Un escenario común por estos días: 35 grados de calor en la calle; en la oficina, por suerte, alguien enciende la refrigeración. ¿Por suerte? Algunos -en general, ellos- templan la temperatura a la cifra extrema de 17°C, alegando sofocos. Otros -lo más usual: ellas- toman el control y apagan el aparato, argumentando que para pasar frío ya vendrá el invierno. La batalla se repite todos los días: discusiones, suspiros, poco acuerdo, a veces resignación. Al final, o ellos terminarán transpirando la gota gorda, o ellas deberán usar sacos en pleno febrero. Lo más fácil, claro, sería consensuar una cifra en medio, pero las posiciones están tomadas: el otro no tiene razón y solo logra irritar. ¿Le suena?
Los que trabajan en compañía de otros lo saben bien: la tolerancia es una cualidad que se ejercita todos los días. No son pocas las actitudes, hábitos o pequeñas conductas cotidianas de compañeros que se tornan insoportables o, por lo menos, sumamente molestas.
Con el objetivo de realizar una suerte de decálogo, Domingo consultó a los lectores a través de El País Digital acerca de cuáles son esas prácticas que en la convivencia laboral les causan más irritación. Y resulta que decálogo es poco. En sólo dos horas, llegó más de un centenar de respuestas que para otros sondeos se alcanza en todo un fin de semana.
¿Está preparado para identificarse? Aquí va un muestreo de lo que los uruguayos (no) soportan diariamente, más la mirada de una psicóloga laboral para, después de la descarga, aportar a la armonía.
VAGOS, CHUSMAS, GRITONES. Que un compañero se haga el distraído para no atender al público, que pierda tiempo chateando o conversando con otros, que aproveche para hacer menos si no están los jefes, que siempre llegue tarde, que falte mucho, que salga en horario laboral a realizar mandados personales; en definitiva, la falta de compromiso que recarga de trabajo a los demás: eso lideró el buzón de quejas que dispuso Domingo en la web, con un 17% del total de opiniones emitidas.
Muy pegadito, el 14% siguiente apuntó a lo auditivo, ya sea por los que hablan a los gritos o en forma constante, por los que ríen sonoramente o por aquellos que escuchan música que no entra precisamente en la play list personal. "Me molesta que escuchen música sin auriculares. Me obliga a elegir si escucho eso o me pongo auriculares yo. La opción de no escuchar nada queda totalmente negada", escribe Marcelo, de 45 años. El asunto de la música fue, de hecho, reiterado en más de una veintena de oportunidades. Pablo, de 29 años, también padece por su salud auditiva. "Me molesta que hablen todo el tiempo sin sentido. El silencio es tan hermoso y ayuda a concentrarse en las tareas".
El parloterío resulta insufrible, pero muchos apuntan más al contenido que a la forma (o volumen). La palabra que se repitió en un 9,2% de las respuestas: chusmerío. Que los demás revelen datos íntimos propios o ajenos resulta irritante para varios, lo mismo que hablar mal de otros.
Varios, en tanto, realizaron hincapié en la intencionalidad de ese parloteo. Las mentiras para escalar, la falta de honestidad y la "alcahuetería" fueron nombrados en un 7,6%.
Con exactamente el mismo porcentaje hizo su aparición otro aspecto muy molesto en el clima laboral: el mal humor y las quejas constantes. ¡Tengo un compañero que de cinco días que trabajamos, cuatro está de mal humor!", rezonga Viviana, de 35.
También el capítulo "ruidos", pero limitado al teléfono (hablar muy alto, los ringtones molestos, olvidar el celular en el escritorio y que no pare de sonar), fue muy popular.
En adelante, hubo de todo: desde "mala educación" o maltrato, hasta falta de aseo personal, comer en el escritorio impregnando todo de olor, que se viole el decreto fumando en la oficina, egoísmo, envidia y desacuerdos prácticos (prender o apagar el aire acondicionado, abrir o cerrar una ventana).
inofensivos y de los otros. Para la psicóloga laboral Virginia Fasano, gerente de Recursos Humanos de la consultora KPMG, "la falta de escucha y entendimiento de los intereses, opiniones y necesidades de los demás es crítico a la hora de convivir. Pueden tolerarse estilos distintos, introvertidos con extrovertidos, hombres y mujeres, edades dispares (estos son de los aspectos que más enriquecen el equipo de trabajo, aunque al principio puede costar la integración). Pero cuando las personas plantean ideas o desacuerdos o simplemente opiniones de mejora y quien lo recibe no lo niega, tiene una actitud de aparente apertura pero no aplica nada de lo sugerido, provoca una gran irritación que va causando lentamente desmotivación".
En este sentido, lo peor es la ambigüedad. "Más vale un jefe de pocas palabras pero claro que los que son muy amigables pero no incorporan opiniones. En general, sentirse poco escuchado y con dificultades para ponerse en el lugar de uno es muy complicado de manejar".
Claro que la falta de consideración también puede venir de los pares. A Silvina, de 26 años, lo que más le molesta de alguno de sus compañeros es "la mediocridad: enojarse cuando uno encuentra un error porque los hace laburar; no aceptar críticas de porque `tú no sos mi jefe` o pedir que alguien `se adapte a como siempre han sido las cosas` sin ánimos de mejorar".
Cuando el meollo del malestar está en temas superficiales o inofensivos, como una voz chillona, el olor a comida o el ringtone de un celular, es más fácil resolverlo, siempre que eso no tape irritaciones más complejas. Como dice Fasano, "los temas cotidianos se superan si la motivación y el aporte de cada uno se considera. Todo se minimiza. Ahora, el compromiso desparejo que sobrecarga a los compañeros es complicado y genera muy mal clima. En general cuando los otros temas toman forma es porque hay algo de fondo que está generando descontento".
El género y la edad, a favor y en contra
"Ellas dicen que hay olor feo, que abramos la puerta para que circule el aire. Nosotros les decimos que el olor viene de afuera, que entonces que hay que cerrar la puerta que ellas quieren abierta. Las mujeres prenden todas las luces de la oficina. Nosotros preferimos no tanta luz. A ellas les molesta la música. A nosotros nos molesta su parloteo constante". Para Maximiliano, de 30 años y administrativo en una empresa estatal, la base de los conflictos laborales está clara: es cuestión de género.
En ocasiones, así se da. La batalla de los sexos puede trasladarse a todos los ámbitos, y a veces es la clave de la convivencia en el trabajo.
No obstante, para la psicóloga laboral Virginia Fasano, gerente de Recursos Humanos en la consultora KPMG, la integración de géneros es "altamente positiva, si mantienen cierta proporción". Y da sus explicaciones: "Un hombre escuchando cuentos de mujeres, sobre todo el caso de que sean madres y él no sea padre, es medio complicado. Lo mismo el humor y temas de chistes en los hombres, que es bien distinto, y si esto prevalece constantemente puede desgastar. En general se recomienda componer los equipos de trabajo de forma mixta y una proporción equilibrada de ambos sexos".
A priori, otro factor que puede jugar a la hora de una armonía o desarmonía laboral son las edades. Los hábitos distintos de generaciones alejadas generan roces, pero también pueden sumarle mucho al clima de trabajo. Según lo ve Fasano, "en el caso de la edad, se da un tiempo de ajuste y empalme de estilos, valores de trabajo y modos de comunicación bien distintos. Tal es el caso en las organizaciones públicas donde, luego de 20 años en algunos casos, en el período de Tabaré Vázquez, ingresó una generación muy demandante, que requirió que le dieran desafíos, trabajo intenso y renovó las energías, las ideas. Más allá de las dificultades iniciales, el balance es altamente positivo. Por otra parte coincide que muchos de los pasantes o contratados que ingresaron se encuentran en una franja etaria que coincide con la edad de los hijos de quienes son en general sus jefes y eso también despierta muchas veces como un espíritu `maternal` de alguna manera, más que confrontar se despierta un sentimiento de protección".
Opinan los lectores
¿Qué le resulta más molesto de sus compañeros de trabajo?
Que hablen por teléfono a los gritos de asuntos personales. María, 55 años, empleada.
Que se metan en el trabajo de uno. Natalia, 27 años, ejecutiva de cuentas.
La forma incorrecta e irrespetuosa de dirigirse a otros. Álvaro, 42, gerente de RR.HH.
Me molesta muchísimo el hábito de los que fuman, salen, pierden tiempo, recargan de trabajo a otros y, lo peor, no les importa. Gustavo, 52 años, empleado público.
Uno de mis compañeros se corta las uñas de las manos en su escritorio. Existe una mampara de por medio, de altura media, y se escucha a diario el click, click del cortaúñas. Gerardo, 35 años, asesor.
Las jugadas que se hacen tratando de ensuciar al compañero a como dé lugar con tal de obtener un puntito más para el ascenso. Marcelo, 29 años, empleado.
Que haya compañeras que dicen estar tapadas de trabajo pero cuando el jefe no está se ponen a charlar de Gran Hermano. Alejandro, 25, empleado.
Cuando ponen música fuerte, sobre todo cumbia. También me molesta cuando dejan la taza de café o las cucharitas en mi escritorio. Milton, 34, administrativo.
Lo que más me molesta (por ser nueva) es que hablen a mis espaldas y crean que no me doy cuenta. Me molesta que me subestimen. Nathalia, 32, recepcionista.
Que vivan certificándose por todo, siempre tienen algún tipo de enfermedad para no venir a trabajar, pero se los ve por la calle sin drama. Debido a eso los otros compañeros nos vemos recargados de trabajo. Gabriela, 42 años, secretaria.
Que no saluden al entrar. Además de ser un signo de mala educación es todo un mal comienzo. Érika, 39, analista.
El mal humor. Viviana, 35 años, empleada.