Rúben Pérez
Fundó la empresa con su esposa y uno de sus hijos y asegura que aprendió con las dificultades y que, después de muchas idas y vueltas, está satisfecho. "Si a los operarios, que son imprescindibles, sumamos la familia trabajamos en Pergol unas 30 personas", explica quien abandonó sus estudios de veterinaria y se dedicó a su propio emprendimiento después de trabajar 10 años en Curpae. Comenzó vendiendo cables a acero, luego sumó venta de maquinaria y alquiler. "Durante los primeros seis meses no alquilamos nada. Un día apareció una empresa española y nos pidió por tres días un equipo; así arrancamos y hace 22 que estamos", resumió. Tiene 56 años, está casado con Isabel y tiene seis hijos, dos nietos y uno en camino.
POR: SILVANA NICOLA
snicola@elpais.com.uy
¿Cómo presenta a su empresa?
Es una firma que alquila y vende equipos y máquinas para la construcción, pero que además brinda servicios, por eso nuestro eslogan es que nos preocupa lo mismo que el cliente: "Mantener la obra en movimiento". En un 80% estamos focalizados a la industria de la construcción, básicamente civil. No comercializamos ni tenemos maquinaria pesada, como pueden ser retroexcavadoras o palas, para la construcción vial.
En el sector, sus máquinas tienen buena reputación, ¿por qué?
En el rubro construcción a Pergol la conocen mucho, no así en lo masivo. Buscamos un equilibrio entre precio y calidad. Los 365 días del año, las 24 horas, tenemos un servicio de respuesta para mantener cada obra en movimiento. Tenemos una flota de seis camionetas con mecánicos y nuestros clientes, ya alquilen o compren, tienen un servicio de respuesta que brinda asistencia ante cualquier inconveniente en la maquinaria que utilizan. Nos comprometemos a que si la máquina se queda vamos a la obra y le damos solución, no nos sirve comprar una máquina económica, que se rompa y que a cada cinco minutos tengamos que ir. Por eso no compramos máquinas chinas, lo que no quiere decir que no hayan buenas. Nosotros viajamos a China con el jefe de nuestro taller. Después de 15 días de recorridas compramos algunas y las pusimos en nuestro banco de prueba, que es el alquiler, y acá se desarmaron todas.
¿Todas reprobaron?
Sí. Capaz que no encontramos la fábrica adecuada, pero estoy seguro de que si la encontramos no será tan barata. Hay mercado para todo, no entramos al mercado de lo económico porque no podemos comprar barato y después no brindar la garantía. Acá no es "me comprás y sale de la puerta y no tenemos nada que ver". Acá compran y tienen el respaldo y la garantía y es por eso que nos destacamos, es nuestro plus a la hora que el cliente decide a dónde comprar.
¿Qué porte tienen los clientes de Pergol?
Variado. Las empresas de construcción más grandes están todas acá: Teyma, Saceem, Sudamericana, Montelecnor, Ebital, Campiglia, no son clientes exclusivos nuestros, pero sí trabajan con nosotros.
¿Con quiénes compite directamente?
Que hagan lo mismo que nosotros, con nadie. Hay quienes se dedican sólo al alquiler o sólo a la venta; pocas venden y alquilan y ninguna brinda ofrece nuestro servicio posventa.
¿No nombrará a ninguna?
En alquiler Curpae, Andamios Tubulares, la ferretería Bianchi, hay varias.
Pergol es parte de Rental Group, ¿cómo surgió este conglomerado?
En 2001 se nos vino la debacle, no sabíamos qué hacer con las máquinas. Cuatro empresas amigas -Pergol, Julio Ramírez S.A., Sisler y Tramec- fuimos a Brasil con la idea de alquilar allá, pero era muy difícil ingresar a ese mercado. Descubrimos que si nos uníamos, podíamos crecer. No competimos en lo que vendemos, así que nos complementamos. En obras importantes el grupo trabaja unido. Nos presentamos a licitaciones juntos, nos potencia en el alquiler. A veces el que viene quiere cotizar todo en un lugar solo.
¿Tienen filiales?
Estamos en Montevideo, pero si la obra lo amerita nos instalamos en otros lugares. Ahora estamos frente a Montes del Plata. Lo mismo hicimos con Rental Group en Fray Bentos, durante la construcción de Botnia. Cubrimos el país, pero la central está en Montevideo.
Pergol está bastante atado a la construcción y sus vaivenes ¿Cómo evalúa al sector hoy?
Sí (risas). Estamos bastante atados, diría que en un 80%. La construcción está en un momento muy bueno, cuánto más va a durar no lo sé. Creo que este año no habrá problemas, el próximo quizá decaiga un poco, pero no a niveles de una crisis como la de 2002. La historia de la construcción es de vaivenes. No creo que haya una burbuja, sí hay mucha inversión y proyectos que influyen en nuestro pequeño mercado. Hace un año atrás se terminó el Aeropuerto, para otro país quizá no era un proyecto muy grande, pero para el nuestro sí. Ahora se construye un shopping, empezó Montes del Plata, una cementera brasileña quiere instalarse por Treinta y Tres, la Mina de Corrales, influye. A esto se le suma la construcción de edificios y torres, que se hacen y se siguen vendiendo. Uno a veces dice hasta aquí llegamos, pero se sigue construyendo. Hay casas en Pocitos que se demuelen y se crean nuevas torres, no sé a quiénes se lo venden, pero la construcción sigue.
¿Cómo ve la cuestión sindical en su rubro?
Los clientes nuestros han aprendido bastante. Si no es por una medida solidaria con otros, hay convenios que se respetan. Las partes nos fuimos poniendo inteligentes: nosotros los empresarios y los obreros. Nosotros, porque me incluyo. Uno no puede pretender trabajar mucho y ganar todo uno y tampoco que ganen todo los otros y que hagan lo que quieran. Hay un equilibrio. Salvo cuando hay un accidente -que se para medio día y todo el mundo pierde y no solucionamos nada, ni ayudamos a la familia ni nada- no ha habido grandes problemas. A la construcción le falta mano de obra y hoy están regresando capataces jubilados a enseñar a los más jóvenes. No hay gente, falta mano de obra, a pesar de que se usa más tecnología, más máquinas, más prefabricados.
¿Les costó imponer el uso de máquinas?
Hay un montón de cosas que uno no se imaginaba que el gremio iba a dejar utilizar, pensando en que se perdían fuentes laborales, pero hay que usar la tecnología para terminar antes y para que el obrero no se quede sin trabajo. Hace años trajimos unas máquinas que se usan para proyectar hormigón y revocar. Tres personas o cuatro, hacían el trabajo de 14. Hoy funcionan, pero al principio nos íbamos de la obra y nos cortaban las mangueras. Los empresarios se dieron cuenta de que no podían pagarle lo mismo a los obreros y ofrecieron un tanto por metro hecho con esa máquina. El que agarró eso, a veces ni descansa al mediodía porque cuanto más metros realiza, más cobra. Si la persona está conforme con lo que entra a su bolsillo, eso funciona. Hace años se hacía el hoyo en la tierra, hoy si no le das a un obrero una hormigonera no trabaja. Eso va pasando con otras máquinas. El obrero se acostumbra a usarlas y ya no se puede hacer todo a mano porque no se termina más. Un edificio se tiene que terminar en 18 meses y no en cuatro años.
¿Cuántas unidades de maquinaria tiene?
Miles. Una vez un piloto me dijo que si los aviones del mundo quisieran aterrizar todos a la vez, faltarían pistas. Si todas las obras pararan y nos quisieran devolver toda nuestra maquinaria, tendríamos que conseguir otro local, porque acá no entraría ni una parte. Hay firmas que hacen el 90% de sus obras con máquinaria alquilada. No llevo sus números, pero se evitan de mantener los equipos, de guardarlos; lo alquilado pasa como gasto en una obra y cuando compran es bien de capital, además no se hacen problema, nos llaman y nos dicen: "se paró la máquina", incluso antes de ver si se rompió o fue el operario.
¿Es negocio alquilar?
Sí y no. Lo considero más negocio como instrumento para promover una marca, para vender equipos. Deja algún dinero, pero no es la panecea. En otros países hay empresas que sólo alquilan, rentan cuatro máquinas de las 50 que tenemos nosotros y se mantienen con eso. Cobran lo mismo que nosotros y están tranquilos en su escritorio. Nosotros les llevamos la máquina y eso no lo cobramos; cuando va el mecánico tampoco, el ir y venir a la obra es un costo que asumimos. Pergol tiene guardia y atiende a toda hora, a las 2 de la mañana nos llaman porque se quedó un martillo y nuestro técnico va.
¿Cuánto creció en el último año?
Un 20% más que el promedio de los años anteriores. En 2011 anexamos algunas máquinas más y el alquiler se incrementó en un 20%. Nos fue bien con el motohormigonero, que costó imponer. Es una máquina que fabrica el hormigón y es manejada por un solo operario. Lo más frecuente es que se contraten a empresas que fabrican el hormigón, que van a la obra con una bomba y lo bombean a los pisos. Trajimos este equipo y chocamos con esta realidad. Las empresas nos decían "yo quiero la hormigonera chica y cuando tenga que hacer las planchas, los pisos, llamo a Cemento Artigas o Concresur y ellos lo bombean y me sale menos el metro". Nos preguntábamos cómo hacer para imponer esta máquina y le encontramos la vuelta porque estas empresas no van a obras del interior. Hoy tenemos ocho equipos en actividad y muchos vendidos.
¿Qué siente cuando ve estos equipos que costó imponer en las obras?
Mucha satisfacción (risas).