En medio de un año electoral, la economía argentina se mueve entre los beneficios del viento de cola del exterior y los dislates económicos del gobierno. El desenlace de una nueva crisis económica en Argentina sólo se ha podido postergar gracias a las condiciones externas.
¿En qué consiste el viento de cola del exterior? En primer lugar, los muy buenos precios de la soja, que permiten mantener el nivel de exportaciones y generarle caja al gobierno por los impuestos a las exportaciones del grano. En segundo lugar, Brasil sigue teniendo un dólar barato, lo cual permite exportar a dicho país una buena cantidad de automóviles, manteniendo alta la producción industrial. El índice de producción industrial muestra claramente que el peso y el aumento de la producción automotriz explica gran parte del incremento de la actividad industrial. Finalmente, las bajas tasas de interés que rigen en el exterior luego de la crisis, limitan la fuga de capitales. Dicho de otra forma, si hoy subiera la tasa de interés en el exterior (algo poco probable en el corto plazo) o Brasil devaluara el real, el modelo K colapsaría. Aún con buenos precios internacionales para la soja.
Pero así como el mundo ayuda, el gobierno se empeña en desaprovechar esa oportunidad aumentando desaforadamente el gasto público (40% anual), emitiendo moneda a marcha forzada, profundizando la distorsión de precios relativos y desestimulando la inversión con las insólitas regulaciones que todos los días inventa el secretario de Comercio Interior, Guillermo Moreno, y la constante imprevisibilidad en las reglas de juego.
De todas formas, a pesar de las buenas condiciones internacionales, la realidad es que ya se observan signos de preocupación en el gobierno, sobre todo por el lado del sector externo.
En los últimos días decidió establecer restricciones a la importación a 600 posiciones arancelarias, implementando lo que denominan licencias no automáticas de importación. Al mismo tiempo, dispuso obligar a los importadores de automóviles a exportar un dólar por cada dólar que importen. Estas medidas, además de traernos problemas con nuestros socios comerciales, como Uruguay y Brasil, reflejan posibles presiones sobre el mercado de cambios.
¿Cuál es el motivo de esta restricción a las importaciones? Si bien el gobierno "vende" la medida con el argumento de proteger a la industria nacional y los puestos de trabajo, la realidad es que el saldo de balance comercial viene reduciéndose en forma notable. Durante 2010 las exportaciones aumentaron al 23% anual, en tanto que las importaciones crecieron al 46%, con un saldo de balance comercial U$S 4.888 millones menor al del año 2009. En enero de este año, la tendencia a la baja del saldo del balance comercial se acentuó, con las exportaciones subiendo el 22% y las importaciones al 52% anual.
FIESTA DEL CONSUMO. Dadas las muy buenas condiciones externas, la disminución del saldo del balance comercial obedece a problemas generados por el mismo gobierno. En primer lugar, al incentivar artificialmente una fiesta de consumo aumentan las importaciones de bienes de consumo final y de insumos. En segundo lugar, la política energética obliga a importar cada vez más gas y otros combustibles, mientras que disminuyen las exportaciones de gas y petróleo.
En 2003, cuando el kirchnerismo asumió la presidencia, se importaron 85 MMm3 de gas. En 2010 la importación de gas fue de 3.121 MM/m3. Un aumento del 3.572%. ¿Qué pasó con las exportaciones de gas? Bajaron de 13.336 MMm3 en 2003 a 5.088 MMm3. Argentina, un país gasífero, pierde reservas por falta de inversiones y además tiene que aumentar las importaciones y bajar las exportaciones. Todo por mantener tarifas artificialmente bajas.
Si tomamos el rubro naftas, en 2003 se importaron solo 4,3 MMm3 mientras que el año pasado lo comprado en el exterior fue de 140 MMm3. En gasoil las importaciones subieron de 233 MMm3 año a 545 MMm2, en tanto que las exportaciones bajaron de 1.582 MM3 en 2003 a 0 (cero) en 2010.
En definitiva, la populista estrategia de tener energía artificialmente barata generó un aumento de la demanda y una disminución de la oferta, afectando el comercio exterior del rubro. O sea, es lógico que si el Estado ofrece un producto a un precio artificialmente bajo la demande aumente y la oferta disminuya. El gobierno encontró la "solución" a este problema en la importación, a precios obviamente internacionales cada vez más altos, impactando en el saldo del balance comercial.
Por último, el comercio exterior también se ve afectado por la caída del tipo de cambio real. Con un dólar casi fijo y una inflación anual del orden del 30%, no hace falta ser un genio de la economía para advertir que el país es cada vez más caro en dólares, desestimulando exportaciones y estimulando importaciones.
Tres elementos influyen entonces para que baje el saldo del balance comercial: 1) aumento artificial del consumo, 2) horrorosa política energética que lleva a crecientes importaciones de combustibles y 3) deterioro del tipo de cambio real.
Ahora bien, la fuga de capitales de todos estos años, que llegó a los U$S 57.244 millones entre el tercer trimestre del 2007 y 2010, pudo financiarse gracias al saldo positivo del balance comercial. El problema es que la incertidumbre económica y política de un año electoral puede generar un aumento de la fuga de capitales que supere el cada vez menor saldo del balance comercial y produzca tensiones en el mercado de cambios. Como el gobierno no va a querer tener una suba fuerte del dólar durante este año electoral (las dos anclas que usa para evitar un mayor desborde inflacionario son el dólar y las tarifas de los servicios públicos) el Banco Central tendría que salir a vender dólares al mercado para evitar que suba. Al vender divisas y retirar pesos estaría enfriando la economía, justo en el medio de la campaña electoral. CFK, que todavía no sabemos si va a presentarse como candidata en octubre, pretende forzar el aumento del consumo a costa de una mayor inflación. Es decir, la idea sería forzar el consumo para mantener contenta a la gente y, al mismo tiempo, sacrificar más inflación, pero intentando que el tema inflación no aparezca en los medios. Para ello, ya intervinieron el Indec en enero del 2007 (también un año electoral), para que mostrara un IPC más bajo que el real y ahora, ante la aparición de mediciones privadas, el gobierno las presiona para que no publiquen sus estimaciones. Dos consultoras ya fueron multadas por el secretario Moreno por difundir su propio IPC. La multa llega a U$S 125.000 para cada consultora. Si esto no es fascismo, ¿el fascismo dónde está?
El año económico se presenta, entonces, con el BCRA emitiendo a marcha forzada. Febrero 2011 versus febrero 2010, 38% de aumento del circulante. Si a esta emisión se le agrega un escaso aumento de la oferta interna de bienes por falta de inversiones y menos importaciones por las restricciones impuestas por el gobierno, tenemos la combinación perfecta para una inflación en ascenso. Más pesos y menos bienes y servicios equivale a más inflación. El truco estará en tratar de esconderla.
Habrá que ver cómo se llega a octubre. Si en la gente prevalece el malhumor por la creciente inflación, o si ésta es tapada por el mayor consumo artificial.
Sólo Dios sabe cuál de los dos factores prevalecerá. Pero lo que sí podemos afirmar es que la próxima administración se encontrará con un fenomenal problema económico.
Conclusión: el gobierno hace todo el lío económico que puede. Si gana otro partido, el problema será para el otro. Si ganaran ellos, ya se verá.