A veces, en reenvíos masivos, le vuelven cambiados textos que él mismo escribió. Se siente feliz con eso. "No hay nada mejor que un texto tuyo pierda la firma".
GABRIELA VAZ
El timbre repica en algún indefinido cruce de coordenadas en España. La voz afable que atiende el teléfono responde a la consulta de la periodista con simpatía: "¿Hernán Casciari? Sí, estás hablando con él". Accede a la entrevista sin preámbulos y propone: "Si te parece la hacemos por mail. Me sale mucho mejor escribir que hablar".
Presentación: Hernán Casciari, de "casi 40 años" (los cumple el mes próximo), es un escritor argentino que desde el 2000 vive en Cataluña, cerca de Barcelona, junto a su mujer Cristina y su hija Nina. Con solo 19 años parió una novela que ganó la Bienal de Arte de Buenos Aires; desde entonces se define narrador. Pero la fama y el éxito inusitados no le llegarían a través del papel, sino por fibra óptica. Poco después de su exilio voluntario, comenzó a escribir ficción en Internet desde dos blogs: Más respeto que soy tu madre y Orsai. A raíz de esto, se lo considera del inventor del género "blogonovela". Ambos sitios web fueron trasladados a otros formatos: libros, obras de teatro, cortometrajes, una revista. Más respeto que soy tu madre, interpretada por Antonio Gasalla, se convirtió en la pieza teatral más convocante de la calle Corrientes y de Mar del Plata. El mismo blog, además, fue considerado "el mejor del mundo" por la cadena alemana Deutsche Welle.
Aunque hoy solo mantiene activo a Orsai, llegó a publicar otros ocho blogs: El diario de Letizia Ortiz (biopic), Juan Dámaso Vidente (relatos), Petit Orsai (textos breves), El lomo (crítica), Mi querido Klikowsky (relatos para tevé), Yo y mi garrote (novela), Espoiler (crítica de tevé).
La enorme aceptación popular se tradujo en más libros, más reconocimiento y más trabajo. Fue columnista de El País de Madrid durante tres años y de La Nación de Argentina por dos; en 2010 renunció a ambos diarios dando un portazo público (el extenso alegato donde argumenta su decisión está disponible en la web). Era la antesala de su más reciente proyecto: la revista cultural Orsai, lanzada el mes pasado, sin publicidad, que sale cada tres meses y se comercializa por Internet a todo el mundo. Agotó los 10.000 ejemplares del primer número de inmediato. Según consigna el propio blog, más de la mitad se vendieron en España, un 30% en Argentina y el resto por todo el globo; un 2% se adquirió en Uruguay.
Desde el invierno boreal, este nativo de Mercedes (provincia de Buenos Aires) que alguna vez -cuando con 13 años realizaba crónicas sobre básquet para el diario de su localidad- se definió periodista, que terminó siendo uno de los autores de habla hispana más leídos de la diáspora virtual y que se ha sabido catalogar como "un uruguayo atrapado en el cuerpo de un argentino", se sentó a brindar respuestas para Domingo haciendo lo que mejor sabe hacer: escribir. ¿Qué lo alienta? "Tener muchísimas ganas de contar algo. Esa boludez me basta y me sobra".
Textos absorbidos. De escritor a "inventor". Corría el año 2003 y los weblogs se aproximaban a su época de apogeo, pero todavía a nadie se le había ocurrido escribir una novela dosificada en posteos. El primero fue Casciari y así se ganó el copyright moral de la creación. "Había emigrado de mi país y sentía un poco ridículo escribir en castizo. Entonces empecé a usar Internet, tierra de nadie, para contar una historia y que la leyeran en Argentina". Esa primera blogonovela fue Más respeto que soy tu madre.
La historia gira alrededor de la familia Bertotti. En principio se llamó Diario de una mujer gorda, pues es la bitácora en primera persona de Mirta González, una ama de casa de 50 años casada con Zacarías Bertotti, sus tres hijos adolescentes y un abuelo drogadicto. Con dosis alternadas de humor y emotividad, Casciari se la arregló para tocar temas universales y otros más locales.
Varios de sus capítulos han dado la vuelta al mundo, absorbidos por la diáspora virtual hasta pertenecer a nadie. Dos ejemplos: un post sobre el mate (se reproduce un fragmento en el recuadro de esta misma página), que en distintos sitios web está erróneamente adjudicado al periodista Lalo Mir, y otro sobre Diego Maradona que entre reenvíos y relecturas terminó publicado en la página oficial de la FIFA. Para encontrarlo basta googlear Vivir para contarlo, carta que Mirta Bertotti le escribió "al Diego" a raíz de una de sus últimas internaciones. Advertencia: no importa de qué nacionalidad sea el lector, ni siquiera si el ex director técnico argentino le cae bien o no; es altamente probable que el texto le haga tragar saliva.
-¿Alguna vez las repercusiones de estos u otros capítulos de tus blogs te han sorprendido especialmente?
-Me sorprende que esos textos todavía llegan, de forma anónima, a mi correo electrónico, pasando por muchos hervores de reenvíos masivos. Llegan diferentes a como los escribí, se nota que les metieron mano hasta convertirlos en obras colectivas que ya no tienen autor. Me siento muy afortunado cuando recibo esos ecos: no hay nada mejor que un texto tuyo pierda la firma.
-¿Encontrás diferencias entre tus lectores según su nacionalidad? Por ejemplo, ¿creés que a los españoles les interesan o les hacen reír cosas distintas que a los latinoamericanos? O incluso ¿ves diferentes recepciones en Buenos Aires que en Bogotá?
-Posiblemente lo más complicado de escribir en Internet, y en castellano, es que somos 400 millones de tipos de muchos barrios diferentes. Es complicado, y también divertido, porque hay que ser universal sin perder la frescura. Cada región se ríe distinto, es verdad, pero cada región se emociona igual. Y si uno envuelve el chiste en emociones, el chiste empieza a ser comprensible.
-En tu más reciente libro, El paraíso de los tontos (Plaza & Janés, 2010), te centrás en el uso de la tecnología en la vida cotidiana. Tú has sabido darle un uso sumamente fructífero y positivo a esta herramienta. No obstante, ¿creés que el paraíso de los tontos es Internet?
-Claro, porque yo soy uno de esos tontos. Y realmente creo que es un paraíso poder trabajar de este modo. Soy antisocial, huraño, me baño poco, me visto como un desgraciado, miento, tengo pereza por todo, y sin embargo doy la impresión de un tipo exitoso que no para de trabajar y tener ideas. Lo dicho: el paraíso de los tontos.
-El lanzamiento de la revista cultural Orsai es una apuesta importante aunque has revelado que no te importaba ir a pérdida, sino que las principales motivaciones son otras. ¿Qué balance realizas de este comienzo? ¿Puede funcionar como modelo de negocio?
-Orsai nació como un proyecto privado, caprichoso e individualista. Un berretín de mi mejor amigo, Chiri, y mío. Una revista que nos gustara a nosotros dos: sin publicidad, cara, de papel. Cuando conté la idea en el blog otras personas pensaron que ese sueño nuestro emparentaba con sueños propios, y nos apoyaron. Pensábamos vender mil, con suerte tres mil ejemplares. Y la respuesta fue mucho mayor. No creo que pueda funcionar como modelo de negocio, porque no es un negocio. Sí puede funcionar como modelo de sueño.
-¿Intuís, o tenés claro algún perfil en particular del lector de Orsai?
-Más que intuirlo puedo verlo. Los lectores de la revista nos mandan fotos de ellos mismos con un ejemplar en la mano. Tenemos como 500 fotos distintas, de muchos países, gente de cualquier edad, adolescentes, viejas, tipos pelados, gente barbuda, señoritas en topless, señores con corbata en el cuello o en la cabeza, etcétera. Pero hay algo que los unifica: todos tienen cara de locos. Es increíble. El perfil más subrayado es la demencia y la insanía.
-Hace unos meses renunciaste a El País de Madrid y La Nación de Argentina, e hiciste públicos los motivos. ¿Fue sólo un ejercicio catártico o hubo otro objetivo?
-Renunciar a los gritos, pateando el tablero, diciéndole a todo el mundo lo espantosamente mal que hacen las cosas tus jefes es, desde siempre, un sueño de casi todo el mundo. Entonces, si tenés la oportunidad y además sabés que te sirve para promocionar tu siguiente trabajo, ¿por qué no hacerlo? Mientras todo lo dicho sea verdad (y en mi caso lo fue) es mejor hacerse el loco que el diplomático.
-Este año hay elecciones presidenciales en Argentina. ¿Tenés pensado venir a votar?
-Ésta será la primera vez que voy a ir a votar. Nunca voté porque siempre me resultó imposible estar en Mercedes los domingos, siempre estaba lejos. Pero esta vez voy a ir a la Embajada, donde se puede votar cualquier día a cualquier hora (son las ventajas de ser inmigrante) y voy a votar.
-Por último, ¿qué contacto tenés con Uruguay?
-Hay un texto mío, de hace unos años, que empieza así: "Desde la más tierna infancia, desde el principio, entendí que soy un uruguayo atrapado en el cuerpo de un argentino. Ya de chico pensaba, vivía y sentía como uruguayo, por más que tratase de ocultarlo a causa del qué dirán". Y esa sensación todavía me perdura. Amo Uruguay con un amor profundo. Todos los uruguayos que pasaron por mi vida fueron como ángeles, como hermanos reencontrados. Incluso los muertos, los que nunca toqué. Quiroga, Felisberto, Onetti. A veces, cuando un uruguayo me quiere hacer enojar diciéndome que Gardel no es argentino, que en realidad nació del otro lado del Plata, yo para mis adentros pienso: "A mí me pasa lo mismo".
El post sobre el mate que recorrió el globo
El mate no es una bebida. Bueno, sí. Es un líquido y entra por la boca. Pero no es una bebida. En este país nadie toma mate porque tenga sed. Es más bien una costumbre, como rascarse. El mate es exactamente lo contrario que la televisión. Te hace conversar si estás con alguien, y te hace pensar cuando estás sola. Cuando llega alguien a tu casa la primera frase es "hola" y la segunda "¿tomamos unos mates?" Esto pasa en todas las casas. En la de los ricos y en la de los pobres. Pasa entre mujeres charlatanas y chismosas, y pasa entre hombres serios o inmaduros. Pasa entre los viejos de un geriátrico y entre los adolescentes mientras estudian o se drogan. Es lo único que comparten los padres y los hijos sin discutir (...)
Escribo esto por algo. Hoy llegamos todos de la calle y el Caio estaba tomando mate solo. Nunca antes había tomado mate solo. Siempre con amigos, o con la hermana, o con nosotros. Solo jamás. Éste es el único país del mundo en donde la decisión de dejar de ser un chico y empezar a ser un hombre ocurre un día en particular. Nada de pantalones largos, circuncisión, universidad o vivir lejos de los padres. Acá empezamos a ser grandes el día que tenemos la necesidad de tomar por primera vez unos mates, solos. (...) El día que un chico pone la pava al fuego y toma su primer mate sin que haya nadie en casa, en ese minuto, es porque ha descubierto que tiene alma. O está muerto de miedo, o está muerto de amor, o algo: pero no es un día cualquiera (...).
De Más respeto que soy tu madre.