IGNACIO ÁLVAREZ
Ya está. No va más. No puede haber excusas. Esto tiene que cambiar ahora. No puede ser tan difícil. Me refiero a los menores delincuentes que se escapan cuando quieren y tienen jaqueada a la población. Hoy rapiñando un comercio, ayer disparando a quemarropa a un cliente, el otro día matando a un taximetrista. ¡Basta!
Y no es que pretenda que se acaben esos delitos, que si bien puede ser un reclamo legítimo, exigir soluciones inmediatas sería una ridiculez fruto de la ignorancia o de la ingenuidad. Sin ir más lejos, esta semana la Cepal informó que el 63% de los niños uruguayos son pobres, y aunque eso no necesariamente indica que vayan a delinquir, puede ser un caldo de cultivo propicio para tomar por el mal camino.
Está claro que bajar los niveles de delincuencia es una batalla en varios frentes y a largo plazo. Pero lo que no puede dilatarse más es encontrar un lugar para encerrar a esos pocos menores peligrosos sin que se escapen antes de cumplir su pena. ¿Tan complicado es?
Desde hace años venimos asistiendo a la misma terrorífica película: un menor detenido por asaltar a mano armada; el conocimiento de que ya tenía decenas de entradas en el Inau con sus consiguientes escapadas; la posterior fuga; y el próximo delito.
El gobierno de Tabaré Vázquez se chocó de bruces con el problema a meses de acceder al poder, cuando los "gurises" de Marina lograron que la ministra accediera a trasladar a los más peligrosos de la Colonia Berro, armados con cuchillos, llevando a un rehén consigo, ¡y con el senador Lorier haciéndoles de chofer! Obviamente se fugaron en la mitad del traslado, desnudando la ingenuidad del romanticismo de izquierda que acababa de asumir.
Al año siguiente, en mayo del 2006, pude entrevistar mano a mano al "Mono Mono"; un menor de 14 años y menos de un metro y medio de altura, que tenía aterrorizado al barrio Fraternidad. En la esquina del cantegril donde se escondía de la policía, se jactaba ante la cámara de Zona Urbana de sus 250 entradas por hurtos, rapiñas y copamientos.
Pasaron varios años y muchos monos, hasta que llegamos al Ricky; la estrella del momento. Un menor de 16 años que el año pasado integró la célebre banda del marrón, y hace unas semanas sembró el pánico liderando la banda de la granada. Pero lo más insólito es que se fugó dos veces en menos de un mes.
El 20 de mayo, un juez decidió internarlo con medidas de seguridad, después de que se lo identificara como responsable de varias rapiñas con la granada trucha. Tres días después se fugó de la Colonia Berro. El 2 de junio participó de un atraco a un supermercado, y al día siguiente protagonizó el sangriento asalto al restaurante Gazpacho, donde sin decir agua va, le disparó tres tiros a un cliente. La crónica de El País es elocuente: "En la pantalla se ve al hombre de 50 años trastabillando y cayendo de rodillas al suelo. `¡Te voy a matar!`, le grita `Ricky` y vuelve a dispararle, esta vez al rostro. De León mueve instintivamente la cabeza, la bala le roza la sien".
Dos días después, un policía lo reconoció mientras caminaba muy tranquilo por Malvín Norte. Lo internaron nuevamente en un hogar de máxima seguridad (o por lo menos así se le denomina). Pero a los 12 días se volvió a fugar. La única duda es quién será su próxima víctima. Quizás su madre, quien vive con custodia policial desde que esta semana el Ricky la amenazara de muerte por haberlo denunciado.
A todo esto, la Policía informa que los menores fueron autores de 2.000 de las 5.000 rapiñas cometidas en los primeros cuatro meses del año: el 40%; mientras el Jefe de Policía de Montevideo asegura que "no deberían ser más de 300 los menores que tendrían que estar presos. Y con esos menores recluidos como deben estar, la seguridad mejoraría en forma notoria". El Inspector Walder Ferreira reconoció lo evidente: "Se necesitan cárceles para menores; esto es así, hay que decir las cosas como son".
Pero no alcanza con tenerlo claro. Pasaron demasiados años y demasiados crímenes evitables, para que no se haya tomado la decisión. Y demasiado dinero despilfarrado si se lo compara con tan urgente tarea: desde los 2 millones de dólares donados al Teatro El Galpón, hasta los tres millones y medio de dólares que nuestros legisladores gastaron en viajes al exterior; pasando por tantos gastos secundarios e injustificados, como las recordadas butacas del Paraninfo.
A partir de hoy, hagamos pesar cada nueva víctima sobre la conciencia de nuestros gobernantes, y por qué no ante la Justicia. Conseguir un local en condiciones para albergar a los menores asesinos, debe ser la prioridad; por nosotros y por ellos, y su eventual rehabilitación. Es incluso más urgente que la redistribución de los presos mayores en cuarteles y nuevas cárceles. Porque éstos son varios miles, y aquellos unos pocos cientos, que sufren iguales condiciones de hacinamiento.
Como dijo el Prócer, a quien recordamos la semana pasada: "La causa de los pueblos no admite la menor demora". Menos gárgaras de patriotismo, y más muestras de sensatez y republicanismo. igalvar71@hotmail.com