Tiene 50 años y desde los 15 anda por los pasillos de Barraca Erro, una empresa que fundó su padre y que hoy constituye un grupo que factura US$ 250 millones anuales siendo la segunda mayor exportadora de Uruguay. Fanático de la pesca y de todas las actividades que se puedan realizar al aire libre, se autodefine orgulloso como "un empresario de profesión" , algo que "no es poca cosa en un país subdesarrollado", argumenta. Al mismo tiempo, defiende a muerte el campo tanto como el mejor lugar para vivir así como motor de la economía
doméstica y el camino que debería seguir el país para atender la creciente demanda mundial. Está casado, tiene cuatro hijos y vive en una zona rural cercana a Dolores.