Mens sana en corporación sana

| Al igual que lo que ocurrió con la salud física, las empresas prestan más atención al bienestar psicológico de sus trabajadores

 20110320 800x530

Los chequeos anuales y programas de bienestar de las compañías se han convertido en parte familiar del panorama corporativo. Más de la mitad de las compañías más grandes estadounidenses ofrece asesoramiento para dejar de fumar y combatir la flacidez. Más de un tercio tiene gimnasio. Algunas han rebautizado sus comedores como "centros nutricionales".

IBM se encuentra entre una gran cantidad de firmas que ofrecen a los trabajadores incentivos financieros para alentarlos a perder peso y hacer ejercicio. AstraZeneca ha instalado cintas para caminar en sus oficinas. Otras dan sesiones de masajes.

Las compañías ahora tocan un área potencialmente preocupante: la salud mental de sus empleados. Compañías como BT Rolls-Royce y Grant Thornton han introducido programas de salud mental. Estos van desde capacitar a los gerentes para que detecten problemas hasta la rehabilitación de quienes sufren crisis. Un número creciente de consultoras boutique, como Corporate Psychology y Mental Fitness, también están ofreciendo mejorar el bienestar mental de los trabajadores.

La moda es impulsada por procesos simultáneos en dos áreas, por lo general diferentes y separadas: el cuidado de la salud y la teoría del Management. Tanto médicos como gurúes pueden citar estadísticas convincentes. El Centro Sainsbury para la Salud Mental estima que un sexto de la fuerza laboral británica sufre de depresión o estrés, y que la mala salud mental cuesta a los empleadores británicos casi U$S 26.000 millones al año. Estudios estadounidenses sugieren que el "presentismo" (por el que los heridos que caminan van a trabajar pero no contribuyen) cuesta el doble que el ausentismo.

Hasta ahora, esta tendencia es más marcada en los niveles más altos de las firmas. Grant Thornton hace que sus socios participen de un programa de dos días organizado por Positive Health Strategies, una compañía de Londres. Parte de este programa se dedica a cosas conocidas, tales como el ejercicio y la dieta sana. Pero también analiza el bienestar psicológico de la gente y ofrece consejos para "optimizar el desempeño" y "mantenerse positivo bajo presión".

¿Qué se debe pensar del nuevo interés del mundo corporativo en promover la salud mental? Sin duda, la depresión y la ansiedad pueden afectar seriamente la productividad, y las compañías son responsables de una parte del estrés. Detectar los problemas psicológicos desde el comienzo puede evitar que se compliquen. BT informa que sus programas han reducido los niveles de ausentismo por enfermedad mental en un 30 por ciento.

Todo esto suena prometedor. Pero de todos modos hay aspectos preocupantes. El primero de ellos es que promover el bienestar psicológico pasa por encima de una frontera importante entre lo público y lo privado, y plantea interrogantes incómodos. ¿Las compañías deben meterse en la vida emotiva de la gente? ¿Se les puede confiar la información sobre el tema? ¿Los trabajadores psicológicamente frágiles deben confiar en gente que trabaja para sus empleadores en vez de en sus médicos personales? Los trabajadores temen, con razón, que las compañías usen la información en sus evaluaciones anuales.

Una segunda preocupación es si el movimiento de bienestar mental tiene bases científicas. Una frase tal como "adecuación mental" atraerá charlatanes y vendedores de aceite de serpiente. Warren Bennis, de la Universidad de California del Sur, señala que la nueva "ciencia" de neuroliderazgo está "llena de banalidades". Otra gente es menos amable. El mayor problema del movimiento está en el supuesto de que promover el bienestar psicológico es axiomáticamente tan bueno como alentar el bienestar físico. Una cosa es ayudar a la gente a responder a problemas serios cuando aparecen. Otra es tratar de promover algo que no puede definirse fácilmente, no se hable ya de manejar.

Pocos dudarían de que la buena salud física favorece la productividad; pero no es evidente que una actitud mental positiva es buena para un trabajador o su producción: la historia muestra que gente con dificultades para adecuarse ha contribuido mucho más a la creatividad que los optimistas entusiastas. Además, el mal humor se puede decir que es una manera racional de responder a un mundo imperfecto, en vez de una señal de inadaptación mental. Las compañías que se dedican a promover esas etéreas "actitudes positivas" pueden terminar causándose daño, además de meterse en lo que no es asunto suyo.

¿Encontraste un error?

Reportar

Te puede interesar