JUAN SÁNCHEZ
Discrepamos con la frase "una idea vale cuando se encuentra con la energía y la habilidad para concretarla", pero el Presidente parece empeñado en convencernos que su autor tenía razón. De hecho, ya son varias las iniciativas que se han planteado y que han quedado por el camino.
Si hay un período en el cual aún no se han concretado cambios sustantivos es el presente. En el Gobierno de Vázquez tanto la Reforma Tributaria como la de la Salud tienen varios de los componentes que se requiere para cambiar la realidad desde la gestión del Estado.
No obstante ello, estas reformas han cedido a la tentación de hacer cambios que favorecen los intereses del Gobierno y de los propios jerarcas y son funcionales a la acumulación de recursos y la concentración de poder, pero no tanto al interés colectivo.
El tiempo transcurrido desde que se implantaron estos cambios ha sido suficiente para acompasarlos con reformas en los servicios públicos (Seguridad, Salud, Educación y varios otros).
El lado más negativo de estas reformas ha sido el no haber hecho cambios en la gestión a partir de recursos crecientes, evitando la discrecionalidad, los favoritismos, los abusos de poder y también la corrupción, soslayando la mejora de la eficiencia y de la asignación de recursos. Son muchos los problemas y los errores como para estar conformes, menos aún cuando el Poder Ejecutivo se ha hecho mucho más eficaz en perseguir y recaudar.
POSITIVO. Más allá de las críticas recibidas, los recientes cambios promovidos por Mujica en su Gabinete los interpretamos como una señal positiva, que refleja cierta disconformidad con lo logrado hasta ahora por su administración y cierta conciencia de la necesidad de cambios. Si se concretarán o no, de acuerdo a los antecedentes, es muy difícil de advertirlo.
Otra señal positiva (en principio) es la reciente aprobación de la Ley de Participación Público Privada. Sus efectos reales serán cosa de los próximos años, en los cuales se podrá realizar una evaluación objetiva.
Algunos sostienen, especialmente la Corporación Nacional para el Desarrollo (CND), que viabilizará la concreción de llamados a licitación de obras públicas, entre otros para la construcción de cerca de 2.000 quilómetros de rutas. Un importante e influyente asesor político de Vázquez había expresado algunos días antes que si en los próximos años Uruguay no invertía U$$ 2.500 millones en obras y rutas, productos uruguayos como granos y madera no se podrían sacar y agregaba (fundamento repetido por varios jerarcas de peso) que esto solo se podía hacer con la participación de los privados.
Sin poner en duda esta grosera estimación, aprobar una ley de inversión pública que habilita más participación privada como justificativo de haber postergado la inversión en Infraestructura durante más de 25 años es inaceptable y un mal punto de partida.
FUGA. En un informe reciente del diario El País sobre inversiones públicas del primer semestre del 2011, se reporta que al mes de junio el Ministerio de Transporte y Obras Públicas (MTOP) había ejecutado apenas un 20% de los más de $ 6.000 millones previstos y que, por otra parte, la disminución de recursos totales fue del 30% en este Ministerio, en un contexto en el que el rezago es ya inobjetable.
A mediados de la década pasada se había producido la mayor de las transformaciones de la gestión del MTOP en los últimos tiempos, con lo que no era una traba institucional la que impedía mantener o desarrollar la infraestructura, sino un tema de recursos y de prioridades.
Solo una década antes la situación se mostraba más dramática. Como ejemplo de ello, una licitación para un programa nacional de mantenimiento de caminos rurales ganada por una consultora francesa a mediados de los noventa fue abortada; se trataba apenas de una primera etapa para el diseño normativo, institucional e instrumental que iba a permitir diseñar la ingeniería básica institucional para el mantenimiento de rutas y caminos. La responsabilidad de dos gobiernos de distinto signo político llevó, primero, a una dilación por mala gestión y, finalmente, a la decisión política de abortar el proyecto sin justificación aparente.
Si se repite la misma lógica de gestión desde el más alto nivel jerárquico, ahora de la CND o de la Corporación Vial o del MTOP se va a volver a recrear un problema que en última instancia y en cualquier caso es responsabilidad del Presidente y de su Gobierno.
POLITOLOGÍA. El politólogo Luis Eduardo González en una reciente presentación para una consultora de plaza ensayó algunas hipótesis que me resultaron inquietantes, aunque no novedosas, ya que eran consistentes con otros planteos realizados anteriormente.
Sobre la base de una encuesta propia presentó las siguientes conclusiones: el Dr. Vázquez en la comparación con el Presidente Mujica lleva una ventaja sustantiva en la consideración de la opinión pública y la actual conducción económica detenta un liderazgo, reputación y solvencia, además de peso político en el Gobierno que están fuera de discusión; en definitiva, no se contaminó de la caída de aprobación que sufrió Mujica en los últimos meses. Según nuestra interpretación, el experto expresó que admitir una fractura de esta hegemonía liderada por el eje Vázquez-Astori-Lorenzo en el partido de gobierno abriría la puerta a un fracaso electoral en el año 2015.
Los sindicatos y sus representantes, luego de mucho tiempo, han comenzado a asumir responsabilidades parlamentarias y jerárquicas en el ámbito del Estado, ¿no será el turno de que los politólogos comiencen a recorrer el mismo camino?
De hecho, la Lic. Constanza Moreira con una importante trayectoria académica, cumple funciones en el Senado. Este es, sin duda, un camino de transparencia y honestidad intelectual.
Algunos analistas parecen dar por laudadas cuestiones que los economistas en realidad no hemos resuelto. De hecho, en algunos trabajos de José de Gregorio en Chile se sostiene que la actual recesión a nivel mundial ha arrojado dudas sobre el trabajo de los macro economistas, la utilidad de sus teorías y su capacidad para anticipar y hacer frente a las crisis y que, a pesar de que las crisis son impredecibles, es necesario la búsqueda de instrumentos para prevenir su impacto (1).
El Reino Unido es un ejemplo donde es posible encontrar frecuentes cambios de orientación. Una interpretación es el pragmatismo inglés y seguramente algo de esto hay. Otra interpretación menos indulgente destaca que la política económica británica ejerce muy poca influencia real sobre la actividad económica concreta y que se limita a sufrir las presiones de la posición externa de la libra esterlina.
Algunos sostienen desde hace mucho tiempo que hay una relación inversa entre las tasas de crecimiento de la economía y el saldo de la cuenta corriente del balance de pagos, de tal modo que cualquier política duradera de expansión resulta imposible (2).
Como una similitud más con nuestra realidad, algunos autores han planteado que el rechazo de los sindicatos a las exigencias de la sociedad industrial liberal hace que el capitalismo inglés solo con dificultades pueda soportar la competencia externa con otros mercados y que, como consecuencia de ello, no es extraño que se plantee la cuestión de la elección del régimen económico por adoptar.
Algo de esto está presente en el Uruguay hoy y no ha sido resuelto ni dentro ni fuera de la izquierda y menos en el ámbito de la academia, aunque algunos optimistas y unos cuantos ortodoxos sostengan lo contrario.
En el Uruguay no hay imprescindibles, lo que sí hay son temas reales a solucionar: reformar el Estado, mejorar la gestión y la asignación de recursos, cambiar la estructura del gasto y otros, en lugar de seguir fortaleciendo la DGI, hacer colocaciones de letras y bonos y ningunear al Presidente.
(1) Macroeconomía, Economistas y Crisis, De Gregorio, José, Banco Central de Chile, 2009.
(2) Ver Delfaud, Gerard, Nueva Historia Económica Mundial SS. XIX y XX. Barcelona, 1984.