Cinco años atrás, buscando "un lugar tranquilo para veranear en Uruguay", Ernestina Pais se topó con La Pedrera, donde algunos familiares tienen una casa. Desde entonces, la argentina que solía cambiar de destino vacacional todos los años, se asienta cada temporada estival en el balneario rochense. "Me enamoré" del lugar, explica.
En una escapada de algunas horas a Punta del Este, donde estuvo para participar de la fiesta celebración de 160 años de la marca de whisky Jack Daniel`s, la simpática conductora del programa de televisión Caiga quien caiga se hizo un tiempo para charlar con Domingo.
-¿Por qué elegís pasar todos los veranos en Uruguay?
-Para mí, los uruguayos son los argentinos sin soberbia. Somos muy parecidos, yo me siento como en casa. Es increíble la paz, la tranquilidad, la democracia, y el uruguayo en su manera de trato cotidiano, esa cosa del respeto.
-En el primer programa del CQC de 2010, cuando les pusieron una cámara oculta a técnicos que cobraban un dineral por arreglar electrodomésticos que funcionaban bien, justo se dio que el único que dijo la verdad era uruguayo.
-Nosotros nos reíamos: ¡el único honesto en Argentina es un uruguayo! Yo creo que es una muestra. Aunque debe haber mucha más gente honesta de la que uno supone para que la cosa funcione mínimamente. Pero también creo que tolerar, aguantar ciertos abusos... Está en nosotros cambiar eso. Si cada uno de nosotros defiende un poquito lo que pasa, y hace del lugar que tenemos un lugar mejor, la cosa cambia. Cuando acusamos de corrupción, la ponemos afuera y la señalamos, pero a la vez toleramos un montón de cosas. Paremos un poco, porque te estás quejando pero no estás cambiando... Esa es mi idea. Por eso tratamos, en Caiga..., desde el lugar que nos toca, mostrar eso. Intentamos demostrar que está en vos, en definitiva, darte cuenta que puedes cambiar las cosas, está a la vista de todos. Pero yo creo que los argentinos son mucho más honestos que los que vimos, como Ruben el uruguayo.
-¿Cómo fue sustituir a una personalidad tan fuerte, casi de culto, como Mario Pergolini?
-Mirá, yo no lo sustituí. En todo caso, él dejó un lugar y había que buscar una nueva conducción. A ver... no sólo se fue Mario sino Eduardo (de la Puente) también, entonces la mesa cambió conceptualmente, se volvió más horizontal. Antes Mario estaba por encima, y ahora, por trayectorias, yo entré un poco a nivelar. Además no pretendía el rol de reemplazar a nadie porque todos somos diferentes, y yo nunca iba a hacer algo parecido a lo que se había hecho antes. Tengo una personalidad muy clara, una manera de hablar, de decir, de plantear, con lo cual nunca hubiera intentado imitar a otra persona. Así que me lo tomé con la tranquilidad de que había llegado allí por mérito de trabajo y de que estaba preparada para ocupar ese lugar. Simplemente miro el programa, veo el espacio que queda para mí, y me pregunto ¿puedo hacer esto? No me importaba lo que hubo antes. Y eso lo conseguí después de cuatro años de hacer Mañanas informales, un programa periodístico de tres horas diarias en vivo. Digo, bueno, creo que estoy bastante preparada para presentar notas de un programa semanal de hora y media. Para mí era casi un premio después del esfuerzo que era hacer Mañanas informales. Claramente yo sabía que había llegado por trabajo. No había ni amistad, ni contacto, ni nada previo. Leía las críticas posteriores al estreno y nadie comparaba, hablaban del nuevo programa. Se comparaban programas pero no figuras, porque creo que eran incomparables. Mario tenía una historia con el programa que nadie puede emular. Desde ese punto de vista creo que fue inteligente el cambio hacia una mujer que viniera desde otro lugar.
-¿Qué sucederá en 2011?
-Sigue CQC, con nuevos integrantes. El recambio se venía de alguna manera. Lo que prueba que Caiga... es un formato a prueba de todo. Lo prueba la venta al exterior, estos cambios que la gente creía imposibles.
-Mucho trabajo de producción, mucha creatividad, pero el rating no acompaña ...
-Si eso afectara a Caiga..., no estaría al aire. Esta año hubo un fenómeno, Marcelo Tinelli, que la verdad arrasó las 24 horas del día. Nosotros, en ese contexto, que todo el mundo caía (en hablar o mostrar el programa de Tinelli) mantuvimos la histórica identidad de Caiga... Es saludable enfrentarte a algo tan diferente a vos, vivir esa crisis, replantearte, y justamente buscar la calidad y no el rating. Cuanto más presionados estamos, más buscamos la identidad de Caiga... Sentimos que es la manera de conservar la dignidad en ese contexto. Y que hay mucho para hacer.
-¿No había presiones?
-No, al revés, para lo que medían los programas de Telefé, nosotros a las 12:20 de la noche estábamos muy bien, entonces nos cuidaron mucho. Si yo voy a dormir midiendo mal, y además habiendo hecho un programa de mierda, al otro día es el peor día de mi vida. Si voy a dormir midiendo mal, pero estoy orgullosa del programa que hice, al día siguiente soy una persona feliz, te lo puedo garantizar, se lo puedes preguntar a cualquier persona que me rodea. Para mí el rating es, en todo caso, lo que me da cierta estabilidad laboral, pero no es lo que persigo ni el objetivo de mi vida. Lo tengo clarísimo.
-En 2010 hubo mucha fricción entre el gobierno argentino y los medios. ¿Cómo lo viviste?
-Fue un año muy confuso. Yo creo que no he traicionado cuestiones elementales. Me gusta que se generen crisis, que los poderes establecidos discutan esos poderes establecidos; eso es saludable. No me parece sano hacerlo solo en base a negocio, me molesta que se discuta dinero y no ideología. Lo que vimos básicamente fue una discusión por dinero. Cuando discutamos lo que realmente hay que discutir -que la prensa no puede tener presiones, que no puede haber monopolios ni privados ni públicos-, cuando no nos enojemos con un diario porque dejó de apoyar y empecemos a hablar de los medios en Argentina y la obligación de informar como corresponde, yo voy a pelear. Por ahora, veo pelearse a dos gigantes, pero prefiero que suceda, que empiece a moverse algo.