Por ley, en Uruguay se celebrará el bicentenario este año. El eje de los festejos será la "Redota". Muchos lo consideran el nacimiento de la identidad nacional.
Los vientos emancipatorios que llegaban desde Buenos Aires, con la Revolución de Mayo de 1810, hicieron carne en cada vez más pobladores de la Banda Oriental. El Grito de Asencio, el 28 de febrero de 1811, en el actual departamento de Soriano, es considerada la primera acción realizada en estas tierras para independizarse de la Corona Española. A ésta le siguieron mojones históricos como la Batalla de Las Piedras, el 18 de mayo, que dejaron al otrora poderoso Virreinato del Río de la Plata sitiado y limitado entre los muros de Montevideo. Crecía la figura de José Gervasio Artigas como indiscutible caudillo. Fue siguiéndolo a él, luego del armisticio de octubre de ese año, que miles de criollos protagonizaron el llamado Éxodo del Pueblo Oriental. Para buena parte de la historiografía nacional, ese acontecimiento puede considerarse el nacimiento de una nación: Uruguay.
A través de la ley 18.677, el Gobierno declaró al año que acaba de comenzar como el de "Celebración del Bicentenario del Proceso de Emancipación Oriental", festejos que ya comenzaron en 2010 en otros países de América Latina. En sintonía con tan significativo onomástico, el diario El País y Ediciones de la Plaza convocan al concurso literario Ensayo 1811 + 200, herencia, vigencia, desafío, abierto a uruguayos y extranjeros residentes en Uruguay que no estén involucrados a las instituciones que lo organizan.
El autor del ensayo ganador, obligatoriamente original, inédito y escrito en español -que será determinado por un prestigioso jurado- se hará acreedor a un premio de ocho mil dólares y su texto será publicado como un libro, en una tirada de 500 ejemplares, por esa editorial.
otra perspectiva. ¿Por qué un ensayo? El historiador, docente e investigador José Rilla, uno de los miembros del jurado, explica que ese género "ayuda a desarrollar un pensamiento tentativo, especulativo, idóneo para transitar diversos campos del conocimiento y en una temática cuyo abordaje no admite, probablemente, un solo camino". Para él, el ensayo "está pensado en relación a la mejor tradición del pensamiento uruguayo, también latinoamericano; una tradición que se esmera por la calidad de los argumentos, la capacidad de tomar en cuenta antecedentes, el talento para emprender balances e imaginar perspectivas".
Vale la aclaración: no se busca una simple compilación histórica. Las propias premisas en las que se basa la convocatoria así lo señalan. No se trata solamente de mirar al pasado, sino que además el ensayo deberá llevar esos acontecimientos fundacionales al tiempo presente para, a su vez, poder proyectar cuál será el futuro.
"De alguna manera, el ensayo obliga a pensar desde el hoy; de ahí la palabra `vigencia`. También es pertinente la `herencia`, porque desde ese hoy estamos mirando hacia atrás, a un legado, a algo que recibimos y que importa evaluarlo como tal. Y está `desafío` porque con esa herencia y esa vigencia hay que elaborar la representación de una colectividad, siempre de cara a sus proyectos como comunidad", señala Ana Ribeiro, historiadora, docente y escritora, que también forma parte del jurado.
En resumen, como apunta el restante integrante del jurado, el periodista, dramaturgo y escritor Carlos Maggi, en este concurso se pretende "premiar un trabajo original, ideas, datos o deducciones no conocidas, sobre un viejo tema muy frecuentado. Se pide ensayos para eliminar las recopilaciones de documentos y la mera narración de lo sucedido, para dar a luz algo que hasta ahora no se pensó o no se dijo".
FECHAS. Bien vale un mini repaso a esta corriente de festejos del fin de la colonización europea en América Latina. Como reflejo de una identidad regional, varios países de América Latina (como Argentina, Venezuela, Chile, Colombia y México) celebraron en 2010 sus respectivos bicentenarios, con cronogramas planificados en algunos casos con varios años de anticipación, y la polémica no estuvo ausente. En Uruguay se decretó el 2011 para los eventos conmemorativos que, según una nota del suplemento Qué Pasa del pasado 9 de octubre, costarán unos dos millones de dólares.
A muchos esa decisión no terminó de cerrarles. ¿Por qué este año y no 2025, dos siglos después de la Declaratoria de la Independencia? ¿O 2030, cuando se cumplan 200 años de la Jura de la Constitución? ¿O -solo para echar nafta a la hoguera- 2028, bicentenario de la Convención Preliminar de Paz?
"El año 1811 se señala como el de inicio de un proceso que llega a 1830", dice Ribeiro. Sin embargo, considera que esa elección no está mal por "temprana" sino por "tardía". Y explica: "No iniciamos los recordatorios, o conmemoraciones en el año 10, que fue cuando se inició la revolución en el Río de la Plata y en el epicentro del Virreinato. El Ejército de Mayo y sus elites intelectuales y políticas determinaron todo el proceso posterior a lo largo del territorio virreinal; era de justicia que se iniciaran (los festejos) en 2010". Para ella, lo que sucede es que "las historiografías nacionales han elaborado una idea de predestinación en cada uno de nuestros países, que aún nos cuesta reconocer las conexiones regionales existentes en los destinos nacionales". Rilla, por su lado, parece coincidir: "Perdimos la chance de pensar el tema desde 1810".
En cambio, Maggi no ahonda en polémicas. "Todos usamos una convención caprichosa y nimia para exaltar lo que es grandioso: nuestro pasado que empieza con una guerra por la libertad y la igualdad de las personas".
La Comisión del Bicentenario, creada también por la ley 18.677, determinó que el centro de los festejos sea el Éxodo o la "Redota". Ambos términos, el de inocultables connotaciones bíblicas y el criollo -derivado de derrota-, refieren a uno de los eventos de mayor estatura épica de la historia nacional.
Fue cuando una heterogénea multitud -que ya no se consideraba hija de España ni se identificaba con la alternativa gubernamental que comenzaba a gestarse en Buenos Aires- acompañó en su trayecto hacia el norte a un caudillo, el mismo que empezaba a ser el considerado Jefe de los Orientales. José Artigas, de él se habla, en los años siguientes sería seguido y abandonado, Protector de los Pueblos Libres. Sufrió una "leyenda negra" y el exilio, hasta llegar décadas después a ser considerado el Padre de la Patria, más allá de que no tuviera como norte que la Banda Oriental se convirtiera en un Estado independiente. Para Maggi, de todos los hechos notorios de 1811 (como el Grito de Asencio o la Batalla de Las Piedras) ese es "el acontecimiento que tiene mayor grandeza" y el "gesto más dramático de nuestra historia".
"Que un pueblo entero se arranque del lugar donde vive y tiene su medio de subsistencia, y emigre en masa, es un acontecimiento muy raro, muy doloroso y tan inolvidable, que resulta capaz de marcar el inicio de una nación", añade el escritor y dramaturgo. "Entre el Grito de Asencio y la Redota media la distancia que separa la oreja que habla de oído, de la sabiduría que nunca grita", agrega.
Para Ribeiro, los inicios de esta nación habría que buscarlos aún más atrás que en 1811, "en la población original y en los colonizadores, porque en historia todo se suma y se transforma". Aún así, señala que hace 200 años "se produjo el giro hacia la formación de un Estado independiente, lo cual marca un hito muy fuerte en esa larga elaboración colectiva que es la identidad".
Y justamente de la identidad, producto del pasado, llevada al presente y proyectada al futuro, tiene mucho que ver este concurso literario.
DESAFíO. A Ribeiro le gustaría recibir ensayos "bien informados", "audaces para conectar datos y conceptos", "modernos para iluminar viejos temas con nuevas ópticas y modalidades de trabajo", y "fluidos y ricos en la prosa". Casi nada. Maggi es ambiguo y conciso a la vez: "Me gustarían textos creadores, hijos del trabajo y del talento". Rilla se excusa de responder.
Nadie dice que sea una tarea fácil. Además de una exhaustiva documentación, un punto de vista original, y una justificada valoración del ayer, el hoy y el mañana, será indispensable pasar un buen tiempo delante de la computadora. Las bases, que están siendo publicadas periódicamente en las páginas de este diario, exigen un texto de entre 200 y 300 páginas con citas incluidas.
Si para los participantes la redacción de un trabajo con tales exigencias será todo un desafío, no menor será para los integrantes del jurado leer, seleccionar y -en especial- verificar lo inédito y original de los ensayos. Sin embargo, la tarea no los amilana. "La historiografía nacional no es demasiado copiosa. Se diría que es poca y se conocen los puntos culminantes. Por otra parte, no hay ningún trabajo en Humanidades que sea enteramente original, es una cuestión de grado para la cual hay que tener la mano hecha. Lo más valioso suele ser la innovación dentro de lo tradicional que viene cargado de sentido", señala Maggi.
Por las dudas, más vale que aquellos vivos que quieran apelar a una mezcolanza made in Internet para llenar páginas sepan que la suerte no va a estar con ellos. "El jurado está integrado por tres viejos `lobos de mar`", alerta la profesora Ribeiro. "Hemos leído todo lo publicado sobre este período". Para hacer más clara la advertencia: "No precisaremos Google para detectar un `recorte y pegue`".
Un jurado calificado
Carlos Maggi
escritor, dramaturgo, periodista
"Este concurso busca premiar un trabajo original, ideas, datos o deducciones no conocidas sobre un viejo tema muy frecuentado. Se pide ensayos para eliminar las recopilaciones de documentos y la mera narración de lo sucedido, para dar a luz algo nuevo".
Ana Ribeiro
historiadora, docente, escritora
"El ensayo es e implica opinión, y la opinión está destinada a volatilizarse con el tiempo o a convertirse en ciencia. Ese es el destino de un buen ensayo. Pensamiento intelectual y argumentativo, fronterizo entre las ciencias, la literatura y la historia, eso es el ensayo".
José Rilla
investigador, historiador, docente
"El ensayo está pensado en relación a la mejor tradición del pensamiento uruguayo y latinoamericano, que se esmera por calidad en los argumentos, capacidad de tomar en cuenta antecedentes, y talento para emprender balances e imaginar perspectivas".
Las cifras
8.000 Cantidad en dólares de premio para el ensayo que resulte ganador. Éste será publicado como libro por Ediciones de la Plaza.
300 Número máximo de páginas (tamaño A4) que deberá tener el texto. Como mínimo, deberán ser doscientas.
Entre 700 mil y un millón de caracteres
Aunque la tarea que deberán emprender los interesados es ardua, por suerte, hay bastante tiempo para escribir. Según las bases, los ensayos serán recibidos entre el 1° y el 15 de julio de este año en el diario El País (Zelmar Michelini 1287, piso 3), de lunes a viernes, de 15 a 20 horas.
Medidos con espacios, 200 a 300 páginas equivalen a entre 700 mil y un millón de caracteres. Las hojas a utilizarse deben de ser tamaño A4, escritas en una sola cara, con letra Times New Roman tamaño 14, e interlineado sencillo. Afortunadamente, están suficientemente difundidos programas procesadores de texto como el Microsoft Word para realizar las configuraciones adecuadas.
Los ensayos deberán ser firmados con un seudónimo. Las bases establecen que cada participante deberá enviar cuatro ejemplares impresos y encuadernados con cuatro CD, dentro de un sobre individualizado con el apodo.
Dentro de ese mismo sobre, también deberá incluirse otro que tenga en su interior una hoja con los datos personales del autor: nombre, curriculum vitae abreviado, teléfono, dirección y correo electrónico.
El veredicto del jurado será el 14 de septiembre de 2011, el mismo día en que El País cumple sus primeros 93 años.