Inventos de la memoria

| La presión social logra que un hecho inexistente se grabe en el cerebro cual verdadero. Las personas pueden influir y alterar los recuerdos de los otros.

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EL MERCURIO SEBASTIÁN URBINA

El querer ser parte de la mayoría tiene su costo. Porque al adecuarse a la opinión dominante, las personas pueden estar distorsionando sus propios recuerdos o, incluso, adoptando como suyos algunos que nunca vivieron.

Y no se trata de estar ante una persona honesta y otra que se miente a sí misma. Así lo demuestran los mecanismos cerebrales que explican esta situación, los que fueron estudiados en 30 personas con resonancia magnética por investigadores del Instituto Weizmann de Ciencia, de Israel, y de la University College London, del Reino Unido.

"Sabemos que el hecho de adecuar nuestros recuerdos con los de otras personas es un mecanismo adaptativo, ya que lo habitual es que nos permita corregir los hechos en un sentido positivo en lugar de falsificarlos", dice Micah Edelson, neurobiólogo que participó en la investigación. Pero la influencia social también puede funcionar en el sentido contrario, haciendo que recordemos algo inexistente o incorrecto.

Falsos recuerdos. Lo importante es saber que los recuerdos no son una fotografía o un video, que después de un tiempo recuperamos y siguen idénticos. Por el contrario, "la memoria se va transformando de acuerdo al contexto, por lo que cada vez que recordamos algo esto se va matizando y cambiando", dice Francisco Aboitiz, director del Centro de Neurociencia de la Universidad Católica de Chile (UC).

Este fenómeno toma más fuerza cuando estamos en una reunión familiar o de amigos, ya que son contextos sociales donde muchas veces la conversación gira en torno a recuerdos que vuelven a ser procesados en el grupo, para adquirir nuevos significados. "Esto puede ser positivo para aprender, si después de la clase se reúnen los estudiantes y revisan los contenidos", dice Lorena Araneda, del Programa de Memoria de la Facultad de Medicina de la UC. Y agrega: "Pero puede ser negativo a nivel legal, cuando el testimonio de un testigo se contamina con otros".

El rol de la amígdala. Según lo demuestran las imágenes cerebrales de la investigación, cuando se comparte en grupo se activa el núcleo nervioso conocido como la amígdala, que es la que da el "sello" de credibilidad al recuerdo que los demás proponen para que la persona lo acepte como verdadero. Es lo que muchas veces sucede con las "exageraciones" de quien cuenta una historia para capturar la atención de quienes escuchan.

Este papel que juega la amígdala era desconocido hasta hoy, ya que sólo se le asociaba al miedo y al estrés. Pero si la misma persona acepta como verdadero un recuerdo falso que se le propone a solas, por ejemplo a través de la pantalla de su computador, la actividad de la amígdala es baja. En su lugar se activa con más potencia otro núcleo cerebral conocido como el hipocampo, que está a cargo de los recuerdos de corto plazo o pasajeros.

"Somos animales sociales y estamos expuestos a la influencia de los demás constantemente, al punto de cambiar nuestra memoria", destaca Edelson. "Esto puede afectar los fenómenos sociales; por ejemplo, cómo las personas recuerdan hechos políticos pasados", concluye.

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