JULIO PREVE FOLLE
Cuando empiece la discusión del presupuesto, en el Ministerio de Ganadería se explicitará una lucha política sorda entre la gente del MPP y la actual orientación del ministerio, más afín a la figura del Cr. Danilo Astori y a la de su delfín en el MEF el Dr. Fernando Lorenzo. La llamada agricultura familiar y su atención preferente constituirán un duro campo de batalla. Ya lo era anteriormente, cuando el MPP estaba al frente del MGAP pero no del gobierno, ni de la conducción económica. Y lo es ahora que estando al frente del gobierno, no lo está ni de la conducción económica ni del MGAP.
LENGUAJE CONFUSO. En realidad, el concepto mismo de agricultura familiar es una categoría muy genérica que hace referencia a una condición de la explotación agropecuaria que intenta justificar acciones directas de los gobiernos. El término, acuñado por los organismos internacionales, incluye en él muchos grupos sociales latinoamericanos. En efecto, como agricultores familiares se entiende desde campesinos que viven en una economía de autoconsumo como por ejemplo en el norte argentino, a tenedores de tierra luego de una reforma agraria, a productores pequeños pero vinculados a la exportación como los algodoneros paraguayos en general pobres, o a productores pequeños pero no necesariamente pobres como muchos de nuestros granjeros y tamberos. Están allí productores vulnerables para quienes el comercio es una amenaza seria, y los hay para quienes representa la única oportunidad. Los hay propietarios de tierra o no, residentes en la explotación o fuera de ella, pobres o no tanto, con nivel cultural capaz de incorporar conocimientos o sin él.
En Uruguay no hay campesinos en el sentido latinoamericano del término, hay productores chicos no necesariamente pobres, pero los hay vulnerables por su incapacidad de modernizarse, o por insuficiencia de servicios que hacen la vida digna, o hasta por su edad; y están vinculados a rubros de exportación o de mercado interno. Se trata de poblaciones difíciles de atender con instrumentos idóneos, sin dilapidar recursos y sin contravenir normas de política general o acuerdos internacionales de comercio. La academia se entretiene discutiendo una definición de agricultura familiar para no decir lisa y llanamente productores dignos de atención pública. Copio una: "La agricultura familiar es un tipo de producción donde la unidad doméstica y la unidad productiva están físicamente integradas, la agricultura (en sentido amplio) es la principal ocupación y fuente de ingresos del grupo familiar, la familia aporta la fracción predominante de la fuerza de trabajo utilizada en la explotación, y la producción se dirige al autoconsumo y al mercado conjuntamente" (1). Esta definición no permite encontrar alguna forma fácil de administración y control de ayudas, ya que en ella caben productores pobres o no, en cualquier lugar, en múltiples rubros, etc. En algunos países como Brasil ocurre una coincidencia en cierto modo favorable y es que la mayoría de los productores vulnerables -llamémosle familiares- desarrollan rubros que se destinan al mercado interno y son poco competitivos. Por eso, para ayudarlos lo fácil es preservarlos del comercio como de hecho ocurre. Aquí es diferente ya que el comercio puede ser precisamente la única oportunidad de crecer.
POLÍTICA. En Uruguay y de modo poco serio, se ha llamado mediante una resolución del MGAP de la administración anterior, productor familiar al que realiza la actividad con hasta un máximo de dos empleados permanentes o su equivalente en zafrales; explota hasta 500 hectáreas con índice Coneat 100; conforma el ingreso principal a partir de la actividad agropecuaria; y vive en el predio o a no más de 50 kilómetros de él. Esto quiere decir que para el MGAP puede ser un productor familiar quien posee 1,5 millones de dólares de capital, o factura 500 mil dólares anuales. Por qué esta locura. La razón es política. En Brasil, dentro de lo que era su Ministerio de Agricultura, se creó el PRONAF (Programa Nacional de Agricultura Familiar) en el gobierno de Fernando Henrique. Luego, en el gobierno de Lula cobró vida propia y se transformó en el MDA (Ministerio de Desenvolvimento Agrario), parte del programa fome cero. Así, Brasil tiene hoy dos ministerios de Agricultura: el MAPA, que es el ministerio del agronegocio, y el MDA que es el de, llamémosle mal, los pobres rurales. Esto lleva por ejemplo a que en la OMC el MAPA tenga posturas ofensivas en materia de comercio agrícola, como corresponde a uno de los primeros exportadores mundiales, y el MDA las tenga defensivas tratando de evitar el ingreso de productos competitivos con los que genera su agricultura familiar.
MÁS GASTO. Aquí se sigue un camino parecido: ya se creó la Dirección General de Desarrollo Rural, ocupada por el MPP en oposición al llamado agronegocio. En ella están las posturas más favorables a todo lo que sea ideología: sobre la tierra, los transgénicos, la soja, los tributos al comercio exterior, los frenos a éste. Allí se concentra todo lo vinculado a las llamadas políticas diferenciadas en favor de la agricultura familiar que, en general, se oponen a las medidas de promoción de lo que podemos llamar el agronegocio. Como se trata esta Dirección General de uno de los pocos reductos que le quedan del MGAP al MPP, su vocación de crecimiento en el presupuesto será máxima. Para ello señalará que casi la mitad de los productores son familiares y por tanto que constituyen su ámbito de acción. Pero en realidad y como ya lo señalé, esa cuantificación procede de una caracterización que nada tiene que ver con la vulnerabilidad social, la que hace a algunos productores titulares del esfuerzo colectivo. Ellos no se vinculan a un rubro concreto, o a una determinada extensión territorial, y hay que encontrarlos más bien en el análisis del ingreso, empleo y condiciones de vida de hogares rurales, que poco tienen que ver con la producción mal llamada familiar.
Esperemos que la lucha sorda de grupos políticos no enfrente al agronegocio con la agricultura familiar, como si pudieran ser titulares de políticas diferentes, de posturas internacionales distintas, de institucionalidades paralelas u opuestas, porque si bien hay productores vulnerables, la agricultura es una sola, su política de precios única, su inserción externa también, su obligación de cumplimiento de reglas idéntica.
(1) Tendencias y papel de la tecnología en la agricultura familiar del MERCOSUR, Echenique Jorge, PROCISUR 1999.