esos inaugurales 13 caracteres (en realidad 15 en inglés), el SMS llegó a Uruguay. El servicio se empezó a ofrecer a fines de 2003 de forma gratuita como una manera de incentivar el cambio de un aparato analógico a uno digital. En 2004 ya estaba instalado.

Tanto en el mundo como en Uruguay, este método de comunicación ha crecido sin parar. Durante el primer semestre del año pasado, de acuerdo a la gerente de Ursec Adriana Riccardi, los uruguayos enviamos 3.000 millones de mensajes de texto. El año pasado Qué Pasa publicó una nota en la que se informaba que en todo 2010 los uruguayos se enviaron unos 5.000 millones de mensajes de texto al año. Ursec es la autoridad regulatoria de telecomunicaciones.

Y de acuerdo al último informe anual de la Unión Internacional de Telecomunicaciones (ITU), habría SMS para rato. Hay 6.000 millones de suscripciones a servicios de telefonía celular en el mundo (casi un celular por persona) y todos los aparatos vienen con ese servicio incorporado.

Más allá que ese indicador no contempla las desigualdades en el acceso a herramientas tecnológicas, el SMS es una presencia ineludible de la vida privada moderna. Y en los negocios de algunas de las más grandes empresas. En 2010, se calculaba que los mensajes de texto aportaban 12% de los ingresos de China Mobile, una de las más principales compañías de telecomunicaciones del mundo.

En sus dos décadas de vida, el mensaje de texto pasó de ser una mera hilera de 160 caracteres para ser -según el caso- el destructor de la ortografía castellana, una manera de seducir y/o excitar ("sexting", se le llama), el vehículo que transporta un virus informático, una molestia que avisa de promociones publicitarias, o una evidencia jurídica: un jerarca policial del departamento de Flores fue procesado por acoso sexual a través del contenido incriminatorio de sus mensajes.

Idioma. De todas las culpas que tendría este medio de comunicación, la influencia que ejerce sobre la escritura tal vez siga siendo una de las principales polémicas. Generalmente, se trata de expertos -por ende, adultos- que expresan consternación por grafías raras como "salu2" (para decir "saludos") o "tq" (para un romántico "te quiero").

"Cómo escriba un joven o una persona dependerá del grado de escolarización, no del celular", dice Juan Da Rosa, de la Academia Nacional de Letras y agrega que este no es un tema "prioritario" para la institución.

No todos piensan en igual. En 2006, en La Nación, Pedro Luis Barcia, presidente de la Academia Argentina de Letras sintetizaba el principal argumento de los muchos que aún insisten en señalar a los SMS como culpables de una paulatina degradación de la lengua. "Contribuye a un empobrecimiento del lenguaje que, sumado a las dificultades que tienen los adolescentes para expresarse, constituye un serio problema", decía Barcia.

El psicólogo Roberto Balaguer, co-autor del libro Hiperconectados en el que se habla del vínculo de los adolescentes con los medios de comunicación digitales, dice que no hay evidencia que avale esa afirmación. "No afecta a la escritura", dice Balaguer quien dedica un capítulo al tema en su libro.

El profesor de lingüística de la Facultad de Humanidades, Ruben Tani, recuerda que cuando él era liceal los papelitos que él y sus compañeros se mandaban en secreto también se escribían en código. "El `xq` no se inventó con el SMS, venía de antes", dice Tani. "Como viene de antes la preocupación porque los estudiantes escriban `bien`. El problema no está en el celular sino en prestar atención en las horas de aprendizaje". Lo que pasa, agrega Tani, es que como se trata de un medio escrito los esfuerzos para controlar el idioma van en esa dirección. "Es mucho más difícil controlar la lengua hablada", dice.

amor. Quienes adoptan una postura menos hostil hacia los mensajes de texto en el idioma suelen argumentar que esa plataforma -o la de Twitter, con 20 caracteres menos que los 160 del SMS- puede contribuir a desarrollar el poder de síntesis. Pero más allá de cuestiones idiomáticas, el mensaje de texto también influye en las maneras de convivencia. A lo largo de los años de uso, ya generó su propio e implícito sistema normativo.

Dependiendo del contexto y del vínculo que une a quienes se comunican en un momento dado por SMS, éste puede oficiar como una barrera que mantiene las distancias o como algo que pretexta mayor intimidad. "Un mensaje de texto es menos invasivo que una llamada", dice Balaguer. "El destinatario recibe un breve menajes que puede elegir cuándo contestar, no una llamada que ya involucra un contacto directo e inmediato. El emisario, además, no espera una respuesta inmediata", agrega el psicólogo.

Distinto es cuando dos personas tienen una relación amorosa. En ese sentido, Balaguer refiere a la socióloga japonesa Mizuko Ito, quien ha realizado varios trabajos de investigación sobre la comunicación por mensaje de texto. "En la parejas, el SMS es la principal herramienta de comunicación, la que cultiva y fortalece el vínculo amoroso e íntimo. Sobre todo entre los jóvenes", dice Balaguer.

"Todo indicaría que los chicos pasan mucho tiempo con los medios nuevos, sea MySpace o enviando mensajes de texto", escribió Ito en Viviendo y aprendiendo con los nuevos medios. "Pero su participación los dota de las habilidades tecnológicas y alfabetización necesarios para tener éxito dentro del mundo actual".

Con todo, puede parecer un arcaísmo recurrir a un método de comunicación con 20 años de antigüedad en la época de las tabletas o los teléfonos móviles inteligentes, capaces de enviar y recibir mensajes multimedia. Al lado de las fotos en alta resolución, o de los diseños animados que circulan entre computadoras y celulares, los caracteres desnudos y crudos de un SMS lucen decididamente pobres.

En la prensa especializada, hasta se determinó la fecha en la que comenzó la agonía final: 12 de octubre de 2011. Ese día, la empresa Apple lanzó el iMessage, un sistema de comunicación entre los iPhones y los exégetas de la compañía salieron, como siempre, a proclamar la buena nueva. En la revista Tech Crunch, el autor Greg Kumparak, sostenía que "el iMessage por sí solo no matará al SMS. Pero empezó la avalancha".

Sin embargo, no será tan fácil, dicen otros. Hay mucho dinero en juego, para empezar. Más allá de lo que parezca, cada vez que se oprime la tecla "enviar" hay que pagar a las empresas telefónicas. Esa es una de las principales razones por las que compañías como Apple o RIM (que fabrica los teléfonos inteligentes Blackberry) ofrecen sus propias alternativas de mensajería gratuitas.

Pero no alcanza con que sean gratuitas. Un método que desbanque al SMS debe ser, además de gratuito, estándar. "¿Qué me importa el iMessage si tengo un telefóno Sprint, por ejemplo? ¿Y qué me importa el sistema de RIM si tengo un celular común y corriente, no uno inteligente?", escribió otro experto informático el año pasado. "El SMS funciona en todos los teléfonos y sirve para todas las redes telefónicas, independientemente de quién sea la dueña de esa red". Le espera una larga vida.

Habrá que seguir, entonces, ejercitando dedos e ingenio para ese mensaje crucial, trivial o innecesario que va de pantalla a pantalla. Y que a los uruguayos, por lo visto, nos encanta.

190.000

mensajes de texto por segundo se enviaron en 2010 en el mundo. Tres años antes, habían sido <50.000.

6.000

millones son las suscripciones a servicios de telefonía celular en el mundo. Hay 7.000 millones de personas.

160

caracteres es la extensión estándar de un mensaje de texto, 20 más que lo que permite Twitter.

3.000

mensajes de texto por mes envía el adolescente promedio en Estados Unidos. Unos seis por hora.

1

billón de dólares en ingresos es lo que se espera que recauden los SMS en los próximos cinco años.

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