Explicaciones adicionales sobre el TCR

Hay varios temas para comentar. Los que más me importarían, la pésima ubicación del país en el ranking en materia de facilidades para instalar empresas y los costos de la logística y la nueva agencia estatal recientemente votada por unanimidad al respecto y el descalabro a que se encamina nuestro sistema de salud que, en un hecho inédito en menos de 3 años ha logrado una reducción de la calidad comparable a lo que sistemas similares, en otros países "lograron" en décadas. Quedan para más adelante.

A partir de mi última columna, algunos amables lectores se contactaron para pedirme que explique de manera detallada el proceso lógico mediante el cual se llega a las conclusiones allí expresadas. En aquella ocasión, basado en lo que la buena teoría (la que se verifica empíricamente) enseña, afirmé que la política de "contención de la inflación" que insinuaban las autoridades no era tal, sino todo lo contrario y que, además, salvo que circunstancias externas hicieran que los flujos de capitales a los países emergentes disminuyeran, llevaría a un mayor atraso cambiario con el consiguiente deterioro de la competitividad. Desde allí el tema siguió "tomando color" y nuevos anuncios no hacen otra cosa que empeorar el panorama.

SITUACIÓN. Hoy partimos de una economía operando sobre el nivel de pleno empleo de sus recursos productivos, (seguramente por encima de dicho nivel), donde los movimientos internacionales de capitales son libres y su movilidad, podríamos decir, cuasi perfecta. A su vez, actuamos bajo un régimen de tipo de cambio (TC) semi-fijo a corto plazo y flexible a mediano plazo. Ante ello, y partiendo de una situación de déficit fiscal, las autoridades deciden otorgar ciertos subsidios o créditos fiscales (es lo mismo) para evitar la suba de algunos precios, a la vez que expanden el gasto público. O sea, adoptan medidas fiscales expansivas y por ende aumentan la demanda agregada de corto plazo, presionando la suba de los precios en general, (no olvidemos que la oferta doméstica no tiene gran capacidad de respuesta porque estamos sobre el pleno empleo).

Para solventar la expansión del gasto, el gobierno se endeuda y para ello debe pagar tasas de interés más altas a las previas. Mientras los agentes que financian piensen que la situación es sostenible, comprarán los bonos de ese país. A su vez, la suba de la tasa de interés hace ingresar capitales a dicha economía (aumenta la oferta de moneda extranjera) y con ello hay una tendencia a la baja del TC, fortaleciendo la moneda nacional. Así las cosas, si el Banco Central (BC) no interviene y, por ende, no compra ni vende divisas, la cotización de la moneda extranjera cae hasta un nivel tal que posibilita que los precios en su conjunto permanezcan incambiados. Entonces cae el tipo de cambio real, porque bajó el nominal y los precios promedio quedan iguales. Pero, bajo el actual arreglo de política económica, esto no sucede porque el BC quiere evitar la caída del TC y entonces sale a "sostenerlo". Para ello debe comprar la sobreoferta de moneda extranjera y cuando lo hace entrega pesos en contrapartida, aumentando la cantidad de dinero, ganando reservas internacionales. Entonces sucede que los precios suben presionados por la demanda que implica la expansión fiscal y luego lo vuelven a hacer impulsados por el aumento de la masa monetaria, por tanto cae el TCR y suben los precios. El TCR va al mismo lugar, sólo que en el primer caso lo hace directamente por la caída de cotización de la moneda extranjera y en el segundo por el aumento de precios internos sin que se modifique el TC nominal. He aquí el mecanismo de ajuste y la inconsistencia de la política fiscal con la monetaria en un contexto macro como el que vivimos.

En los hechos, sucede además que las tasas de interés domésticas están altas en comparación con las de los países desarrollados y esto exacerba los efectos derivados meramente de la política fiscal. Es decir, ya de por sí hay presión a la baja del TC por el ingreso de capitales derivado del desarbitraje de las tasas de interés.

Las autoridades del BC, conscientes de que la expansión en la oferta de dinero no es compatible con los objetivos de inflación, salen a contraer la masa monetaria. De allí que al 11 de noviembre pasado, el BC había expandido la misma en $ 30.203 millones para comprar dólares y al mismo tiempo la contrajo en $ 27.784 millones colocando deuda, en juego que me recuerda a Penélope. Una distorsión no se debe contrarrestar con otra distorsión, pero es eso lo que se está haciendo.

EXCUSAS. Ante esta realidad, frente a algunas de las afirmaciones de las autoridades con las que se pretende justificar el deterioro de la competitividad, no tengo otro calificativo que constituyen una excusa. Así, el argumento "compramos US$ 1.200 millones" para sostener la cotización es casi una broma. En efecto, es cierto que se compró ese monto, pero buena parte de la causa que haya que haberlo hecho es la propia política aplicada. Naturalmente que, al carecer de recursos genuinos, la totalidad del dinero necesario para efectuarlas proviene del aumento de la deuda pública. Esto va de la mano de otra muletilla, "el esfuerzo para evitar que el dólar caiga más". El esfuerzo lo hacemos los contribuyentes, que abonaremos impuestos para pagar intereses de deuda por unos US$ 1.220 millones en este 2010. El único "esfuerzo" que deberían hacer las autoridades es generar recursos fiscales excedentes para comprar dólares sin aumentar la deuda y reducir la tasa de interés.

Otra de las frases repetidas, "es un fenómeno mundial". Una vez más, es apenas parte de la verdad. Para ello veamos el cuadro adjunto. El mismo nos muestra que, medido en promedio anual, desde el 2004 sólo hemos mejorado el tipo real de cambio frente a Brasil. El cuadro indica cuánto subieron o bajaron los precios internos en Uruguay en relación a lo que lo hicieron en cada uno de los países seleccionados (los principales del mundo), expresados en la moneda de cada país. Así, en estos 6 años los precios en nuestro país, expresados en dólares americanos, subieron 83,6% más que lo que lo hicieron los precios al consumo en Estados Unidos; 74% más que en Japón medidos en yenes; 115% más que en Inglaterra, medidos en libras esterlinas; 81,6% por encima de los países del euro, medidos en esta moneda; y cayeron 3,9% respecto a los que rigen en Brasil, medidos en reales. Es cierto, hay atenuantes a la magnitud de las cifras; el TCR en 2004 estaba 16% "adelantado", lo que implica, suponiendo que el resto estuviera en su "justo valor", que en Uruguay los precios medidos en moneda extranjera pudieran subir 19% y no podríamos hablar de problemas de competitividad, ni atraso cambiario. También es correcto decir que los precios de los commodities siguieron subiendo y eso presiona a la baja el TCR y que la tasa de interés internacional en cero estimula la colocación de dinero en emergentes y tiene el mismo efecto, Todo es correcto y nos conduce a decir que la base quizás no sea la mejor o de otro modo que los precios internos medidos en moneda extranjera podían subir más que 19% sin tener efectos significativos sobre las variables descritas. Esto es así, pero no para todos, porque por ejemplo, Argentina, Brasil, Australia y Nueva Zelanda reciben shocks de precios parecidos a los nuestros. A su vez, si la medición la hiciéramos con promedios históricos, la conclusión cualitativa es similar. El cuadro muestra, en todos los casos salvo Brasil, guarismos muy por encima del 19% reflejando lo que cualquiera percibe: excepción hecha de Brasil, estamos muy caros frente al mundo. Es más, si el mismo cuadro lo hiciéramos con base en 2001, donde el consenso (y griterío) hablaba de un gran atraso cambiario, salvo con Brasil, Australia y Nueva Zelanda, hoy estaríamos en una posición idéntica o peor.

Por último, quisiera recordar un concepto que me parece clave. Bajo las actuales condiciones macroeconómicas internacionales y, dado su nivel de deuda, Uruguay debería tener un superávit fiscal del orden de 1,5% del PIB lo que le brindaría la posibilidad de, en lugar de pedir prestado por casi US$ 300 millones al año, disponer de dinero genuino para comprar unos US$ 580 millones.

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