Chris, por otra revancha

| En solo tres años, con carisma y logros, hizo popular al boxeo femenino, pero también se volvió blanco de críticas feroces. Chris Namús habla del retiro que no fue, su relación con la política, las burlas de Bendita TV, la denuncia a Comunales y responde a los que subestiman sus títulos.

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GABRIELA VAZ

Te tiene que gustar que te peguen. Aparte de pegar, eh". Sentada en un banquito pegado al ring de un gimnasio en Malvín, Christian Ariadna Namús habla de golpes. De todo tipo. De los lanzados con guantes y de los otros, infinitamente más dolorosos, realizados con palabras. Es que de esos últimos se ha vuelto experta desde que se transformó en una cara ultraconocida, tres años atrás.

Es prácticamente imposible encontrar a un uruguayo que no conozca a esta boxeadora de apenas 23 años -cumple 24 el 3 de octubre- que alcanzó una súbita fama cuando el 19 de julio de 2008 se convirtió en la primera pugilista local en obtener un título mundial. Nadie dudó entonces en ensalzar a la responsable de que el país volviera a adueñarse, al fin, de un campeonato del mundo, aunque fuera en una disciplina a años luz de ser masiva.

El apócope Chris se volvió así sinónimo de boxeo por antonomasia. Portadora, además, de una femineidad discordante con su rol y de un carisma comprador, a los 20 años y de un día para el otro su rostro ocupó espacios en páginas de diarios y revistas, televisión (incluso la convocó Gerardo Sofovich), publicidades y programas de gobierno, tal el caso del "KO a las drogas".

Pero llegó la comezón del séptimo mes y el romance inició su declive. En marzo de 2009, se supo que su novio de entonces, Matías Giudici había sido contratado por Antel, la empresa estatal de la que ella era la cara comercial, algo que también se ató a su adscripción explícita a Tabaré Vázquez. En abril del mismo año, fue su alejamiento de sus managers José María Vanrell y Sebastián Amaya bajo la nada sugestiva bandera de "KO a la corrupción" y el manejo, para algunos desprolijo, de esa situación mediante una confusa conferencia de prensa. En marzo pasado, ocurrió su polémica victoria frente a la española Dolores "Loli" Muñoz, que todos los entendidos dieron como fraude. A principios de este mes, fue el anuncio formal de un retiro del deporte, que finalmente duró solo unas horas. Hasta su vida sentimental estuvo en el tapete, debido a su relación con el periodista deportivo Damián Herrera. Y en el medio, del árbol caído, la leña: cada vez más voces asegurando que, en realidad, los dos títulos mundiales obtenidos por ella -además del juvenil de 2008, consiguió otro a nivel de mayores en febrero de 2010, nuevamente algo inédito para el boxeo uruguayo- no son "importantes". Sucede que en este deporte conviven varios campeones mundiales en simultáneo, ya que hay varias organizaciones que entregan ese título, aunque solo cuatro cuentan con prestigio y reconocimiento en todo el planeta. Los títulos de Namús no fueron otorgados por ninguna de esas cuatro federaciones.

En esta entrevista -en la que tras escuchar la introducción de la periodista comentando los temas que espera tocar, acota con naturalidad: "Hablamos de lo que quieras"- la princesa del box, uñas pintadas de rojo, cabello pronto para una publicidad de champú, modos delicados y locuacidad espontánea, responde sobre todos los golpes sin hacer cintura.

limpieza, ring, intrusos. "Te tiene que gustar que te peguen. Aparte de pegar, eh". Lo dice a las risas. Y es cierto. Cuando habla de sus peleas, el entusiasmo le gana. Antecedido siempre de un "si ves el video", repasa momentos de cada una, las ganadas, las perdidas y los segundos inolvidables: "cuando me doy vuelta", "me llega una mano y yo miro a la izquierda", "segundo round, estaba contra la cuerda y ahí...", y escenifica y gestualiza y representa y explica.

No sabe por qué, pero siempre eligió la confrontación. Desde los 6 años: karate, taekwondo, full contact. Quiso probar rugby, pero a ese club de Tobi no la dejaron entrar. Con el boxeo casi le pasa igual, pero esa puerta se la abrió con maña. A los 16 años, con diez kilos más que ahora, buscaba nueva actividad física y tras mirar la película Golpe de mujer se inspiró. Solo que ningún gimnasio la aceptaba. Encima de mujer, era rellenita y con cara angelical. Hasta que en un club de la Aduana se topó con el que luego sería su primer entrenador, Antonio Canedo. Él no la quería anotar, pero en la charla descubrieron que ambos eran de La Teja y que conocía a la abuela de Chris. "Le entré por ese lado y me anotó. A los 15 días me dijo para hacer guante (pelear con una compañera), quedó copado conmigo y ya me buscó una exhibición para hacer", recuerda ella.

Asegura que con el boxeo fue amor a primera vista. Volvía a la casa con el ojo negro y la boca hinchada de lo más contenta, frente a la incredulidad de los padres, sobre todo de la madre, quien en la primera exhibición, embarazada de siete meses, casi adelanta el parto en el Parque Hotel. "¡Me la van a matar!", se ríe Chris que pensaba su mamá. Pero ella, con sus 16 años, gordita y cara aniñada, noqueó a la varonil rival en el primer round. El primer susto se lo llevó con un golpe en la nariz. "¿Alguna vez te pegaste en la nariz? Es horrible, ¿verdad? Te lloran los ojos". Cuando unos años más tarde, mientras trabajaba en una empresa de limpieza y comenzaba a estudiar Licenciatura en Bioquímica en la Facultad de Ciencias, tuvo la oportunidad de dedicarse al boxeo profesionalmente, las dudas, que sí tuvo, se despejaron rápido. "Pensé que el momento para el boxeo era ese, porque un deporte tenés una edad para practicarlo, y el estudio lo podés retomar siempre. Era tirarme a una pileta enorme sin saber si tenía agua, porque el boxeo femenino en este país casi no existía".

Y resultó que la pileta tenía agua y hasta acceso a otras piletas. Más de una vez le han propuesto conducir televisión y hasta participó, en 2008, de La noche del domingo, el programa de Gerardo Sofovich en Argentina, donde competía al bowling con Cinthia Fernández, Rocío Marengo y anatomías del estilo. En ese entonces le llegaban invitaciones continuas de programas chimenteros porteños, como Intrusos, ofreciéndole pasaje y estadía para aparecer como invitada, pero una y otra vez ella explicaba que tenía que entrenar, que sólo viajaba a Buenos Aires los domingos y se volvía a primera hora del lunes, que no tenía tiempo. De haber seguido ese camino, quizás hoy estaría en Bailando por un sueño. Pero no, "no había chance", dice ella. Por ahora, lo suyo es el ring.

derrotas. Chris Namús obtuvo su primer título mundial en apenas su sexta pelea como profesional. Tan abrupta fue la subida, que la primera caída dolió más: en agosto de 2009 perdió su invicto frente a la colombiana Leli Flores, donde además disputaba el título mundial de peso superligero del Consejo Mundial de Boxeo (ahí sí, una de las cuatro organizaciones más reconocidas). Dice que fue, lejos, la pelea de la que más aprendió. "Estuvo salado, por la manera. Primera derrota, por knock out (KO) y en el primer round; o sea, todo mal. No me lo esperaba. Estaba preparada, con todas las pilas, y dije `ta, me tiene que ir bien`. Pero no, esa vez no me fue para nada bien. Y fue raro. Todo el mundo criticó que yo había subido (al ring) riéndome, como festejando de antemano, y la verdad no; si mirás todas mis peleas anteriores, siempre subía así, riéndome. No festejando pero sí disfrutando. Trabajo muy duro en el gimnasio y si bien es lo que me gusta dejo mucho sacrificio, esfuerzo, sudor. La noche del disfrute para mí, lo que realmente me gusta, es pelear. Entonces siempre subía con una sonrisa, contenta. Y mucha gente le echó la culpa a eso. (...) Fue uno de los KO más feos que se han dado en mujeres en general a nivel mundial. Estuve casi dos semanas sin salir a la calle, sin hablar con nadie, hasta que empecé a superarlo. Es como todo, hay que aprender a perder también. El tema es si se da cuando uno no lo espera o en el mejor momento de uno. Aparte venía del conflicto de la separación de los representantes, había estado en la boca de todo el mundo y encima en la siguiente pelea me toca eso. Iba cayendo y terminé allá abajo".

-Este año se habló mucho de la pelea frente a Loli Muñoz (ver nota arriba). ¿Quedaste conforme con la revancha? ¿Cerraste el capítulo?

-Sí, totalmente. La preparación y la manera de verlo fueron otras. Desde que perdí (con Flores), me habían enseñado a no subir más riéndome. Entrar seria, concentrada, mirar mal al rival, no saludar. Antes subía al ring y, además de que llegaba riéndome, le daba un beso a mi rival. Después de la primera derrota no me dejaron. "Cuando termina la pelea si querés abrazala, pero antes no". Para la segunda pelea con Muñoz, le dije a Gabriel (Belela): "Quiero ser como antes, disfrutar la pelea. Matame en el gimnasio, dejo todo en el entrenamiento, en el descanso, en las comidas, pero esa noche quiero subir y disfrutarlo". Fue así: nos matamos entrenando, con los mejores sparrings que podíamos conseguir, pero en la concentración ya era un disfrute, divirtiéndonos. En el camarín pedí música y estaba meta cantar y bailar. Y subí riéndome, fui al rincón a saludarla, tal cual era yo. Para mí fue la mejor pelea que tuve hasta ahora, no le sacaría nada.

-Cuando tú y tu representante Sebastián Revetria anunciaron la decisión de dejar el boxeo, hablaron de falta de apoyo gubernamental. De afuera, da la impresión de que has tenido mucho apoyo.

-Nosotros no nos retiramos por falta de apoyo gubernamental, que fue lo que se malinterpretó y la vuelta que le buscaron para decir: "Ah, pero vos fuiste re apoyada por el gobierno", cuando en verdad sí lo fui, y sí dejé de serlo cuando cambié de representante. Pero nunca lo reclamé porque gracias a Dios los espónsores que tenemos ahora y Sebastián no dejan que me falte nada. Nosotros decíamos que no nos pusieran trabas, porque para armar una velada había que pagar un impuesto a la IM, dejar un depósito, pagar un impuesto a la Federación (Uruguaya de Boxeo, FUB)… cosas que a otros deportes no se les hacía. Pero no era que queríamos plata ni nada. Y la gota que rebasó el vaso fue que la Federación dijo que no reconocía el título que tengo. Fue por eso. La FUB no cambió su postura, pero bueno, cambiaron el tema de los impuestos.

-¿Qué opinas sobre los que subestiman los títulos que has conseguido por no ser de las grandes federaciones de boxeo?

-El título juvenil que gané es de la federación más importante de boxeo femenino (la Asociación Internacional de Boxeo de Mujeres, WIBA por su sigla en inglés). Así que de ese, de verdad, no pueden decir nada. Del siguiente, que es de mayores, es de una federación que no es tan conocida como el Consejo (CMB), la Organización (WBO), la Asociación (WBA) y la Federación Internacional (IBF). Esos son los cuatro más reconocidos porque son los que pelean los grandes campeonatos en Las Vegas. Pero los otros se pelean a nivel mundial, son cinturones igual. La diferencia es… no sé, en lugar de tener una Copa del Mundo, ganaste una Libertadores. Y bueno, es verdad. La FUB no quiere revalidarlos y para mí está mal porque, a nivel uruguayo, boxeadores que puedan pelear títulos de esos cuatro no hay. Si no soy yo o Noé González, no hay boxeadores que tengan chance, porque hay que estar ranqueado en determinados lugares para poder pelearlos. Entonces tenemos campeonatos, tanto yo como (Cecilia) Comunales que no quieren reconocer no sé por qué, porque a ellos se les ocurre, cuando en verdad sabemos que no hay material, ni madera ni fibra para conseguir cosas mucho más importantes. Estamos matando lo poco que tenemos. Yo igual voy a pelear, en febrero, un título del Consejo, que de esos cuatro es el más importante.

-¿Y para ti significa más?

-Sí, por supuesto. Todo boxeador sabe que esos títulos son los más importantes y no es lo mismo uno de los que yo tengo que esos. ¡El Consejo es lo máximo! Sería tener el cinturón que tuvo Alí.

-Se asoció mucho tu imagen a la del gobierno de Tabaré Vázquez. ¿Te importa ser franca en tus preferencias electorales?

-Me da lo mismo. Soy muy espontánea y de decir lo que pienso. En época de elecciones me preguntaron a quién votaba y yo respondí. Capaz que si hoy me preguntan prefiero no decir nada. También estaba con el tema del programa "KO a las drogas". Cuando se juntaron firmas para la reelección de Vázquez me preguntaron si me animaba a firmar y dije que sí, era lo que votaba, y cuando fui había cinco cámaras filmando. Ahora Sebastián maneja más mi imagen, qué hablar o qué no, pero en su momento yo opinaba de todo y no me daba cuenta. O sea, no era consciente de que era una persona pública y que lo que dijera iba a tener repercusión. Igual si me preguntás de política no sé nada.

-¿Te molesta que se hayan hecho públicos episodios que tienen que ver con tu vida privada, como tu ruptura con Damián Herrera?

-Yo empecé a salir con él y no me escondía, porque ¡sigo sin tomar conciencia que soy figura pública! (se ríe). Se empezó a correr el rumor, llegó a la prensa, nos empezaron a hacer notas. La cosa no funcionó, peleamos, todo el mundo se volvió a enterar y ahí sí… Me di cuenta: qué hago, nadie tiene que saber con quién estoy o con quién no, si funciona o no funciona.

-Se pelearon en Facebook.

-En Facebook, sí… (se muerde el labio inferior y luego se ríe). Otra vez: ¡no me doy cuenta que soy una figura pública! Fue una gurisada, te juro que nunca más lo hago, ni sé qué le puse y lo levantó todo el mundo (se ríe). Qué sé yo, muy gurisa me pasó todo. Hoy no estoy con nadie, pero la verdad que si me pasa prefiero no hablar. Es horrible porque soy muy espontánea y no me gusta esconderme; me gusta salir, andar, ir, venir y no lo hago para que no piensen mal, porque si me ven con un amigo capaz que piensan que estoy saliendo. No está bueno. Menos con 23 años; no puedo hacer más que ir al cine y dejo de hacerlo para que no me vean y digan cosas que no son. En algún momento, repudio un poco eso.

-¿Qué es lo mejor y lo peor que viviste en estos últimos tres años?

-(Suspira) Uff… Lo mejor es el cariño de la gente, que me pidan fotos, autógrafos, que señoras mayores me abracen, me den un beso y que niños chicos me digan que son fanáticos míos…. Y lo peor, todo lo contrario. Los comentarios negativos, que la gente tenga una imagen que no es la mía. Obviamente no soy moneda de oro para que todo el mundo me quiera. Pero me parece que últimamente es como demasiado y encima agarrado de algo que no es, una imagen errada que nada que ver.

La denuncia de Comunales

-En el programa Bendita TV se han burlado mucho de tu llanto en el último tiempo. ¿Te molesta, te divierte, te es indiferente?

-A mí me encanta el humor, de verdad. Me río mucho con todo. Estoy siempre de muy buen humor. Al principio, cuando estaba re dolida y empezaron a joder con eso, mucho no me gustó. Pero después dije: capaz que si fuera otro me río, ¿por qué no reírme de mí? Y cuando mis amigos me preguntaban "¿cómo estás?" para tomarme el pelo yo respondía "toy contenta" (emula la voz finita que le remeda Claudia Fernández y se ríe). Después sentí que la broma se ponía más y más pesada, que era casi un ataque personal y ahí dejó de gustarme... El otro día dijeron en Punto Penal que había una boxeadora que arreglaba sus peleas y no dijeron quién, pero a la noche en Bendita TV hicieron un informe donde asociaban eso con imágenes mías. Y yo no era. Entonces, me gustaría que pidan disculpas o lo arreglen de alguna manera. No creo que lo hagan. Eso es meter la pata y está mal. Pero ta… es todo perdonable.

-¿Y qué pensás de la denuncia que hizo la brasileña Adriana Salles (asegurando que le ofrecieron dinero para perder con Cecilia Comunales)? ¿Lo creés posible?

-Pah… la verdad, no sé. Yo las conozco a las dos -la brasileña fue rival mía- y me parecen excelentes personas. Así que no puedo decir nada, ni idea. Ojalá que no, por el bien del boxeo, por todos. Pero no sé. No puedo decir que Salles miente porque la conozco y no me parece una mujer capaz de inventar ese tipo de cosas. Pero está todo muy ahí, agarrado con pinzas. Es medio raro.

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