PAULO LEVY | DESDE RIO DE JANEIRO
A partir de febrero de este año, la economía mundial comenzó a esparcir desequilibrios aislados que se manifestaron en lugares tan dispares como Dubai y Grecia. Si bien en el correr de marzo hubo una reversión de la inestabilidad, en abril la crisis retornó con más intensidad, extendiéndose desde Grecia a otros países europeos -Portugal, España, Irlanda e Italia, principalmente- al punto de cuestionar la existencia misma del euro. Desde entonces, la crisis europea se viene manteniendo como factor dominante para el desempeño de la economía global. Esta realidad contrasta con las señales cada vez más nítidas de que había en curso un proceso de recuperación que, aunque desigual, se caracterizaba por la recuperación gradual de la demanda, de la producción y de la confianza, tanto de los consumidores como de los empresarios. Ese proceso, aunque más intenso en los países emergentes, también se venía dando en Europa, en Estados Unidos y en Japón.
Es importante tener una idea clara de la dimensión de la crisis actual. La inestabilidad siguió siendo elevada aún después del anuncio de un paquete de apoyo financiero de la Unión Europea (UE) a los países con problemas de déficit y de deudas en un volumen que puede alcanzar el billón de dólares (US$ 750 mil millones de la propia UE y US$ 250 mil millones del FMI). Ni siquiera el compromiso del Banco Central Europeo (BCE) que, apartándose totalmente de sus características decidió adquirir títulos de países con dificultades financieras para el refinanciamiento de sus deudas, parece haber sido suficiente para calmar los mercados. Si bien la crisis no es del mismo porte que la desencadenada por la quiebra de Lehman Brothers en septiembre de 2008, sin duda se revela como un poderoso after shock.
Entre las cuestiones que contribuyen a mantener a los inversores internacionales en estado de alerta están: las dudas sobre la solvencia de algunos países europeos en los que los niveles de los déficits fiscales y de las deudas son particularmente elevados; si Europa está suficientemente unida como para disipar el pánico que cundió en los mercados; si el euro será capaz de sobrevivir a la crisis; cuál será el alcance de la actuación del BCE en la adquisición de deudas de los países más vulnerables, y cuál será el grado de exposición del sistema bancario internacional pero -en especial, del europeo- a esos países más vulnerables. El problema central parece derivar de la percepción negativa que los inversores tienen de la dinámica de la deuda en esos países. El ajuste fiscal necesario para que los países más vulnerables recuperen la confianza puede conducir a un proceso recesivo y deflacionario que torne al ajuste todavía más doloroso, eventualmente volviendo insostenible a la propia deuda en la medida en que no se reduzcan las primas por riesgo y el costo de la refinanciación.
POSIBLES EFECTOS. Dentro de esa perspectiva de fuerte desaceleración del crecimiento y de inestabilidad financiera a escala mundial se pueden analizar los posibles efectos de la actual crisis sobre el Brasil. Así como a mediados de 2008 se hablaba de decoupling -es decir, de la desconexión de los países emergentes, que estaban creciendo en forma acelerada respecto de los países industrializados en que la crisis ya se manifestaba de forma clara-, ahora vuelve a surgir el tema del impacto de la actual inestabilidad sobre esos países y sobre su capacidad de mantener la recuperación en curso. También, y al igual que entonces, se argumenta que el hecho de que las economías emergentes estén creciendo en forma vigorosa, en cierta manera las volvería inmunes a la volatilidad internacional. En realidad, la respuesta depende de varios factores pero, a partir del ejemplo de la experiencia de 2008, parece poco probable que no vayan a verse afectadas por el agravamiento de la crisis.
Es cierto que los países emergentes, y Brasil en particular, presentan una posición mucho más sólida que la de los países vulnerables de Europa respecto de los indicadores que normalmente se utilizan para evaluar la sostenibilidad de su endeudamiento. Como consecuencia de un importante esfuerzo de reducción de sus pasivos, sus relaciones deuda/PIB están en niveles mucho más cómodos que hace diez años; los ajustes del pasado redundaron en déficits fiscales relativamente controlados, y la dinámica del crecimiento se apoya cada vez más en un mercado interno en ampliación, lo que está garantizando tasas de expansión elevadas. Por ello, los países emergentes y Brasil se verían poco afectados por la crisis, en la medida en que mantengan indicadores sólidos para el déficit fiscal y una trayectoria sostenible para la deuda pública.
A CONSIDERAR. No obstante, existen tres canales por los que la crisis europea podría afectar negativamente la economía brasileña. El primero deriva de la mayor aversión al riesgo en los mercados financieros internacionales, lo que se viene traduciendo en una reducción de los flujos de capital hacia la economía brasileña justo en un momento en que, dado el fuerte ritmo de crecimiento, los déficits en cuenta corriente de la balanza de pagos comienzan a crecer rápidamente. En el año móvil hasta abril, el déficit en cuenta corriente fue de US$ 36 mil millones, el equivalente al 2% del PIB, el valor más elevado desde octubre de 2002. No existe riesgo inmediato, la balanza de pagos sigue siendo superavitaria y las reservas internacionales son de US$ 250 mil millones y siguen en aumento. Sin embargo, los flujos de capital pasaron a concentrarse en operaciones de renta fija, ante el aumento del diferencial de intereses interno-externos, mientras que los flujos para inversiones en renta variable en la bolsa de valores de San Pablo se invirtieron, volviéndose negativos.
Un segundo canal sería el de la liquidez del sistema bancario nacional, especialmente por la reducción del financiamiento externo a los bancos de pequeño y mediano tamaño. Ese efecto fue importante en el último trimestre de 2008 y, aunque no se tengan pruebas de que esté ocurriendo nuevamente, incluso porque todavía no se ha observado una retracción del crédito ni un aumento de los spreads en el mercado financiero que están muy lejos de los de 2008, puede llegar a ser un factor que conduzca a la retracción del crédito interno y, por ende, a una desaceleración de la actividad económica.
Por último, un tercer canal por el que la economía brasileña podría sentir el impacto de la crisis sería el del comercio internacional. La UE representa el 20% de la economía mundial y absorbe el 22% de las exportaciones brasileñas. Eso significa que, aun cuando los países emergentes mantuvieran tasas de crecimiento relativamente altas, Europa podría reducir el crecimiento mundial y así afectar, entre otras cosas, los precios de los commodities. En este sentido, es importante destacar que el comportamiento del comercio exterior brasileño en el inicio de 2010 estuvo muy apoyado por el comportamiento de los precios de las exportaciones, que avanzaron 15% en los cuatro meses del año en relación con igual período del año pasado. A su vez, las cantidades exportadas crecieron solamente el 8,5%, cifra insuficiente para hacer frente a la fuerte tasa de expansión de las importaciones que, en cantidad, crecieron más del 40%. Los términos de intercambio hasta abril, en el promedio de los doce meses anteriores, ya superaron el registro de 2008, el mejor de la serie hasta entonces. Si la probable desaceleración del crecimiento de Europa llevara a una baja de los precios de los commodities -efecto que tiende también a reforzarse como consecuencia de la valorización del dólar estadounidense- la reducción de los saldos comerciales y el consecuente aumento de los déficits en cuenta corriente podría ser mucho mayor de la que ya está siendo observada para el período enero-abril de este año: superávit de US$ 2.200 millones comparado con los US$ 6.600 millones de 2009.
CONCLUSIÓN. Brasil no dejará de sentir los efectos de la actual crisis centrada en los países más vulnerables del bloque europeo. No obstante, está más preparado para enfrentar los problemas generados en el sector externo, además de partir de una situación en que goza de una percepción favorable en cuanto a su capacidad de respuesta, acumulada a partir de la crisis de 2008. Al igual que entonces, la reacción de la economía brasileña dependerá de la evolución del precio de sus exportaciones y, en ese sentido, el comportamiento de China será una de las variables críticas para determinar su desempeño.
Economía & mercado
luz xxxxxx
Loxxxxxx