Sebastián Cabrera
Que Uruguay es una penillanura suavemente ondulada donde jamás habrá desastres naturales es una de las primeras cosas que se aprenden en la escuela. Pero, por las dudas, la minera Aratirí, antes de presentar su proyecto de inversión, encargó un estudio de "peligro sísmico" a la consultora australiana Ausenco Vector, que toma en cuenta el área de la mina (Durazno, Cerro Largo y Treinta y Tres) y el futuro puerto en Rocha.
El estudio de diciembre de 2010, al que accedió Qué Pasa, dice que los datos geológicos, geofísicos y de sismicidad muestran que "la región del Río de la Plata" tiene "inestabilidad tectónica cuyo origen se encuentra en la interacción de diferentes fuentes de tensión". Habla de una actividad sísmica "superficial dispersa" en la cuenca del Río de la Plata, en la cuenca de Punta del Este y hacia el continente, cerca del río Uruguay, así como en puntos de Rio Grande do Sul, especialmente en la llamada Falla de Pelotas, cuyo tramo final está cerca de la frontera con Uruguay.
El informe explica que en la zona donde se instalará Aratirí ha habido movimientos sísmicos con intensidad III en la escala Mercalli Modificada (de percepción humana), lo que significa movimientos leves y una sensación "semejante al paso de un camión". En base a los datos históricos de actividad sísmica, se aconseja a Aratirí ciertas precauciones técnicas al construir la mina. La directora del Instituto de Ciencias Geológicas, Leda Sánchez, dice que ese estudio es el primero que conoce en Uruguay "para la instalación de un emprendimiento minero".
Aunque no fueron catastróficos, Uruguay sabe de terremotos y ha habido movimientos de hasta cinco puntos en la escala Richter. Sánchez pidió la semana pasada en el Parlamento que se instalen tres estaciones sísmicas (una en Maldonado y las otras dos en Artigas y Colonia), imprescindibles para medir en forma certera los movimientos en Uruguay. Cada estación sale unos 35.000 dólares.
La experta dice que, desde el punto de vista geológico, el tiempo transcurrido desde 1888, cuando se produjo el sismo más fuerte en Uruguay, "no es nada, es un parpadeo". Y alerta: "No tenemos cultura sísmica, creemos que nunca pasará nada. Hay una negación". Un terremoto "de magnitud cinco" puede hacer "un daño brutal" al país porque no se han tomado precauciones.
Es decir, el riesgo sísmico es bajo "pero no nulo". En la misma línea, el ingeniero y geofísico Alberto Benavídez escribió un informe donde dice que "el término de región asísmica atribuido a Uruguay es inadecuado y erróneo". A su juicio, en el futuro habrá más "fenómenos sismológicos".
En la tarde del 9 de agosto de 1848 se sintió un temblor en Montevideo y el resto de la costa, con una intensidad de 5,6 en la escala Mercalli Modificada (se siente fuerte pero con daños leves) y en torno al 4,8 en la escala Richter, con foco 200 kilómetros al sur de Maldonado. Ese habría sido "el primer evento en el Río de la Plata desde la colonización europea", de acuerdo al informe de Ausenco Vector.
A aquel movimiento le siguieron otros: en 1888 (cerca de Colonia), 1948 (Bella Unión), 1988 (en la zona oceánica de jurisdicción uruguaya) y 1990 (en Durazno). Y hubo un muerto por un micro tsunami el 14 de enero de 1884 a las 7.30. "Si esa ola viene hoy, entra cinco cuadras adentro con un resultado nefasto", dice Sánchez.
Una ciudad construida en la arena
Los daños tras el terremoto de 1888 "fueron poco importantes porque en Montevideo, Colonia, Buenos Aires y La Plata no existían edificios de altura", dice el informe de Aratirí. Y advierte que luego de eso no se adoptaron medidas antisísmicas. El geofísico Alberto Benavídez escribió que las construcciones en la costa "están en terrenos arenosos, que amplifican movimientos". Y la geóloga Leda Sánchez lamenta que se construya "como si hubiera cero actividad sísmica".