TOMER URWICZ
LA VIDA CON UN IDÉNTICO
Leonardo no se presentó al examen. En su lugar fue su hermano Fabricio. El novio de Claudia llama a la casa de ella, dice "¿Mi amor?" y lo atiende Cecilia. A Gabriela la operaron de la rodilla y su gemela, Andrea, sentía mucho dolor, como si la estuviesen interviniendo a ella. Y todo por tener un idéntico.
A golpe de vista cuesta distinguirlos. Miran las fotos de la infancia y casi no se reconocen. Comparten todo. Y, a veces, hasta gustan de la misma persona. Son genéticamente idénticos y, por más que insisten, no siempre alcanza con conocerlos para encontrar las diferencias.
¿Quién es quién? Así comienza la conversación con los gemelos idénticos. O monocigóticos. O mellizos. Porque en castellano "ambos términos tienen el mismo significado", dice el psiquiatra Miguel Ángel Cherro, experto en el estudio de gemelares.
Nacieron con unos minutos de diferencia, pero fueron concebidos en el mismo acto de fecundación. Son el resultado de la fusión de un único espermatozoide con un óvulo. Por eso, por los nueve meses en una misma bolsa y por toda una vida de a dos, las similitudes despojan a todo contraste.
Los Chaves (foto de tapa), en cambio, marcaron un quiebre a los 16 años. Cansados de ser "los melli" pusieron una impronta diferenciada en la forma de vestirse, de peinarse y de ser. "Mi hermano es más liberal y de poco compromiso, y yo soy más conservador en las relaciones", cuenta Fabricio, quien nació segundo por cinco minutos. Pero, así como la manzana no puede caer muy lejos del árbol, menos pueden distanciarse los gemelos. La fama los volvió a encontrar y hoy son parte del reality argentino Gran Hermano. En la televisión pasaron a ponerse las mismas prendas, como lo hicieron durante toda su infancia. Siempre conscientes de que "como producto rinden en combo", afirma Fabricio.
Las Acosta, sin embargo, tuvieron su distancia estética desde el vamos. Usaban ropas distintas o, al menos, con diferente color. Fueron inscriptas en clases separadas y dormían cada una en su cama. En los primeros cumpleaños la madre les preparaba una torta individual o, a los sumo, una única que tuviese los nombres en los costados. Pero el envase no puede ocultar el contenido y por más búsqueda de diferenciación la gente se las confunde en la calle, en el centro de estudios y hasta en su propia casa.
De pequeñas la madre, por consejo de un médico, les colocaba una pulsera para identificarlas. Solo se las quitaba para los baños y ellas dicen, entre risas, tener la firme sospecha de que quizás algún día en una distracción Andrea pasó a ser Gabriela y viceversa. Acostumbradas a que todos las pongan en la misma bolsa como si fuesen una única persona, son una dupla perfecta. A sus 25 años comparten el sueldo, el cuarto, el ropero y el encanto por la torta de frutilla. Cuando salen a comer ya saben lo que quiere la otra. Tienen una única cuenta de Facebook para las dos y tuvieron que crearse mails separados en 2008, por razones de estudio. Una hace medicina y la otra veterinaria porque le "asusta pensar que algún paciente se le puede morir".
Cecilia y Claudia también estudian carreras independientes. Pero siguen manteniendo las amigas en común. Es que siempre fueron invitadas de a dos y las llaman "las melli". Toda la infancia estuvieron en clases separadas hasta que se juntaron en el bachillerato para luego volverse a distanciar en la facultad. Aun así estas hermanas de 22 años recién pudieron dejar de convivir juntas hace nueve meses. Cecilia, quien nació segunda, fue la que dio paso a la separación, cansada de las rutinas distintas que llevaban. En lo demás son idénticas. Comparten las mismas iniciales, el primer nombre (María) y todos los apellidos. "Un estudio muestra que el 79% de los gemelos reciben nombres con sonidos similares, que comienzan con la misma letra, o que tienen la misma cantidad de sílabas, acentuados sobre la misma sílaba, o nombres que riman o se complementan", indica Cherro.
El cambio de nombres es algo que a ellas les molesta, al igual que cuando son tratadas como si fuesen una única persona. "Los regalos para las dos, la culpa de las dos, y todo de a dos", dice Cecilia indignada. Y Claudia agrega: "Los invitados te regalan lo mismo, a reventar cambian el color, para que la otra no se enoje". Creen que son opuestas, pero no. "Ella es más de hablar y yo soy más callada", afirma Claudia. "Ella me copiaba en la escuela y dependía de mí", se queja. Cecilia, en tanto, es la que va al frente para dialogar. A tal punto de que es la indicada para quitarse del medio a algún chico que las provocaba. Insisten en que son como agua y aceite, ponen de ejemplo las diferencias en los gustos musicales. Pero no. Ambas tienen hipertiroidismo, problemas en molares y el mismo talle de ropa (punto que es motivo de disputas).
Los uruguayos de Gran Hermano también se pelean por esas sutilezas. "Me agarraste una remera nueva que yo todavía no estrené", es una clásica disputa entre ambos. La otra es por usar el cargador del celular del hermano sin pedir permiso. "Leo es un gemelo muy especial: me pelea por todo, es su forma de demostrarme cariño", comenta Fabricio.
ESPEJITO, ESPEJITO. "Cuando no sé qué ponerme le pido a Andrea que se vista. Le saco y le agrego prendas. Cuando me convencí, le quito la ropa y me la pongo yo. Es como mi espejo", dice Gabriela. Fuera del hecho simbólico, los mellizos se confunden durante un largo tiempo en el espejo su imagen con la del hermano. "Dos chicas gemelas de unos siete años me desafiaron en una consulta para que adivinara cuál era cuál. Guiándome por una cicatriz que tenía una de las hermanas arriesgué y acerté. Pero ellas sostenían que yo le había errado. Lo que sucedió fue que se habían cambiado los abrigos y hasta ellas mismas entraron en confusión", recuerda el psiquiatra. Esta alteración es alentada por el entorno. Para todos son "los gemelos". Para todos ambos piensan igual. Y para todos lo que le sucede a uno repercute en el otro. Hasta el dolor.
"Si mi hermano se pincha no voy a llorar yo, aunque sí capto cuando está mal y siento angustia", dice Fabricio. A las Acosta les ocurrieron dos hechos singulares. "Cuando a Gaby la operaron de la rodilla yo no podía más del dolor. No encontraba ninguna posición. Me paraba y sentaba", cuenta Andrea. "Otra vez ocurrió que una estaba en el baño con malestar y la otra se despertaba sabiendo que algo ocurría", agrega. Sin embargo, la magíster en Biotecnología con énfasis en genética Mónica Cappetta asevera que "el dolor no tiene base genética".
Sí la idéntica constitución marca que las similitudes en la forma de ser son muchas. Y también los mecanismos de reaccionar por haber compartido toda la vida de a dos. "Si bien el confundirlos y no diferenciarlos constituyen hechos negativos, tampoco se trata de crear a ultranza instancias diferenciadoras enérgicas, tajantes y rígidas", advierte Cherro. Las Capotte no aguantaron más. Un día Claudia se cortó el pelo tipo "varoncito" para diferenciarse. Luego se tiñó de rubio. Pero no había caso: para el resto seguían siendo "las melli" con distinto color. Tan parecidas que a sus pretendientes les cuesta jugársela por una.
SEXUALIDAD. Incluso, los expertos debaten sobre cuánto influye la similitud genética sobre los intereses sexuales. A Cecilia y Claudia les ha pasado de tener los mismos gustos por los chicos. Ahora, al moverse en ámbitos diversos tienen la posibilidad de conocer a personas distintas. De hecho, Claudia está en pareja y su hermana asegura no tener celos. "Al comienzo sí sentí un cosquilleo porque me quitaba una parte mía. Además, antes era yo la que tenía noviecitos", agrega. Ambas solían aprovechar la similitud de la voz para despachar telefónicamente a aquel con quien no querían estar. "A los hombres es para matarlos, dicen que se enamoran de las dos y les da lo mismo con cuál estar", asegura Claudia.
A los hermanos Chaves les pasa algo similar. "Luego de estar en la tele hay gente que nos carga a los dos, buscando una fantasía de trío", dice Fabricio. Eso les molesta mucho. Sienten que son dos personas distintas y que los otros hacen de la pareja "un morbo". Sí les pasó de gustar de la misma persona, aunque tratan de que no. "En un boliche jamás cambiamos de pareja, porque somos celosos y egoístas", añade.
Para ellos la genética pesa en la identidad sexual. "Por algo somos los dos gays", dice Fabricio. "La homosexualidad se da mucho más en varones monocigóticos que en dicigóticos y en mucho menor grado en parejas de distinto sexo; también es menor la proporción de homosexualidad en mujeres mono o dicigóticas", señala Cherro. En contraposición, para la bióloga "no está comprobado científicamente que la homosexualidad tenga su base genética. Por tanto, tampoco se puede decir que existe una mayor probabilidad en los gemelos de ser homosexuales por razones genéticas".
Pero ser gemelos tiene su ventaja a la hora de `salir del armario`. "El momento de contar de nuestra homosexualidad comenzó con una exposición del uno al otro. Nos peleábamos y dejábamos al otro al descubierto. Luego, Leo se confesó y a mí se me hizo todo más fácil", recuerda Fabricio.
SON DOS. "En la primera ecografía quedé en shock", dice Graciela Etcheverry, madre de mellizos y directora del Instituto Perinatal del Uruguay. El ecografista le indica: "Acá hay un bebé", mueve el aparato y agrega: "Acá hay otro". Ella grita. Su marido no estaba en la sala. Y, para colmo, el técnico acota: "Dejame fijarme si no hay otro".
Los médicos le explicaron la situación y le advirtieron que existía la posibilidad de que uno de los dos no naciera. "Es común que en la primera ecografía se detecten dos embriones y luego alguno se pierde", explica Cappetta. Por eso los técnicos tienden a ser precavidos a la hora de confirmar un embarazo múltiple y en la inseminación artificial está limitada a la implantación de máximo tres óvulos.
Sin embargo, no se puede atribuir el aumento de los nacimientos múltiples que se dieron en las últimas décadas exclusivamente a las técnicas artificiales, sino que existen factores ambientales y fundamentalmente la edad de la madre. "Está demostrado que existe la posibilidad de que por condiciones de estilo de vida y aspectos genéticos la mujer ovule más y por tanto pueda tener mellizos", asevera la bióloga.
Por todos estos condicionantes y por la sorpresa de esperar a dos bebés a la vez, Graciela y su marido tuvieron miedo. Con el paso de los días y lecturas mediante, fueron resolviendo sus dilemas: ¿Cómo vamos a hacer para lidiar con dos? ¿Tendremos suficiente amor para los dos? Y las inquietudes se trasformaron en euforia.
Los bebés nacieron con tres kilos cada uno, en un parto vaginal. Una excepción. De cada 1.100 nacimientos múltiples en promedio que registra por año el Ministerio de Salud Pública, 1.000 se realizan por cesárea. Es el caso de Gabriela y Andrea que nacieron con ocho meses de gestación y luego de que su madre haya estado unos cinco meses en quietud.
Una vez que los hijos están en casa la crianza se transforma en un aprendizaje del día a día. A veces duermen en cunas separadas, otras la única manera de cortar con el llanto es juntarlos. "Al principio amamantaba a los dos al mismo tiempo. Luego era uno un tiempo y luego al otro. Ahí me venía la disyuntiva de a cuál primero: los dos quizás tenían hambre", recuerda Graciela. Pero sus mellizos están felices de tener una compañía desde el vamos. Como también lo están Gabriela y Andrea, Fabricio y Leonardo, Cecilia y Claudia.
Las Capote no podrían concebir la vida sin la otra. A las Acosta las aterra pensar en la muerte de alguna de ellas. Los Chaves se inquietan por cuál de los dos se irá primero. Están preparados para el fallecimiento de cualquier otro familiar, incluso un padre, pero el deceso de un gemelo sería despedir a una parte de sí mismo. Y dejarían de vivir con un idéntico.
La información compartida
Las idénticas constituciones genéticas de los gemelos monocigóticos los convierte en modelos para el análisis científico. Esta forma de gestación proviene de la fusión de un espermatozoide con un único óvulo. Ese "huevo" dará lugar a dos embriones que comparten el 100% de la información genética. Por eso serán del mismo sexo, tendrán idénticos rasgos al nacer y portaran las mismas enfermedades genéticas. Los disigóticos, en cambio, son parte de actos de fecundación diferentes que, incluso puede darse en distinto momento. Estos gemelos no idénticos pueden o no estar en la misma bolsa y coincidir o no en el género. Solo compartirán 50% de la información genética, igual que cualquier par de hermanos, dice la bióloga Mónica Cappetta.
Cómo criar a dos gotas de agua?
A pesar de su parecido, los gemelos son personas distintas y se los debe tratar como tal. Los especialistas aconsejan llamarlos a cada uno por su nombre (en lo posible que sean bien diferenciables) y no aludir a ellos como "los mellizos" o "los gemelos". La separación también debe marcarse en la forma de vestirse (sobre todo cuando uno de ellos no quiere usar la misma ropa), el peinado, la torta de cumpleaños, la cama en que duermen y la clase de escuela, siempre que exista más de un grupo. Por más peleas que puedan surgir, conviene que cada uno obtenga un juguete distinto y en todo caso el mérito será que aprendan a compartir. Lo mismo sucede con sus gustos y potencialidades: se debe alentar al desarrollo individual de cada uno, respetar sus tiempos y no hacer comparaciones tediosas sobre quién es mejor que quién. No es necesario que hagan todo de a dos. Deje que vayan a dormir a casas de amigos distintos. Y evite que el padre se ocupe de un hijo y la madre del otro.
ENTRE LA BRUJERÍA Y lA NOBLEZA
La ecografía confirma la presencia de dos embriones. A veces, los padres entran en shock. Sus miedos y fantasías se entremezclan en razón de segundos. ¿Podré con ambos? ¿Seré capaz de querer a los dos? ¿Qué significa que fecundé gemelos? Son preguntas recurrentes. El conseguir la respuesta y, sobre todo, la aceptación de la realidad se transforma en un proceso que varía según la personalidad de la pareja, pero también de la cultura en que se está inmerso.
Los nacimientos múltiples son una aproximación del humano al animal, los cuales suelen tener varias crías, indica el psiquiatra Miguel Ángel Cherro. En su libro ¿Acaso mellizos? (Editorial Roca Viva), el especialista enlista algunas reacciones que suelen presentarse en las distintas sociedades. Así los bagandas (África Central) reconocen una sorprendente fecundidad en los padres de gemelos. En Kuyu (África Negra) la madre de mellizos pierde su nombre y pasa a obtener un título de nobleza. Vestirá y será reconocida como tal por el resto del colectivo.
En Bunyoro, Uganda, se conmemora "la fiesta de los mellizos" (kusera mahasa). Es un ritual caracterizado por un intercambio de obscenidades entre los progenitores que aluden recíprocamente a comer vagina y pene propios, explica el psiquiatra Cherro.
Para otras culturas, sin embargo, estos nacimientos no son motivo de festejo. Los mossi matan al padre de los mellizos si estos son nenas y a la madre si son varones. En el caso de que sean uno de cada sexo será motivo de profecía. Por el contrario, los Bahaya detestan la diferencia de género y pueden matar a ambos bebés en ese caso.
Los indios apaches asesinaban a uno de los recién nacidos por entender que el nacimiento múltiple es una brujería. En otros países la matanza responde a un simple mecanismo de bajar la tasa de natalidad.
En ocasiones los nombres de los mellizos pasan a ser un símbolo. Los indios canadienses usan nombres de peces o aves con hábitos de vuelo bajo.
En la cultura occidental la tenencia de gemelos es también movilizadora. Los padres especulan con una mudanza y muchas veces llegan a concretar este cambio de vida. Es que no es fácil asimilar que no es uno, sino dos.
LAS CIFRAS
1
De cada 80 nacimientos es múltiple. En Uruguay cada año hay 1.100 nacimientos de este tipo, según el MSP.
20%
De los gemelos son idénticos (monocigóticos). Fueron formados por un solo espermatozoide y un único óvulo.
17
Minutos es el tiempo en promedio que separa el nacimiento del primer y segundo gemelo, siempre que no sea por cesárea.