Las fusiones de empresas son lo más parecido a un matrimonio, y el fracaso en el noviazgo y el divorcio también ocurren en esta boda de negocios. "Se han hecho cientos de estudios para ver los resultados a largo plazo de las fusiones y la tasa de fracasos se sitúa entre el 50% y el 80%", dijo en su libro "¿Por qué fracasan las fusiones?" el profesor de Wharton, Robert Holthausen.
A pesar de esto, las cifras van al alza. En el mundo, en el segundo trimestre, las fusiones y adquisiciones globales llegaron a 33 y sumaron US$ 12.500 millones, muy por encima de las 24, que significaron US$ 1.100 millones, en los primeros tres meses del año, según datos de Thomson Reuters.
Las compañías se fusionan buscando mayor tamaño para tener más poder negociador, mejores centros de abastecimientos, cadenas de distribución y disminuir los costos. "Pero en general la experiencia estadounidense muestra que las economías de escala que se buscan las más de las veces no se logran", dice Eduardo de la Maza, abogado de Grasty Quintana Majlis & Cía.
poca información
Se anuncia la unión antes de tener claro quién es la pareja. Este es uno de los principales problemas y se debe a la insuficiente investigación que hace la empresa de la contraparte. Una vez que se fusionan las compañías aparece información, como distinta valoración de inventarios o sindicatos con demasiados beneficios en una de las compañías, que cambia la situación pactada. Hay una buena intención, pero no se llega a acuerdo.
"Las fusiones muchas veces se caen cuando se comienzan a tomar decisiones en un área chica, como quién se hará cargo de qué y luego se analiza el tema legal, financiero, laboral y ahí podría haber desacuerdos", explica el abogado Álvaro Bofill. Sin ir más lejos en julio, y tras dos años de negociaciones, fracasó la fusión de SQM, ligada a Julio Ponce Lerou, y Anagra, porque tenían una visión diferente del negocio. También, después de 7 meses de tratativas, no resultó la de Quintec y la brasileña Politec, ligada a Mitsubishi Corporation.
En estos acuerdos se necesitan aprobaciones de la autoridad antimonopolios, y a veces autorizaciones sectoriales, como de la Superintendencia de Bancos, que se pasan por alto. Este fue el caso de la anunciada fusión de D&S y de Falabella, que fue prohibida por decisión del Tribunal de la Libre Competencia. EL MERCURIO, GDA.