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Tiene 64 años. Llegó de Hungría a los 9, junto a su familia todavía horrorizada por la guerra. A los 18 años se hizo cargo del aserradero y barraca que su padre fundó en Paysandú, desde 1970 bajo su dirección exclusiva. Preside desde 1989 Todomúsica S.A. Los suyos fueron los primeros televisores de color que llegaron a Uruguay a comienzos de los años 80. Preside actualmente la Cámara de Importadores de Electrodomésticos del Uruguay. Asegura que el cliente uruguayo se volvió más exigente porque puede acceder a productos de mejor calidad. Le preocupa el tema de la seguridad ciudadana. Está casado, tiene cuatro hijos y ocho nietos. Uno de sus hijos lo acompaña en la gerencia comercial del grupo. Va todos los días al gimnasio.
POR Stella Maris Pusino / spusino@elpais.com.uy
¿Qué recuerda de su infancia en Hungría?
¿De mis primeros diez años allá en Budapest? Aquello fue muy complejo, lo que más recuerdo es que no había libertad de expresión. Mi madre había estado en un campo de concentración y mi padre sometido a trabajos forzados. Le habían confiscado el aserradero que tenía en 1948, así que se puso a trabajar como chofer de la compañía área húngara y, de noche, armando cerraduras para carteras. Se reencontraron después de la guerra. Y nací yo. Vivían asustados. Me educaron para que no hablara de temas que complicaran más la situación.
¿Y en ese contexto sus padres decidieron emigrar?
Sí. Tenía entonces nueve años. Recuerdo que iba a mi clase de natación. Tenía que tomar dos tranvías, pero un día no pude tomar el segundo, no pasaban. Llamé a mi padre, me vino a buscar en moto, había aglomeración de gente. Después supe que allí comenzó al revolución húngara de 1956. Un año después mi padre consiguió uno de los pocos pasaportes que se expedían y conseguimos salir a Italia. Allá tampoco estaba fácil. Dos tíos míos habían emigrado años antes, uno a Paysandú y otro a Israel. Mi padre finalmente optó por venir a Uruguay.
¿Cómo fueron los inicios en Uruguay?
Apenas llegado mi padre montó en Paysandú su aserradero de nuevo, con un crédito en el que mi tío salió de garante. Mi madre se ocupaba de la caja y yo iba a la escuela. Así comenzó Barraca Europa.
¿Cuándo comenzó usted a formar parte de la empresa?
Cuando tenía 18 años mi padre enfermó y tuve que intervenir bastante más. No hay duda de que los comienzos fueron muy difíciles. En los años de la década de 1970 compramos un local nuevo, siempre en Paysandú, un local que tenía vidrieras. Teníamos que aprovecharlas, así que agregamos más productos y lo que calzaba bien era el rubro electrodomésticos, que en ese momento no eran importados, sino de fabricación nacional.
¿Todavía no con el rubro televisión?
No. En el año 80`, al estar la ciudad frente a Argentina, con repetidoras allí, vimos aquel movimiento que todavía no había llegado a Uruguay, tratamos de hacer contactos pero no conseguíamos televisores con la norma PAL-N. En Uruguay había pocas marcas que los estaban haciendo. Así que decidí viajar a Panamá y conseguimos comprar diez televisores color Mitsubishi, de 20 pulgadas, que luego vendimos en principio a US$ 2.500. Un disparate. De a poco conseguimos más y los fuimos vendiendo, sobre todo en el litoral y en interior del país, que captaba la señales de Argentina.
¿Cuándo llegó Barraca Europa a Montevideo?
En ese momento, año 1981, había un representante Mitsubishi en Uruguay, pero como nosotros habíamos comenzado a hacer un buen trabajo con los televisores color, conseguimos la representación, pero nos pusieron el requisito de instalarnos en Montevideo. En la década siguiente fuimos agregando nuevas marcas y representaciones, y más productos. Hacia fines de los 80`, a pesar de que queríamos continuar distribuyendo a todo el país desde Paysandú fue imposible, porque todo debía pasar primero por la capital del país.
Pero en esta ciudad jamás operó el aserradero ni la barraca de materiales.
El aserradero desapareció como tal en el sesenta y pico. Y la barraca en Paysandú hasta este año, que decidimos cerrar el negocio de los materiales. Justamente esta semana estamos abriendo en el centro de esa ciudad un gran local nuevo de venta al público de electrodomésticos.
¿cambiarán el nombre de la empresa? ¿Pensaron en hacerlo en algun momento?
Sí, cuando llegamos a Montevideo, a sugerencia de nuestra agencia de publicidad, sacamos publicidad como Barraca Importaciones pero la gente se preguntaba que qué había pasado... El nuevo nombre confundía, así que volvimos al de siempre.
¿Cómo fue ampliándose el portafolio de negocios? Todomúsica es, por ejemplo, parte del Grupo Zador.
En 1993 obtuvimos la representación de RCA y General Electric para tevé, audio y video. Teníamos que llegar más al público, por eso, en 1994 compramos el 50% del paquete accionario de Todomúsica, que era cliente nuestro. En 1998 nos quedamos con la totalidad de la propiedad y abrimos el megastore en Montevideo Shopping. Y hoy no está más, pero también supimos tener Juguetería y Papelería del Plata, originalmente cliente principal de la marca Bitec, de juegos pre computación, que también representábamos y distribuíamos. El auge de la computación deterioró el de este negocio. Algo similar ocurrió con Pampa, la casa de electrodomésticos. Luego de la crisis de 2002, que iniciamos el negocio minorista, fuimos transformando los locales de Pampa, todos en Barraca Europa. Hoy sólo contamos entonces con Barraca Europa y Todomúsica.
¿DirecTV?
Fuimos quienes lo trajimos hace diez años, pero hace unos dos se instaló en Uruguay, y sólo quedamos como agentes principales, pero ya no como representantes exclusivos.
¿Cuánto facturan al año estas empresas?
No se lo voy a decir. No nos gusta dar números.
¿Podemos cuantificar de alguna manera los distintos negocios? ¿Volumen de importaciones, porcentaje del mercado?
Vendemos como distribuidores a los hipermercados, comercios, free shops y clientes en todo el país, con una misma logística y administración. Trabajan en total unas 280 personas en 13 locales, 8 de Barraca Europa, en Montevideo, Paysandú y Punta del Este. Estamos abriendo también un local nuevo de Todomúsica en Costa Urbana. No es relevante hablar de cifras a nuestro juicio. Es una empresa que trata de mantener un buen diálogo con el personal. Tenemos a disposición una casa de vacaciones en Las Toscas, según el desempeño de los empleados, y en reconocimiento a ello, se rotan y van con todo pago, a lo largo del año.
¿Qué aspectos de los negocios atraen su mayor atención en las distintas áreas?
Uno tiene que sobrevolar todo. Marcas y productos que manejamos. Representamos desde hace casi 30 años marcas como Consul y Whirlpool, tratamos de ser consecuentes y trabajar la permanencia de las marcas pero siempre buscando las últimas novedades. También me ocupa la parte financiera. Fue muy difícil cuerpear la crisis del 2002. Caímos a la quinta parte de las ventas, los nuestros eran productos de lujo o suntuarios.
¿Se recuperaron los niveles aquellos? ¿Con qué crecimiento anual?
Sí, claro. Acompañando la economía, el dólar barato ayuda al consumo del rubro, más la facilidad de financiación al alcance de los clientes. Pero, como nosotros vendemos en dólares, los costos del presupuesto de la empresa que pagamos en pesos han subido muchísimo. Vendemos más pero nos cuesta más la operación. Los sueldos han subido, además, en los últimos dos años muy fuertemente.
¿Cuánto cree que durará esta bonanza?
No lo tengo claro. No sabemos. No pretendemos tener gran crecimiento en las ventas por el momento. Queremos conservar los actuales niveles de venta. Pero somos optimistas. Ojalá que dure mucho tiempo, que todas las obras tanto en Punta del Este como en Montevideo que se están construyendo sigan adelante porque cada casa, cada apartamento, nos permite poder estar presentes en ellos con nuestros productos.
¿Qué le pediría al gobierno?
Nos preocupa el tema seguridad. Deberíamos poder reducir los altos costos de alcanzarla para los empresarios y como ciudadano. Se ve a diario. Me preocupa mucho conservar aquello que nos trajo de Hungría. Me encantaría ayudar pero no sé cómo. Es un tema político.





