La otra cara de un orgullo

| El Hospital Militar vive una severa crisis de recursos humanos. Sueldos acordes a grados castrenses obligan a emigrar. Trasplantes hepáticos no se afectarían.

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L.G.

Por un lado, el Servicio de Enfermedades Hepáticas, con sus historias de esperanza para quienes necesiten un trasplante de hígado, con sus planes de extender estas operaciones a los menores de 15 años, y los elogios oficiales ante cada logro. Por otro lado, la crisis presupuestal y de personal del Hospital Militar, donde se realizan esas intervenciones. Cara y cruz de la misma moneda.

De acuerdo con el director del Hospital Militar, el coronel Alejandro Salaberry, el mayor problema existente está en el área de recursos humanos. El jerarca agrega que esta situación, empero, no afectaría al servicio que tanto enorgullece a la institución.

Lo cierto es que mientras se hacía público el exitoso caso de Christian Añaña, protagonista de la primera operación de retrasplante de hígado en Uruguay, comenzó a circular un documento de la Dirección Nacional de Sanidad de las Fuerzas Armadas (DNSFFAA) en el que se aseguraba que el Hospital Militar "atraviesa uno de los momentos más dramáticos desde su creación".

Según un artículo publicado por El País el pasado 29 de septiembre, ese texto indicaba que mientras la Administración de Servicios de Salud del Estado (ASSE) vio incrementados sus recursos en un 56% entre 2005 y 2008, lo destinado a la DNSFFAA se redujo casi un 3,5% entre 2006 y 2010.

Además, mencionaba que la baja remuneración en el Militar hacía que el personal buscara otros destinos laborales. "De no ser atendidas algunas de las solicitudes presentadas en el proyecto de presupuesto de la institución, en el corto o mediano plazo se puede perder la capacidad de funcionamiento", afirmaba el documento en su parte inicial. Mientras la discusión sobre el presupuesto asignado a Defensa, de donde depende el Hospital Militar, saltaba a las primeras planas, la pregunta surgía sola: ¿puede cerrar este centro asistencial?

mercado. Salaberry, director desde junio, prefiere no ser apocalíptico. Consultado por Domingo, afirma que la institución "va a tener dificultades, pero `cerrar` es un término un poco catastrófico. Yo sí digo que estamos en una situación complicada, y tendremos la salud que el presupuesto nos permita".

Donde sí reconoce que la situación es crítica es en los recursos humanos. El personal del hospital, ya sea técnico o profesional, responde a grados castrenses, con su correspondiente remuneración, lo que ya es mucho decir. "Estamos insertos en una plaza que paga más sueldos que los de Sanidad Militar, que son sueldos militares", indica.

Un transfusionista novato que entra a Sanidad Militar lo hace con el sueldo de un soldado ($ 5.715,85 líquidos). "Y en cualquier mutualista está por los 12 o 15 mil pesos. Eso lo sopesa todo aquel que ingresa a trabajar. Lo mismo pasa con todo el personal técnico o profesional", afirma Salaberry.

Como otro ejemplo, indica que un cirujano recién ingresado lleva el grado de alférez, con un salario mensual de alrededor de 14 mil pesos. "Otro cirujano con más experiencia, puede ser mayor o capitán". Esto es, $ 21.203 y $ 25.117. "Un médico en ASSE, dependiendo de la especialidad, puede ganar el doble", remata.

Otras fuentes de Sanidad Militar hablan de diferencias proporcionales aún mayores. El citado documento tiene una tabla que señala que, a iguales funciones, un técnico o profesional de ASSE puede ganar de 2 a 3,6 veces más que su colega de la DNSFAA.

Salaberry dice que el problema no es tanto la pérdida de personal, sino la dificultad de renovar a los funcionarios que "pasan a retiro" (en Sanidad Militar no se habla de jubilación). La ley del mercado hace el resto.

El hospital cuenta hoy con 2.300 funcionarios, de los cuales 548 son profesionales. Todo ello para atender a 160 mil usuarios (o sea, un profesional cada 292 pacientes).

"Durante el gobierno anterior, perdimos una herramienta llamada `equiparación`. Esto era: (funcionarios) civiles que eran equiparados a militares, contratados de esa manera. Pero eso quedó sin efecto, y por ello perdimos de 2007 a hoy a unos 170 profesionales", explica Salaberry.

El término "cerrar" le sonará "catastrófico" al director (otro médico de la institución consultado apela a la razón del artillero: "Cerrás, ¿y dónde atendés de golpe a 160 mil personas más? ¿En Salud Pública?"), pero las consecuencias pueden ser otras: "Habrá más demoras para acceder a especialistas y más atrasos quirúrgicos de los que ya tenemos".

Salaberry señala que tras una reunión con el presidente José Mujica y los ministros de Defensa y Salud Pública, comenzaron a trazarse algunas alternativas. "Una de ellas es venderle servicios a ASSE. Pero como no tenemos recursos humanos, no tenemos qué venderle", dice.

Otra posibilidad, una modificación "o un refuerzo" en el presupuesto asignado a Defensa, es vista como más viable por el director.

hepáticas. A pesar de la situación, Salaberry no cree que la crisis afecte al Servicio de Enfermedades Hepáticas, hoy el gran orgullo del Hospital Militar.

"No hay que olvidar que ese servicio es un programa bi-institucional, en el que intervenimos con el Hospital de Clínicas y, además, está financiado por el Fondo Nacional de Recursos. Serían los que menos problemas tendrían; salvo que perdiéramos los profesionales que están en él, no se verá afectado".

De los 30 integrantes del servicio (con su correspondiente grado y remuneración militar), sólo ocho están dedicados en exclusividad a él.

El resto no está ajeno a una realidad ya crónica del sistema sanitario: el multiempleo.

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