No hay muchos aspectos positivos ante la posibilidad de un incumplimiento de los pagos de la deuda de Estados Unidos. Sin embargo, debo reconocer que ha existido un elemento de alivio cómico -similar al humor negro- en el espectáculo de tanta gente que ha estado en la negación y repentinamente, despierta y detecta la locura.
Todo parece indicar que diversos comentaristas están en shock ante lo irrazonables que están siendo los republicanos. "¿Se ha vuelto loco el Partido Republicano?", preguntan.
Pues claro, así es. Sin embargo, no es algo que acaba de ocurrir, es la culminación de un proceso que ha estado en marcha por décadas. Cualquiera que haya sido tomado por sorpresa por el extremismo e irresponsabilidad que están de manifiesto actualmente, no ha estado poniendo atención o ha estado haciendo la vista gorda deliberadamente.
Y pudiera decirles a aquellos que sufren repentinamente por la salud mental de uno de nuestros dos partidos principales: personas como ustedes conllevan una parte de la responsabilidad por ese estado actual del partido.
Hablemos por un momento acerca de lo que están rechazando los dirigentes republicanos.
El Presidente Barack Obama ha dejado en claro que está dispuesto a sumarse a un acuerdo para reducir el déficit que, sobre todo, conste de reducciones al gasto, amén que incluya reducciones draconianas a programas sociales que son clave, incluyendo hasta un aumento a la edad de elegibilidad para el programa de salud Medicare. Estas son concesiones extraordinarias. Como destaca Nate Silver del New York Times, el presidente ha ofrecido acuerdos que están muy a la derecha de lo que prefiere el elector promedio de Estados Unidos; de hecho, en cualquier caso, ¡están un poco a la derecha de lo que prefiere el promedio de los electores republicanos!
Sin embargo, los republicanos se están negando. De hecho, están amenazando con obligar a un impago de Estados Unidos, y crear una crisis económica, a menos que obtengan un trato totalmente a su favor. Y esto era totalmente predecible.
Primero que nada, el Partido Republicano, conocido como GOP, fundamentalmente no acepta la legitimidad de una presidencia demócrata, cualquier presidencia demócrata. Vimos eso bajo el Presidente Bill Clinton, y lo vimos de nuevo tan pronto como Obama asumió el cargo.
Debido a esto, los republicanos se oponen automáticamente a cualquier cosa que quiera el presidente, incluso si ellos han apoyado propuestas similares en el pasado. El plan de salud de Mitt Romney se convirtió en un tiránico embate sobre la libertad de Estados Unidos cuando fue puesto en marcha por ese hombre en la Casa Blanca. Y la misma lógica se aplica a los tratos propuestos sobre la deuda.
Digámoslo de esta manera: Si un presidente republicano hubiera logrado obtener el tipo de concesiones sobre Medicare y el Seguro Social que Obama está ofreciendo, se habría considerado un triunfo de los conservadores. Pero cuando esas concesiones vienen condicionadas a incrementos menores en los ingresos, y lo más importante, cuando vienen de un presidente demócrata, las propuestas se convierten en planes inaceptables para chuparle la vida a la economía estadounidense con impuestos.
Más allá de eso, la economía del vudú ha tomado control sobre el GOP.
El vudú de la economía del lado de la oferta -en la cual se alega que las reducciones fiscales se pagan solas y/o que cualquier aumento de impuestos conduciría al colapso económico- ha sido una poderosa fuerza dentro del GOP desde que Ronald Reagan acogió el concepto de la curva Laffer. Sin embargo, el vudú solía estar contenido. El mismo Reagan promulgó seis considerables aumentos de impuestos, compensando en buena medida sus primeras reducciones.
Incluso la administración del ex Presidente George W. Bush se abstuvo de ofrecer extravagantes alegatos sobre la magia de las reducciones fiscales, cuando menos, en parte, por temor a que lanzar esos alegatos habría generado interrogantes con respecto a la seriedad de la administración.
Pero, en fechas recientes, todo autocontrol se ha evaporado; de hecho, ha sido desterrado del partido. El año pasado Mitch McConnell, el líder de la minoría en el Senado estadounidense, afirmó que las reducciones fiscales de Bush efectivamente habían incrementado los ingresos -afirmación totalmente en contra de la evidencia- y también declaró que esa era "la opinión de prácticamente cada republicano con respecto a ese tema". Y es cierto: incluso Romney, considerado ampliamente como el más sensato de los contendientes por la nominación presidencial de 2012, ha aprobado la opinión en cuanto a que las reducciones fiscales de hecho reducen el déficit.
Lo cual me lleva a la culpabilidad de aquellos que apenas ahora están haciendo frente a la locura del GOP.
Este es el punto: Quienes están dentro del GOP y tuvieron dudas con respecto a aceptar de buena gana el fanatismo de las reducciones fiscales pudieran haber presentado una posición más firme si hubiera existido indicación alguna de que ese fanatismo tenía un precio a pagar, si personas ajenas hubieran estado dispuestas a condenar a aquellos que asumieron posturas irresponsables.
Sin embargo, no ha existido dicho precio. Bush dilapidó el superávit de los años finales de Clinton, pero expertos prominentes pretenden que los dos partidos políticos compartan la misma responsabilidad por nuestros problemas con la deuda. El representante Paul Ryan, quien preside el Comité Presupuestario de la Cámara de Representantes, propuso un supuesto plan de reducción al déficit que incluía enormes recortes fiscales para corporaciones y los ricos, recibiendo después un premio por responsabilidad fiscal.
Así que ha sido inexistente la presión sobre el GOP para que muestre algún tipo de responsabilidad, o siquiera racionalidad; y claro, ha saltado al profundo abismo. Si usted siente que esto lo tomó desprevenido, eso significa que usted formó parte del problema. THE NEW YORK TIMES