DANIELA BLUTH
Hace poco más de 80 años, cuando Bulevar Artigas disfrutaba de sus primeros años de vida y el puente que le da continuidad a la Avenida Sarmiento ni siquiera estaba en los planes, el arquitecto Julio Vilamajó decidió construir su vivienda en un pequeño predio esquina sobre la calle Cullen, una especie de rambla en una zona elevada en los alrededores del Parque Rodó. Absolutamente autobiográfica -como suele sucederle a los arquitectos- la casa se levanta como una torre defensiva de la intimidad de su vida doméstica, con influencia de los jardines del Generalife, la simbología masónica, la introversión y los balconeos del vienés Adolf Loos y el rigor geométrico de Le Corbusier, con quien compartió el proyecto para el edificio de las Naciones Unidas, poco tiempo antes de su temprana muerte, a los 54 años, en 1948.
Eficiente, fuerte, moderna in extremis, la vivienda sobrevivió no sólo a Vilamajó, sino a toda su época. Al no tener descendencia, quedó en manos de su única hermana, en la década del `70 pasó al Estado y en 1990 fue declarada Monumento Histórico Nacional. Funcionaron allí oficinas públicas de todo tipo y color, hasta que llegó a manos de Universidad de la República, que comenzó a pensar en el ideal de recuperarla y convertirla en una "Casa Museo", sueño que se concreta este jueves 26 luego de años de trabajo y varias decenas de miles de dólares destinados a la recuperación del edificio (con proyecto del actual decano Gustavo Scheps) y su mobiliario.
Así, la residencia de Vilamajó se suma a un selecto pero valioso grupo de viviendas de personalidades relevantes de la historia uruguaya que tienen abiertas sus puertas al público. Pero tiene una singularidad, al decir del arquitecto Aníbal Parodi, uno de los involucrados en el proyecto de recuperación e integrante de la Comisión de Casa Museo Vilamajó que funciona en el seno de la Facultad de Arquitectura: "Va a ser la primera casa moderna abierta al público como museo en sí misma, no hay otra igual en el país". El objetivo es que reciba al público en general (aunque no todos los días) y sobre todo a los estudiantes de arquitectura. "Hay generaciones enteras de alumnos y profesionales que no la conocen".
DIDÁCTICA. Arquitecto, pero ante todo docente, la casa de Vilamajó funciona como un excelente instrumento didáctico. "Hay cosas que se aprenden con solo recorrerla, pequeñas lecciones de arquitectura y diseño en cada rincón", destaca Parodi.
La obra es un prisma de cinco niveles con pocas aberturas -seguramente sólo las necesarias-, que a su vez son las encargadas de sugerir las funciones de cada nivel, desde el garaje en la planta baja hasta el estudio que se abre completamente al barrio en el último piso. Entre medio, quedan un estar íntimo y protegido de las miradas del exterior, un comedor amplio y el dormitorio principal, que circula en torno a la escalera. Sin grandes pretensiones y con una fuerte apuesta a la funcionalidad, Vilamajó ideó un solo espacio principal por nivel, siempre orientados al Norte. "No era una persona preocupada por la vanguardia absoluta, sí por encontrar la solución adecuada para el problema planteado", dice Parodi. Además, el interior de cada espacio se identifica con determinado material: en el estar predominan los muros, en el comedor la luz, en el dormitorio la madera, en el baño la cerámica roja y en la habitación de huéspedes lo textil. "Es como si cada uno de ellos fueran pequeñas escenografías", explica.
Y justamente, esos actos teatrales se completan con un mobiliario pensado por el arquitecto al detalle. Para la apertura de la Casa Museo muchas piezas fueron reconstruidas a partir de fotografías de la época, todas en blanco y negro. La excepción fue el juego del estar, que es el original y fue localizado y restaurado. "Los dueños de los muebles eran amigos y clientes de Vilamajó, los habían comprado en un remate. Fue una suerte haberlos encontrado", dice Parodi con orgullo.
Paradójicamente, el estudio es la habitación de la cual existe menos información disponible; ninguna imagen. Lo único que se pudo saber, a través de testimonios orales, es que el techo tenía un color intenso. Por ello se pintó de rojo. "No es 100% seguro, pero es un dato". Lo que sí cuenta la leyenda es que cuando en la Facultad había concursos, Vilamajó corría las cortinas del estudio y dejaba la luz prendida para que Mauricio Cravotto, colega y vecino al otro lado de Bulevar Artigas, creyera que trabajaba toda la noche. "Las rivalidades académicas y profesionales existieron siempre y siguen estando", justifica Parodi.
En la fachada, decorada con proas de barco en cerámica -en clara alusión a la Casa de las Conchas, en Salamanca-, el escudo familiar fue sustituido por una mitológica cabeza de Medusa que, desde lo alto y sobre el eje de acceso, custodia la vivienda.
CIRCUITO. Lo que hace algunos años era un inconveniente, ahora se convirtió en una ventaja. La casa lindera a la de Vilamajó por Sarmiento, que estuvo muchos años abandonada e incluso albergó intrusos, pasó a manos de la Universidad y funcionará como anexo para los eventos de mayor porte. "La idea es que ambas casas se transformen en un polo de difusión de la arquitectura y el diseño como disciplinas abiertas a la sociedad". En los planes figuran exposiciones de arte, presentaciones de libros y conciertos. Además, la apuesta es "coser el museo a las actividades culturales de la zona".
En ese sentido, para la primera mitad de 2013 está prevista la reedición de una muestra de obra gráfica de Vilamajó (croquis, grabados, dibujos y pinturas) en conjunto con el Museo Nacional de Artes Visuales, con el cual ya hay firmado un convenio de colaboración.
A nivel de Facultad, la casa también funcionará como "sede de protocolo" para reuniones con invitados del exterior o tribunales de concursos.
De forma simultánea a la inauguración, se hará una convocatoria pública para recuperar el material documental de Vilamajó que se dispersó luego de su muerte. "No tienen que ser donaciones, es suficiente con que se pueda registrar, documentar y saber que está a disposición", explica Parodi. También está previsto un llamado para el cargo de coordinador del museo. Y se estudia la posibilidad de mejorar el entorno y de crear una Fundación Amigos de Julio Vilamajó. "Pero primero queremos que empiece a funcionar, después iremos haciendo todo de a poco", concluye Parodi sentado en una de las butacas del estar de Vilamajó, sintiéndose como en casa.
CASA QUINTA DE MÁXIMO SANTOS
Dirección: Avenida de las Instrucciones 1057.
Teléfono: 2355 5891.
Instalaciones: Ubicado en Sayago, desde 2007 funciona el Museo de la Memoria, que reúne objetos y documentos referidos a lo dictadura militar uruguaya.
Visitas: Lunes a sábado de 12 a 18. Entrada libre.
CASA DE JUAN ZORRILLA DE SAN MARTÍN
Dirección: José Luis Zorrilla de San Martín 96.
Teléfono: 2710 1818
Instalaciones: La casa de veraneo del poeta muestra sus pertenencias, desde la cama hasta el secretaire. También hay bocetos de esculturas de su hijo.
Visitas: Todos los días de 14 a 18. Entrada libre.
PALACIO TARANCO
Dirección: Frente a la Plaza Zabala, Ciudad Vieja.
Teléfono: 2915 1101
Instalaciones: Allí funciona el Museo de Artes Decorativas, que reúne objetos, mobiliario y obras de arte de sus propietarios, los hermanos Ortiz de Taranco.
Visitas: Lunes a viernes de 12:30 a 17:40. Entrada libre.
CASA DE CARLOS VAZ FERREIRA
Dirección: Doctor Carlos Vaz Ferreira 3610.
Teléfono: 099-216168.
Instalaciones: Mantiene el equipamiento original de la casa del filósofo y es el único ejemplo de una casa decorada bajo las pautas estéticas de Pedro Figari.
Visitas: Para eventos y con coordinación previa.