Golpe de estado en la minera Vale

| El gobierno podría presionar al directorio a invertir en negocios menos rentables, tales como fábricas de acero o astilleros

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Un cambio en la cúpula de Vale, la mayor empresa productora de mineral de hierro del mundo, ha sido la primera medida de relevancia del gobierno izquierdista de Dilma Rousseff para controlar a una de las principales compañías brasileñas. Esto refleja una política industrial diseñada para crear "campeones nacionales" (N.del R.: Un tipo de empresa que, por su excelencia y calidad en muchos aspectos, sea el orgullo del país y de su gobierno) e influenciarlos para que inviertan y fabriquen productos con mayor valor agregado en vez de exportar básicamente materias primas. Hoy preocupa que esa política pueda socavar la independencia operativa de empresas como Vale y que esa estrategia intensifique el nacionalismo.

Vale, la mayor empresa brasileña después de la compañía estatal Petrobras, tiene ingresos de US$ 46.000 millones anuales. Fue privatizada parcialmente en 1997, habiendo quedado el Estado con una participación mayoritaria a través del Banco Nacional de Desarrollo Económico y Social (Bndes) y de los fondos de pensión estatales. Bradesco, una institución financiera privada que es socia minoritaria, se encarga de la administración de Vale mediante un acuerdo de los accionistas que designó a Roger Agnelli, un ex banquero de esa firma, como presidente hace diez años.

DESTITUCIÓN. Aunque el gobierno no tiene atribuciones para intervenir directamente en la toma de decisiones estratégicas de Vale, sí está habilitado para vetar o promover un cambio en el control de la empresa. Esto es precisamente lo que ha ocurrido últimamente. El 1º de abril Vale anunció la partida de Agnelli. Las tensiones entre este y la administración de Luiz Inácio Lula da Silva habían aumentado en años recientes ya que, entre otras demandas, el gobierno quiere que Vale procese más mineral de hierro en Brasil. Ha trascendido que el ministro de Hacienda, Guido Mantega, que también fue titular de esa cartera en el gabinete de Lula, presionó directamente para que Agnelli fuera destituido.

A principios de marzo la mayoría de los accionistas propusieron que Agnelli fuera sustituido por Murilo Ferreira, un veterano en la empresa donde ejerció varios cargos de relevancia durante treinta años antes de retirarse en 2008 para crear un fondo de administración de activos. Lo que diferencia a Ferreira de Agnelli es que se cree que está más cercano al pensamiento del equipo de Rousseff y que, probablemente, resista menos las presiones para utilizar a Vale como buque insignia de las políticas oficiales de desarrollo industrial.

Al gobierno de Dilma le gustaría que Vale invirtiera más, creara más empleos en el país y que diversificara su producción hacia el acero, la construcción de barcos y los fertilizantes. Hoy la empresa extrae mineral de hierro y otros minerales básicos y tiene poca especialización en el procesamiento o manufactura de productos finales. En consecuencia, Vale exporta mayoritariamente a China, que es el principal consumidor mundial de mineral de hierro. Bajo la presidencia de Agnelli, la empresa también enfocó su estrategia de inversiones en el exterior, habiendo comprado a Inco, una minera canadiense de níquel, y mirado con interés a la suiza XStrata para una eventual adquisición.

COMMODITIES. Los acontecimientos recientes reflejan en parte una mayor preocupación de que Brasil se vuelque demasiado hacia las exportaciones de commodities, especialmente a China. A los políticos también les preocupan los riesgos crecientes de una desindustrialización, ya que los fabricantes brasileños encuentran cada vez más dificultades para competir tanto en el mercado interno como en el exterior, debido a la fortaleza que exhibe el real y los precios más baratos de los productos chinos. Como el gobierno procura que Brasil exporte más bienes manufacturados, sobre todo a China, es factible que este tema se trate durante el viaje de la presidenta Rousseff a Beijing.

Los esfuerzos del gobierno brasileño para asegurarse un mayor control de Vale no comenzaron con la actual administración. Esta política se inició bajo la presidencia de Lula y se intensificó cuando los precios de los commodities se dispararon, elevando la rentabilidad de la extracción de mineral de hierro. Durante su mandato, Lula trató infructuosamente de destituir a los directores y redireccionar la estrategia inversora de la empresa. Fue muy crítico cuando Vale despidió a unos 2.000 trabajadores como respuesta al impacto de la crisis financiera internacional y se quejó de que la compañía no invertía lo suficiente en el país, especialmente en proyectos para producir acero. Incluso, urgió a Vale que comprase barcos construidos en Brasil para transportar el mineral de hierro a los mercados de ultramar. Sin embargo, Agnelli resistió durante muchos años los embates del gobierno de Lula para influenciar la dirección de la empresa.

INTERFERENCIA. En aquella época, Dilma Rousseff como jefa del gabinete presidencial era una de las autoridades oficiales que, se decía, ejercía más presión sobre Vale. Por lo tanto, no sorprendió que el nuevo equipo económico haya vuelto a la tarea de asegurar un mayor control de la compañía para convertirla en un motor para el desarrollo económico. Esto ha generado preocupación porque el gobierno podría empujar a Vale a invertir en negocios que no son estrictamente de su especialidad, tales como la instalación de plantas de acero o astilleros en Brasil. Actualmente, la empresa está siendo presionada para que participe en el controversial proyecto de construcción de la represa hidroeléctrica de Belo Monte en la selva amazónica.

El episodio de Vale ha vuelto a despertar temores acerca de la interferencia del gobierno en la industria privada. Los inversores y los ejecutivos están consternados por la destitución de Agnelli y, en particular, la designación a dedo de un sucesor, habiendo trascendido que Murilo Ferreira fue elegido personalmente por la presidenta Rousseff. La relación de Vale con el gobierno indudablemente va a mejorar, pero existe el riesgo de que la independencia del presidente del directorio ya esté comprometida.

Fuente: Traducido de Business Latin America (EIU)

Petrobras es el modelo

El modelo para el control de las industrias estratégicas parcialmente privatizadas es Petrobras, que está controlada por el Estado pero que opera en el mercado bursátil. En los últimos años, el gobierno ha incrementado sus prerrogativas en Petrobras, especialmente luego que se encontraron grandes reservas petrolíferas en las profundidades submarinas.

La legislación aprobada el año pasado impuso el control estatal de la exploración y producción de los yacimientos petrolíferos en la capa del "pre-sal", restringiendo el rol de los socios privados. Y como parte de la capitalización de Petrobras efectuada en septiembre pasado, el Estado aumentó su participación accionaria del 40% al 48%.

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