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Una economía en fase descendente de crecimiento dificulta el arraigo y crecimiento de las empresas jóvenes
La lista de empresas famosas fundadas en el curso de fases económicas descendentes es extensa y variada. Incluye a General Motors, AT&T, Disney y MTV, todas ellas fundadas durante recesiones. Un estudio del año 2009 concluyó que más de la mitad de las empresas incluidas en el ranking Fortune 500 habían comenzado durante una fase descendente o de mercado a la baja. Después de todo, una recesión podría no ser un momento tan malo para poner en marcha una empresa. En realidad, los colapsos (y los auges) arrojan una sombra más larga sobre el paisaje empresarial de lo que comúnmente se piensa, porque influyen tanto en la tasa de formación de empresas, como en la forma en que se gestionan las ya existentes.
Hay quienes sostienen que las recesiones aceleran el proceso de renovación económica productiva, lo que Joseph Schumpeter dio en llamar la "destrucción creativa". La parte de la destrucción es fácil de ver: la desaceleración mata los negocios, dejando vidrieras tapiadas en la calle principal como si fueran lápidas. Pero las recesiones también pueden estimular la creación de nuevos negocios.
Cuando de repente la gente tiene menos dinero para gastar, los empresarios inteligentes pueden ver una oportunidad para establecer negocios que les den lo que quieren más barato o de forma más eficiente. Las fases descendentes también pueden engrosar las filas de potenciales creadores de empresas, porque muchos de los que podrían haber buscado un salario estable se reinventarán como empresarios. Un estudio reciente de Robert Fairlie de la Universidad de California, Santa Cruz, encontró que la proporción de estadounidenses que comienza un nuevo negocio por mes es, en promedio, un 50% superior en las áreas metropolitanas donde el desempleo es de dos dígitos que en aquellos lugares donde está por debajo del 2%.
Por supuesto que una recesión es un momento difícil para empezar una empresa. El crédito es escaso. Los aspirantes a empresarios tienen además la desventaja de la caída del precio de los activos, ya que quizás querrían usar sus hogares como garantía de un préstamo para la puesta en marcha. A fin de cuentas, el hecho de que las desaceleraciones ayuden o perjudiquen a los empresarios dependerá de la potencia relativa de esos conjuntos de fuerzas opuestas.
Robert Fairlie comprobó que el acicate para la formación de empresas durante la última recesión en Estados Unidos cuando se agotaron otras oportunidades de empleo, superó la resistencia a la formación de empresas debida al desplome del mercado inmobiliario. Dicho esto, una economía contraída también dificulta el arraigo y crecimiento de las empresas jóvenes. Un estudio solicitado por la Fundación Kaufmann, una organización dedicada a estudios empresariales, sugiere que las noveles empresas que normalmente son las que sustentan el grueso de la creación de empleos en Estados Unidos, solamente agregaron 2,3 millones de empleos en 2009, en comparación con los 3 millones del año anterior.
Los tiempos difíciles no siempre impulsan a todo el mundo a comenzar un nuevo negocio. La gran mayoría de quienes llegan a la edad laboral durante una fase descendente sigue buscando un empleo. Pero la investigación sugiere también que las recesiones tienen efectos duraderos en la forma cómo los ejecutivos manejan sus negocios. John Graham de la Universidad de Duke y Krishnamoorthy Narasimhan de la PIMCO, una administradora de valores, concluyeron que los ejecutivos que habían vivido durante la Depresión, tenían tendencia a administrar sus empresas con niveles inferiores de deuda (el endeudamiento subía cuando los jefes de la época de la Depresión se jubilaban). En un nuevo estudio, Antoinette Schoar y Luo Zuo del Instituto Tecnológico de Massachusetts demuestran que las empresas conducidas muchos años después por quienes adquirieron su experiencia durante tiempos sombríos, cuando el dinero era escaso y los clientes difíciles de encontrar, son sistemáticamente diferentes a las administradas por directores cuyas experiencias de formación vienen de tiempos expansionistas, en que el crédito y el optimismo abundan.
Mediante una minuciosa disección de las carreras de más de 5.700 jefes de empresas que han estado en la lista de las 1.500 de S&P, Antoinette Schoar y Luo Zuo observaron que quienes comenzaron sus carreras de dirección durante un receso eran mucho más adversos al riesgo, se endeudaban menos y, en general, eran administradores más conservadores que el resto de la muestra, incluso décadas más tarde. Eso les parecerá a los críticos de las empresas sobre endeudadas como una noticia realmente buena, pero es difícil decir si este efecto es completamente benigno.
Los jefes cuyas carreras comenzaron en una recesión tienen también tendencia a estar tan preocupados por la eficacia en función de los costos, que las empresas que gestionan gastan menos en investigación y desarrollo. Pueden volverse demasiado conservadores: las empresas cuyo bautismo profesional tuvo lugar en una economía débil tienen menos retorno sobre los activos, que aquellas gestionadas por otros directores.
¿Por qué habría de ser así? Una posible explicación sería que las recesiones afectan la forma cómo la gente toma decisiones. Sin lugar a dudas los estilos de gestión son, en parte, el resultado de los tipos de problemas con que una persona ha tenido que lidiar. Incluso, los amantes del riesgo pueden terminar adoptando decisiones financieras más conservadoras en una economía débil. Si estas decisiones les sirven durante tiempos de vacas flacas, bien pueden concluir que la prudencia fiscal es una posición que vale la pena no abandonar en años de abundancia.
GENES DE LA RECESIÓN. Las fases económicas descendentes también canalizan a la gente hacia empleos diferentes a los que hubieran ingresado en otras circunstancias. Un estudio del año 2008 de Paul Oyer de la Universidad de Stanford concluyó que un número desproporcionado de graduados en maestrías de esa universidad rechazaba Wall Street durante los mercados a la baja. Quizás esto no sorprenda; ¿quién quiere un empleo en finanzas cuando el mercado se está viniendo abajo? Pero hay razones para creer que estas opciones tienen su influencia en el futuro lejano. Quienes comienzan sus carreras en tiempos de recesión son más libres y tienen menos ataduras que quienes lo hacen en tiempos de auge. Schoar y Zuo encuentran que el ejecutivo promedio marcado por una recesión es más propenso a ascender en el escalafón de una empresa que lo normal y menos proclive a cambiar de empleador o a pasar de un sector a otro.
El grupo de candidatos a los principales empleos de cualquier sector refleja las opciones hechas a principios de la vida laboral. No obstante, estas opciones no son solamente los resultados de las preferencias y capacidades como sería de esperar, sino también de las circunstancias económicas prevalecientes al momento en que empezaron a trabajar. Hayan comenzado en épocas de auge o de recesión, las empresas de la actualidad resultan profundamente afectadas por las vicisitudes del pasado.






