Fabián Muro
Unos procedimientos policiales en los que fueron enviados a la cárcel un artesano y una veterana escritora, entre otros, aumentaron en algunos sectores la necesidad de debatir en torno a la marihuana, su consumo y su cultivo.
Así, volvieron a ser discutidas la conveniencia o no de modificar la actual legislación, lo justo o injusto de penar una parte de la ecuación del consumo y las consecuencias sociales de permitir que los consumidores puedan cosechar, sin represalias judiciales, sus propias plantas.
Algunos hechos políticos van en el mismo sentido: un proyecto de ley fue presentado hace tres meses por el actual presidente de la Cámara de Diputados, el nacionalista Luis Lacalle Pou, titulado "Medidas contra el narcotráfico", que contempla algunas de las demandas de un grupo de consumidores. Se discute, además, una propuesta alternativa a cargo del Movimiento de Participación Popular (MPP) y el Partido Socialista (PS). Ambas, por caminos distintos, apuntan a lo mismo: dejar que quien quiera tomarse el trabajo de plantar marihuana pueda hacerlo.
Las iniciativas, a su vez, son en parte la consecuencia del proceso iniciado en la comisión parlamentaria para tratar el tema de las adicciones, que está presidida por la ex ministra del Interior, Daisy Tourné.
La comisión presentó sus primeras conclusiones en octubre. Consultada por Qué Pasa, Tourné consideraba que "esto es un gran tema de salud pública que nada tiene que ver con delitos".
Mientras que en el proyecto de Lacalle Pou no se pone límite a la cantidad de plantas cultivadas para el consumo personal, el ideado por el MPP y el PS (una inédita asociación entre dos sectores que no han encontrado terrenos afines) pretende fijar en ocho plantas la cantidad máxima que pueda cultivarse en el hogar. Una cantidad superior a esa, explicó el diputado emepepista Sebastián Sabini, se podría presumir que las plantas tendrías otro destino que el consumo individual.
Hasta ahora, no se ha determinado con exactitud la cantidad de gente que planta cannabis para uso personal.
Sí trascendió que en el combate contra la marihuana la cantidad promedio de las incautaciones ronda los 10 gramos, una cantidad que entre adictos y consumidores es considerada muy baja (la comercialización estándar al minorista es 25 gramos y costaría entre 400 y 600 pesos) y que, además, no se traduce en una suma de dinero significativa.
Esto de acuerdo a un estudio internacional y comparativo que se basó en números oficiales proporcionados por la Junta Nacional de Drogas.
En ese trabajo -llevado a cabo por la investigadora social uruguaya Giorgina Garibotto para el Transnational Institute y la Oficina en Washington para Asuntos Latinoamericanos- también queda claro que la mayoría (casi 60%) de los detenidos y procesados por violar la ley de estupefacientes tiene menos de 30 años.
Pero en la discusión sobre si se va a permitir que quien quiera empezar a aprender algo de botánica para drogarse pueda hacerlo, los datos y los aspectos técnicos quedan bastante atrás de la argumentación de tinte moral, muchas veces anclada en suposiciones, expresiones de deseo y temores.
De un lado, la demonización infantil y generalizante del fumador de marihuana como un futuro delincuente o como un vago crónico. Del otro, la exaltación casi pastoral de un consumidor viviendo en una unión armoniosa y sustentable con la naturaleza.
MITOS. Entre esos extremos, difícil que se llegue a un consenso. El sociólogo Agustín Lapetina, especializado en adicciones y drogas, está a favor de permitir que se cultive para el consumo personal. De todas formas, extraña argumentos menos dependientes de la postura moral de cada uno. Y piensa que habría que desechar algunos de los mitos en torno a la liberalización de la planta. "Las ventajas de permitir el autocultivo superan a las desventajas. Pero pienso también que uno de los argumentos manejados por quienes abogan por el autocultivo, que dicen que así se le daría un golpe duro al narcotráfico, es un mito. Eso no va a pasar".
Desde su óptica, seguirá habiendo gente que compre en vez de plantar. El argumento de Lapetina es contrastado por Mario, quien fuma marihuana y tiene, según él, "muchos amigos que cultivan". De acuerdo a su testimonio, plantar y cosechar es algo muy fácil. "Está todo en internet", sostiene.
Efectivamente, la búsqueda del término "autocultivo marihuana" resulta en más de dos millones de respuestas. Sin embargo, basta entrar al primero de los sitios, www.marihuanacultivo.com, para darse cuenta que tan fácil no es. En todo caso, no es para todos. Para empezar, habría que aprender sobre cosas como "intercambio catiónico", "mezcla de substancias macromoleculares con grupos ionizables" y sobre el "complejo arcilloso-húmico con capacidad amortiguadora del pH".
"Para mucha gente, creo, le demandaría un esfuerzo que no sé si están dispuestos a hacer. Me parece que seguirían comprando", comenta Pedro, quien cultiva su propia marihuana desde hace siete años y prefirió no dar su apellido. En última instancia, dependerá del tiempo, el dinero y la atención a los detalles del proceso que uno dedique. "A mí porque me encantan las plantas y cultivo muchas cosas, desde tomates y albahaca a marihuana. Y la verdad es que la planta de marihuana da bastante trabajo. No es algo que uno pueda dejar crecer sola, hay que estar encima, atento".
Da trabajo y es probable que la primera experiencia sea un fracaso. Pedro perdió tres cosechas -en condiciones naturales, se puede cosechar dos veces al año- antes de conseguir algo más o menos "fumable".
Hay que aprender sobre machos y hembras, agrega, porque una planta macho puede arruinar una cosecha. Los riesgos de que alguien denuncie también deben entrar en el cálculo costo-beneficio. Invertir en una lámpara de sodio y accesorios para minimizar los riesgos de una denuncia -lo que permite cultivar bajo techo- cuesta 3.000 pesos. Más 1.000 pesos extra a la cuenta de luz por mes.
Y para todo eso, antes hay que conseguir las semillas, que se piden a empresas o particulares en Europa; en Uruguay no hay. Eso se hace por internet y cuesta seis euros por semilla. Pero cada vez que uno pide algo así, debe sopesar el riesgo de que a alguien se le ocurra investigar. "Porque uno deja siempre una huella digital cuando compra por la red", dice Pedro, que prefirió ahorrar y hacer un único pedido, para correr el riesgo de ser detectado una única vez. Compró una veintena de semillas, como para tener un stock. Pagó varios miles de pesos entre gastos de envío y el costo de las semillas. Le llegaron sin problemas.
Tanto cuidado y atención encarecen el producto. "Por eso es curioso constatar que alguien pueda pensar que quien cultiva lo hace para otra cosa que no sea el consumo personal", dice Pedro en alusión a jueces, políticos y otros que han actuado u opinado en el tema. "Sencillamente, no dan los números. Para poder ganar dinero con esto hay que cultivar mucho: cientos de plantas. Eso es demasiado riesgo. Si en el mercado negro conseguís 25 gramos de porro prensado a unos 400, 500 pesos, esa misma cantidad de marihuana cultivada sale el doble".
Solo fumando muy moderadamente -y teniendo la suerte de que todo el proceso haya salido bien- es posible cubrir las necesidades personales de un fumador consecuente.
Desde la Clínica para el Tratamiento y Uso Indebido de Drogas y Alcohol (Tuidal) de la Asociación Española, el psiquiatra Fredy Da Silva cree que sería una "barbaridad" permitir el autocultivo. "Es cierto que la marihuana alivia las náuseas, por ejemplo. Pero hay gotitas para eso que son mejores. También es cierto que tiene un efecto analgésico. Pero la aspirina es mejor".
De acuerdo a Da Silva, rara vez se menciona que un porro tiene más monóxido de carbono que un cigarrillo. Y que hay centenares (aproximadamente 400) de sustancias químicas en la planta de marihuana. "Y no se ha estudiado suficientemente lo que éstas causan en el cuerpo. Lo que sí puedo decir es que la marihuana causa adicción psicológica y tiene repercusiones hormonales. También causa pérdida de memoria de corto plazo, aunque hay quienes disputan estas afirmaciones, también desde la medicina.
Más allá de los obstáculos prácticos, sanitarios y jurídicos que existen en la actualidad, el éxito de un proyecto que permita el autocultivo también debe sortear escollos políticos y sociales. El diputado Sabini ya adelantó que el proyecto de ley de Lacalle Pou no será votado por buena parte de la izquierda. Como comentó un integrante de la ONG Prolegal: "Si ni siquiera los que apoyan la idea están de acuerdo, difícil que salga...".
Para el abogado penalista Diego Camaño -quien ha escrito artículos para el sitio de Pro Legal y tiene experiencia directa de los procedimientos contra usuarios o adictos que cultivan- la marihuana es aceptada colectivamente y por lo tanto no habría cambios dramáticos en el entramado social de aprobarse una ley que deje de penalizar el cultivo.
"La sociedad uruguaya está lo suficientemente madura como para asimilar una medida así", afirma Camaño. "Para mí es viable, tanto desde el punto de vista jurídico como social. Si se fija una cantidad de plantas permitidas, eso facilitaría".
Lapetina por su parte duda que la autorización para el autocultivo sea inminente. "Pero aún así es un paso adelante que este debate se esté dando en este momento. Ojalá incorporemos más argumentos al mismo, por ejemplo médicos. La marihuana no es tan nociva como la pasta base, claro, pero sí tiene un grado toxicológico que hay que tener en cuenta y conocer. Esos argumentos han estado ausentes durante décadas y es necesario incorporarlos".
De uso medicinal
Luego de fuertes debates que ocuparon buena parte de los años noventa, varios estados en Estados Unidos aprobaron, voto mediante, el consumo de marihuana para fines medicinales. Catorce de 50 estados permiten el autocultivo. El máximo de plantas permitido es 24 en Oregon luego de una votación en 1998. Los últimos estados en aprobar la marihuana medicinal fueron Nueva Jersey y Arizona, el año pasado.
500
pesos cuestan 25 gramos de marihuana prensada. Directamente del cultivo, costaría el doble.
8
plantas es la cantidad que parte de la bancada de diputados del FA está dispuesta a permitir.
14
estados de Estados Unidos permiten el consumo y el autocultivo de marihuana medicinal.