La comunidad frente al riesgo ajeno

JORGE CAUMONT

Cuando en la década de los años setenta comprábamos juguetes, todavía se fabricaban en Japón. Más adelante en la misma década y en los ochenta, los juguetes pasaron a tener otros orígenes: Hong Kong, Taiwán y Corea del Sur, tres de los famosos "tigres asiáticos". Desde fines de los noventa y principios de este siglo en general los juguetes son fabricados en China.

La globalización creciente con el paso del tiempo y una mayor libertad del comercio de mercaderías, que es uno de los factores que la impulsa, se han encargado por un lado, de ir igualando retribuciones de trabajadores ajustadas por productividad y también las ganancias de empresarios, en ambos casos entre los países vendedores y compradores. Es por esa igualación de retribuciones de factores productivos que las inversiones cambian de lugar buscando mejor rentabilidad. No debemos sorprendernos si, en cierto lapso, la fabricación de juguetes, como la de otros productos como los textiles que han seguido la misma secuencia de lugares de origen que los juguetes, pasa de China a Vietnam, a Indonesia, a Camboya, a Bangladesh o a otros países similares, tal vez incluso a algunos de África, de los cuales Egipto sería el primero.

OTRO CASO. Hacia el final de la década de los setenta y durante la de los ochenta, Uruguay tenía problemas con Estados Unidos porque sus exportaciones de textiles, de vestimentas de cuero y de otros productos con esos materiales recibían en nuestro país reintegros de impuestos a sus exportaciones que se constituían en significativos subsidios. Para los norteamericanos eso era una práctica de comercio desleal que, probada, daba lugar a aranceles compensatorios. La defensa que nuestros empresarios lograban hilvanar para anteponer a la ofensiva con gravámenes compensatorios que pondría el Departamento de Comercio norteamericano, era que la competencia en Corea del Sur, pagaba poco a sus trabajadores que "trabajaban todos los días, 24 horas por día los 365 días del año".

Se trataba de algunas producciones uruguayas similares a las que hoy tienen problemas para ingresar a Argentina y en algún caso a Brasil. Hoy Corea ya no fabrica textiles, ni los otros productos citados, debido a su evolución productiva impulsada por la caída de su competitividad en esos artículos al subir los costos salariales y pese al aumento de la productividad de sus obreros. La disminución de la ganancia de los inversores por el aumento del costo salarial les ha llevado a levantar esas inversiones y ubicarlas en otros países. En su lugar, en Corea crecieron inversiones en otros sectores entre los que se destaca actualmente la que hay en la producción de automóviles y maquinaria y equipo de alta tecnología. Lo que Corea del Sur dejó de producir lo recogió China y, seguramente la más grande nación asiática dejará de ser productora textil con el correr del tiempo, pasando esos artículos a ser elaborados por otros países.

EL PROTECCIONISMO. La globalización que se afianza con la mayor libertad comercial y financiera conlleva este proceso de reasignación de inversiones a la elaboración de productos tomando en cuenta la localización y las ventajas de otra naturaleza como la relación salarios-productividad-ganancia.

En nuestro país ha habido una notoria diversificación de la producción en la última década. Tal vez haya sido en el agro en donde esa diversificación es relativamente más visible. Pero también en el sector industrial y en el de servicios ha habido un reacomodamiento productivo a las nuevas condiciones que se dan como consecuencia de la globalización del comercio de bienes y servicios y de la mayor libertad financiera.

Pero, de todos modos, permanecen en el espectro manufacturero algunos sectores que es difícil entender que no hayan aún desaparecido, o que no se hayan reconvertido a pesar que paulatinamente han ido perdiendo clientes a nivel internacional. Solo el margen preferencial que concede el Mercosur y la proximidad con los países mayores del grupo le brindan el marco de protección de competitividad que les permite sobrevivir. Pero la sobrevivencia se ve amenazada siempre, como ahora, por movimientos proteccionistas unilaterales de esas naciones. Sobre las inversiones en actividades destinadas en buena medida a vender a Argentina y a Brasil únicamente, siempre pende la amenaza de la discontinuidad de las ventas por razones macroeconómicas en esos vecinos. El que invierte con ese objetivo asume un alto riesgo y no es ni lógico ni conveniente que en caso de concretarse problemas los tenga que pagar la sociedad. Y las negociaciones son inútiles.

Argentina no impone restricciones arancelarias y no arancelarias porque desee ser proteccionista de la industria local. Eleva las restricciones para las importaciones en general y para las de los países del Mercosur en particular, como forma de evitar un colapso en la actividad y en el mercado cambiario más temprano del que habrá de todos modos, pese a las medidas distorsivas para evitar importaciones de cualquier lugar, no solo las originadas en Uruguay.

Argentina y Brasil, aunque en el caso de la nación norteña con razón más clara en algunos casos y ciertamente con mayor elegancia, castigan a sectores uruguayos al poner obstáculos a las exportaciones de esos sectores hacia ambas naciones. Y la respuesta de nuestra parte es tan lógica en un primer momento como su inutilidad inmediata. El proteccionismo de nuestros vecinos viola lo acordado en el Mercosur, pero negociar que ello no ocurra es un ejercicio que no lleva a buen puerto, una pérdida de tiempo a la luz de la evidencia histórica. Argentina no dará curso a las conversaciones que se tengan. Brasil dirá que nos comprende y su Presidenta le dirá a nuestro Presidente que solucionará la situación, pero esa solución no llegará, como tantas otras veces se perderá en el camino.

Ante esto hay trabajadores que irán al seguro de paro y la discusión gobierno-empresarios de las empresas perjudicadas es hoy sobre el conjunto de medidas compensatorias de las acciones de nuestros vecinos a conceder por la administración. Si las actividades son riesgosas, como lo es invertir para vender a Argentina y a Brasil, cuando se produce el evento de riesgo, quien lo debe pagar es quien lo asume. Sobre todo cuando la historia indica que ese evento es recurrente. Seguramente quienes lo han asumido, empresarios y trabajadores, han internalizado su costo en los precios y salarios que han venido cobrando, por lo que hoy la única acción que se debe tomar es preservar al contribuyente ante un eventual nuevo asalto a sus finanzas o a un debilitamiento, por menor que sea, de sus derechos sobre los servicios que presta el Estado. Es solo así que habrá una dinámica productiva con reasignación de inversiones a sectores productivos que realmente beneficien al propio empresario, a sus trabajadores y a la comunidad en general.

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