La princesa de Japón sigue triste

| Tras nueve años alejada de la vida pública, algunas apariciones de Masako hacían pensar en que podría regresar, pero la esperanza se diluyó.

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DÉBORAH FRIEDMANN

En enero de 1993 el anuncio daba la vuelta al mundo y conmocionaba a Japón. Naruhito, el príncipe heredero del trono del Crisantemo, había elegido a Masako Owada, una diplomática de 29 años, como su futura esposa. La noticia fue anunciada tras meses de silencio sobre el asunto, un mutismo alentado por la propia Casa Imperial para que el joven pudiera decidirse entre 300 candidatas preseleccionadas. Naruhito desoyó los consejos y optó por Masako, una mujer considerada "inapropiada" por los más conservadores y vista por numerosos analistas como una ráfaga de aire fresco a la tradicionalista y hermética monarquía nipona.

Pasaron casi 20 años y ni unos ni otros están satisfechos. Los conservadores reprochan a Masako no haber tenido el hijo varón que pueda convertirse en heredero. Los modernos vieron caer sus esperanzas con una princesa que primero tuvo escasas apariciones públicas y luego se sumió en una depresión que la tiene prácticamente oculta para la ciudadanía desde hace nueve años, un estado que no parece proclive a cambiar.

"ASFIXIANTE". Una fiesta organizada para agasajar a la infanta española Elena en su visita a Tokio en 1986 es el momento señalado donde el príncipe heredero se cruzó por primera vez con Masako. Ella lo cautivó por su inteligencia y su carácter. Él descubrió que tenían una forma de pensar muy parecida. Le costó conquistarla. Finalmente, tras largas conversaciones esta mujer que habla seis idiomas, hija de un exviceministro de Exteriores, egresada de las universidades de Oxford y Harvard, con un cargo en la Cancillería y una prometedora carrera, decidió dar el sí.

Lejos de las multitudinarias y mediáticas ceremonias de las casas reales europeas, la boda entre Naruhito y Masako se desarrolló en la intimidad de una tradición que considera que el misterio preserva los ritos, mientras los 800 invitados esperaban en silencio en un templo. Luego, la pareja posó y saludó feliz.

Ese 9 de junio de 1993 marcaría un punto de inflexión en la vida de Masako. Tuvo que acostumbrarse, por ejemplo, a caminar un par de pasos detrás de los emperadores y de su marido y a vivir en una rígida casa imperial, donde más de mil empleados están atentos a todos sus movimientos. Esa atmósfera ha sido catalogada por varios medios de prensa de comunicación occidentales como "asfixiante". Incluso, señalaba BBC, para poder llamar a sus padres debía contar con la aprobación de un numeroso séquito de funcionarios. Tampoco le estaba permitido salir a visitar a familiares o amigos. Ella llegó a comentar que le era difícil poder encontrar un equilibrio entre su personalidad y la tradición. Los medios de comunicación comenzaron a llamarla "la princesa escondida".

Puertas adentro, Masako vivía una intensa presión. Toda la atención estaba centrada en que consiguiera quedar embarazada. A fines de 1999 la Casa Imperial confirmaba que la princesa tenía "síntomas de embarazo". La expectativa por un heredero creció, pero duró poco tiempo; tuvo un aborto espontáneo.

En abril de 2001 nuevamente se anunciaba que la princesa estaba embarazada. Esta vez la gestación llegó a buen término y el 1° de diciembre nacía una niña, Aiko. Pero Masako estaba lejos de conseguir ser feliz. Pese a querer criar a la pequeña en un ambiente lo más normal posible, la "urgencia" porque la pareja tuviera un hijo varón, que pudiera convertirse en heredero, les hizo la vida difícil. El debate sobre la conveniencia de efectuar cambios legales para permitirle a una mujer llegar al trono se instaló, pero la presión no disminuyó.

Fue en 2003 cuando su delicado estado de salud comenzó a hacerse público. Le diagnosticaron un trastorno adaptativo, con síntomas de depresión y ansiedad, que vincularon con el abrupto cambio de vida. "Desde mi matrimonio, hace más de 10 años, he intentado hacerlo todo lo mejor posible, bajo una gran presión, en un ambiente poco familiar. Sin embargo, mi salud ha sufrido por la acumulación de fatiga mental y física", dijo. Y su marido la respaldó. Calificó de "aislada" y "poco estimulante" la vida palaciega e incluso afirmó que hubo "actuaciones para negar la carrera de Masako y su personalidad".

Primero fue hospitalizada por un herpes zóster y después buscó refugio durante un mes en casa de sus padres en las montañas de Karuizawa. Regresó al palacio pero su situación no mejoraba. No asistió a la boda de Felipe de Borbón con Letizia Ortiz, un gesto que llamó la atención porque se conocieron justamente en una recepción a la infanta Elena y porque era un modo de viajar y despejarse. Pero no estaba en condiciones de hacerlo.

A fines de 2004 se anunció su regreso a la vida pública, pero esa situación se esfumó rápidamente. Naruhito pidió paciencia y pronosticó una recuperación lenta, a "largo plazo". Claramente tenía razón.

Desde entonces, poco se ha sabido y mucho se ha escrito de Masako, la "princesa cautiva" o "la princesa triste". Incluso, la comparan con Diana de Gales. "Se ha ganado la simpatía del pueblo, que la ve como una mujer moderna de gran formación que es desaprovechada para hacer de ella una prisionera virtual de su principal deber dinástico, dar un varón al trono", escribía El País de Madrid. Mientras, The New York Times calificaba su situación como uno de los "dramas más desgarradores pero misteriosos".

La princesa apareció en público en contadas ocasiones, como la visita de los reyes de España en 2008 y para un saludo de fin de año en 2009. Luego, sí tuvo fuerzas para ocuparse de los problemas que enfrentó su hija Aiko: fue víctima de violencia por parte de otros niños de su escuela. Eso llevó a la princesa a sentarse junto a ella durante las clases, un gesto que volvió a poner a la familia real en el tapete. "Mucha gente no va a querer que una familia tan poco saludable se convierta en emperador y emperatriz", escribió Akira Hashimoto, excompañero de escuela del emperador Akihito, quien ha escrito varios libros sobre el tema.

En los últimos tiempos su estado parecía comenzar a revertirse. Masako acompañó varias veces a su esposo a visitar a víctimas del terremoto y tsunami que azotó a la isla. Aiko cada vez asiste a más clases sola y su situación tiende a normalizarse. Esos signos habían hecho especular con que la princesa retomaría su vida pública, pero esta semana sus médicos volvieron a echar por tierra esa posibilidad. "Su salud puede agravarse con facilidad debido a la fatiga acumulada", dijeron. Y otra vez volvió a estar en boca de todos.

EN LA BÚSQUEDA DE UN HEREDERO

Sucesión y debate de la dinastía más antigua

El 9 de junio de 1993 los flamantes marido y mujer posaban felices para el mundo tras su boda. Luego, la pareja sufrió una fuerte presión por no haber tenido un hijo varón.

La dinastía japonesa es la monarquía hereditaria continuada más antigua del mundo. Japón aplicaba un sistema de doce concubinas, designadas por familias nobles, que garantizaba un heredero varón. Los hijos que nacían de esas relaciones eran criados por las familias que habían enviado a sus hijas para ese fin. El emperador Hirohito fue quien abolió este sistema de amantes oficiales en 1924, el mismo año que se casó con Nagako. La pareja tuvo cuatro hijas e Hirohito fue presionado para regresar a la modalidad anterior, según El País de Madrid. Aceptó y así nacieron el actual emperador Akihito y su hermano, el príncipe Hitachi. La Constitución de Japón indica que la sucesión debería ser dinástica y de acuerdo con la ley de la casa imperial. Esa norma señala que esa condición sólo la tienen los hijos varones. Tras el nacimiento de Aiko, surgió el debate sobre si permitir la sucesión al trono de las mujeres. Incluso se creó una comisión para estudiar el tema. Pero el nacimiento en 2006 del príncipe Hisahito, primo de Aiko, pareció poner fin a la discusión.

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