Para evitar sustos en la playa

| Guardavidas recomiendan ir a playas con vigilancia y en los horarios en los que funciona el servicio. Poner especial atención a los banderines rojos en las orillas.

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En condiciones climáticas "normales", en la mañana, el viento va de la tierra hacia el mar. Es en esos momentos cuando el bañista, a veces un niño, corre un grave riesgo si se empeña en ir a buscar un juguete inflable que insiste en alejarse de la costa. A partir del mediodía, la virazón hace que los vientos giren de este a sudeste y el agua se crispe, coincidentemente con un público más juvenil y más audaz. Ya en la tardecita, los vientos se dirigen en dirección a la orilla.

En pocas palabras, ese es el comportamiento habitual del mar según Gustavo Fungi, integrante del Ejecutivo de la Asociación Nacional de Guardavidas del Uruguay (ANGU), y un profesional con 27 años de experiencia. "Nosotros visualizamos tres tipos de accidentes como los más comunes: los que ocurren cuando se va detrás de un inflable durante los vientos de tierra, los provocados por las corrientes de retorno y las zambullidas en zonas desconocidas para el bañista, como muelles o rocas".

Los guardavidas, y sobre todo aquellos que trabajan en la costa atlántica, resumen en dos principales las recomendaciones para evitar sustos en el agua: bañarse en playas donde hay puestos de salvavidas y hacerlo en horarios en los que funciona el servicio. También son reacios a "estigmatizar" una determinada playa por su oleaje o fama. Hay conceptos que se repiten: para un buen nadador o, sobre todo, un conocedor del mar, puede que no haya un lugar peligroso. Pero para alguien imprudente, o que no obedezca a los banderines rojos clavados en la orilla, lugares aparentemente inofensivos como La Mansa de Punta del Este o Bahía Grande de La Paloma, pueden provocar el susto de sus vidas. Y también coinciden en otro punto: un guardavidas no es un niñero; padres: no desatender a sus hijos.

no a lo agreste. Si bien el peligro en una playa depende más del bañista que del propio mar, los expertos señalan que en Rocha el arco La Aguada-Costa Azul, por la afluencia de gente, merece una atención especial. Y en Maldonado, la dinámica costera hace que deban extremarse los cuidados en el trayecto que va de La Brava a José Ignacio.

En el caso de Rocha, que actualmente está en conversaciones con la Intendencia para extender el horario y los puestos, el servicio funciona, dependiendo del lugar, entre las 10 y 18 horas, o entre las 11 y las 19. Hay muchas horas de sol en los que no hay vigilancia. Además, en ese departamento, hay 115 profesionales para 180 kilómetros de costa.

Según Horacio Speroni, vicepresidente de la Asociación de Guardavidas de Rocha, en esas costas "puede que la gente se cuide más porque el océano impone respeto. Aún así, suele haber `tarzanes`, por lo general chicos grandes que se sienten con toda la fuerza, que suelen ir en barra, y que se lanzan a hacer cualquier imprudencia".

Para Speroni, harían falta 17 puestos más de guardavidas, sobre todo en playas que últimamente se han visto desbordadas como Zanja Honda, al oeste de La Paloma, en el arco que va de La Aguada a Arachania o en Punta del Diablo. Además, en Rocha abundan las playas donde no existe casi urbanización y que son una verdadera tentación para los bañistas. La hermosa costa que va de Valizas a Cabo Polonio es un ejemplo.

"Yo diría a la gente que se deje cuidar por los guardavidas. Que no vea una playa desierta, que no busque lo agreste-agreste", resume Speroni. Según afirma, los dos ahogados que se registraron en esa costa el verano pasado (en la que se contabilizaron unos 350 rescates) ocurrieron en Antoniópolis y en la zona de Las Piedritas, entre La Coronilla y Cerro Verde. El primero ocurrió antes de que comenzara el horario de servicio; en el segundo, directamente no había guardavidas.

banderines. Marcos Colinet, coordinador del servicio de guardavidas de Maldonado (que el verano pasado contó con 177 personas en 81 puestos, a lo largo de 90 kilómetros y en un horario de 10 a 20), pone énfasis en el respeto a las señalizaciones. Las ya conocidas banderas en las casetas marcan un estado general de la playa. "Pero hay que atender, sobre todo, a unos banderines rojos que se clavan en la orilla que señalan un riesgo puntual: pozos, rocas o corrientes localizadas. Y en esa zona, por más que la caseta indique otro color, verde o amarillo, está prohibido bañarse".

Esos banderines pueden significar la existencia de las corrientes de retorno, que fluyen perpendiculares a la costa y al retornar pueden arrastrar a una persona. Y no hay playa, por más calma que parezca, que esté a salvo de ellas o de los pozos.

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