PAUL KRUGMAN | DESDE NUEVA YORK
Los datos más recientes de la economía echaron por tierra cualquier esperanza de un pronto final a la sequía de empleos en Estados Unidos, que ya se ha prolongado tanto que, en promedio, el estadounidense desempleado ha estado sin trabajo durante casi 40 semanas. Sin embargo, no hay voluntad política para hacer algo con respecto a la situación. Lejos de estar listos para invertir más en la creación de empleos, ambos partidos políticos de Estados Unidos coinciden en que es hora de abatir el gasto -destruyendo empleos en el proceso- siendo la única diferencia una de pocos grados.
La Reserva Federal tampoco está saliendo al rescate. El presidente de la Fed, Ben Bernanke, reconoció la opacidad de la perspectiva económica pero dio indicaciones de que no hará nada al respecto.
Además, el alivio de las deudas para propietarios de casas -lo cual podría haber logrado mucho por impulsar una recuperación económica en general- sencillamente ha desaparecido de la agenda. El programa existente para alivio de hipotecas ha sido un fracaso, invirtiendo apenas una diminuta fracción de los fondos distribuidos, pero todo parece indicar que no hay interés en reorganizar y relanzar este esfuerzo.
La situación es similar en Europa pero, discutiblemente, incluso peor. En particular, la retórica del Banco Central Europeo sobre divisa dura y alivio en contra de la deuda.
¿Qué hay detrás de esta parálisis en la estrategia transatlántica? Cada vez estoy más convencido de que es una respuesta a la presión de grupos de intereses. Conscientemente o no, los legisladores están atendiendo casi exclusivamente a los intereses de los rentistas, aquellos que derivan abundantes ingresos de activos, quienes prestaban grandes sumas de dinero en el pasado, a menudo de manera imprudente, pero que ahora están siendo protegidos de pérdidas a expensas de todos los demás.
Por supuesto, esa no es la forma en que expone su argumento lo que yo llamo el Grupo del Dolor. Más bien, el argumento en contra de ayudar a los desempleados se enmarca en términos de riesgos económicos: Si se hace cualquier cosa por crear empleos, las tasas de intereses se dispararán, estallará una inflación descontrolada y así por el estilo. Sin embargo, estos riesgos siguen sin materializarse. Las tasas de interés siguen cerca de niveles históricamente bajos, al tiempo que la inflación sigue siendo baja, fuera del precio del petróleo, el cual es determinado por mercados y sucesos mundiales, no por la política estadounidense.
Y en contra de estos riesgos hipotéticos, uno debe fijar la realidad de una economía que sigue estando profundamente deprimida, a gran costo tanto para los trabajadores actuales como para el futuro de nuestra nación. Después de todo, ¿cómo esperamos prosperar en dos décadas a partir de ahora cuando a millones de jóvenes graduados se les está negando la oportunidad de empezar sus carreras?
Pidan una teoría coherente detrás del abandono de los desempleados y no obtendrán respuesta. Más bien, integrantes del Grupo del Dolor al parecer la están creando sobre la marcha, inventando razonamientos siempre cambiantes para explicar sus prescripciones estratégicas, que nunca cambian.
Si bien todo parece indicar que las razones para infligir dolor siguen cambiando, las prescripciones de la estrategia a seguir por parte del Grupo del Dolor; sin embargo, tienen en su totalidad un elemento en común: protegen los intereses de los acreedores, sin consideración al costo. El gasto en el déficit podría poner a trabajar a los desempleados. Pero eso pudiera menoscabar los intereses de tenedores de bonos existentes. Una acción más determinante de la Fed podría contribuir a sacarnos de este bache -de hecho, incluso economistas republicanos han argumentado que un poco de inflación pudiera ser exactamente lo que el médico ordenó- pero la deflación, no la inflación, sirve a los intereses de acreedores. Y por supuesto, prevalece una feroz oposición a cualquier cosa que tenga un tufo de alivio a la deuda.
¿Quiénes son estos acreedores de los que hablo? No son los esforzados y frugales propietarios de pequeños negocios y trabajadores, aunque eso sirve a los intereses de los grandes participantes para simular que todo se trata de proteger a los participantes pequeños que se ciñen a las reglas. La realidad es que tanto pequeños negocios como trabajadores son dañados mucho más por la débil economía de lo que serían, digamos, por una modesta inflación que contribuya a promover la recuperación.
No, los únicos beneficiarios reales de las políticas del Grupo del Dolor (aparte del gobierno chino) son los rentistas: banqueros e individuos ricos con muchísimos bonos en sus portafolios de inversiones.
Y eso explica porqué los intereses de los acreedores son tan grandes en la estrategia; esta clase no solo es la que hace grandes contribuciones de campaña, es la clase que tiene acceso personal a quienes definen las estrategias; muchos de los cuales van a trabajar para esta gente cuando salen del gobierno a través de la puerta giratoria. El proceso de influencia no tiene que involucrar la corrupción burda (aunque eso también ocurre). Todo lo que hace falta es la tendencia de asumir que lo que es bueno para la gente con la que te juntas, las personas que parecen muy impresionantes en reuniones -oye, son ricos, son inteligentes, y tienen magníficos sastres- debe ser bueno para la economía en general.
Sin embargo, la realidad es justamente la opuesta: las políticas enfocadas en favorecer a los acreedores están paralizando a la economía. Este es un juego de suma negativa, en el cual el intento por brindarle protección a los rentistas de cualquier pérdida está infligiendo pérdidas mucho mayores a todos los demás. Y la única forma de obtener una verdadera recuperación es dejar de jugar ese juego. THE NEW YORK TIMES