El director de teatro Álvaro Ahunchain le sugirió a su amigo, el actor Gustaf -alias Atilio Capanga, alias William Cash, alias Víctor Hurtado en radio Sarandí, alias el anónimo y patético galán de bombones helados Crufi ("yo soy tu chico/ yo soy tu boy"); y el hombre cuya cédula indica Gustavo Perini-, que escribiera un libro. Pensó que todo resultaría en una serie de cuentos cómicos plagados del humor bizarro que tanto ha caracterizado al personaje en cuestión desde sus inicios con Alberto Restuccia y Luis Cerminara. En su lugar se encontró con una autobiografía. O algo parecido.
La vida del actor, de Gustaf (editorial Medio y Medio, 108 páginas, $ 425) es el nombre de este libro, así como el de una obra que el actor presentó en el Bar Tabaré, y el de las columnas que publica en la revista Freeway. Estos antecedentes, más la sugerencia de Ahunchain, conformaron el origen del texto, de lectura fácil y repleto de imágenes sobre la trayectoria del autor. "Yo no sé si es una autobiografía en el sentido estricto de la palabra. En lo que me basé fueron los elementos que me influenciaron a la hora de elegir mi vocación: mi padre, Cerminara y Restuccia, mi barrio Capurro. Todo eso conformó un cóctel que me llevó a ser lo que hoy soy".
El padre de Gustaf se caracterizaba por un gran (y a veces corrosivo) sentido del humor. El actor fue un excelente alumno escolar, lo que no le impedía ligar alguna que otra "morta" por parte de sus compañeros, y un buen jugador de fútbol. Asegura que su indisimulable nariz jamás fue un complejo para él. "Desde chico aprendí a reírme de mí mismo". Y tras encontrarse con Cerminara y Restuccia terminó de definir su destino, formando Teatrotrash, un grupo que fue muy conocido en el under montevideano.
"Un amigo decía que en Montevideo no había `underground`, ¡simplemente porque no existe el `ground`! Yo fui under porque no tenía más remedio. Y la exposición que llegó después me volvió una persona, o mejor dicho, un actor más popular. Y no le tengo miedo al término popular, no me parece una mala palabra", señala.
En cualquier caso, hubo un antes y un después en su vida actoral: Atilio Capanga, creado para una publicidad de este mismo diario. Ese sujeto ganaba un auto en un sorteo y es definido en el libro como "un mitómano típico de barrio", "un verdadero perdedor de la vida", "alguien que no iría a retirar su premio por estar sulfateando la parra", un "looser" cuya condición él mismo ignora. "No puedo negar que ese fue el gran salto", recuerda hoy Gustaf. "Pero es una gran satisfacción no haber quedado pegado a ese personaje". Corría 2002. Y mientras Atilio Capanga sorprendía en la pantalla chica, Gustaf hacía de sádico terrorista en La Sangre, de Sergio Belbel, una puesta en escena dirigida por el propio Ahunchain, así como continuaba con Teatrotrash con el espectáculo La resurrección de Big Poroto.
No todo era risa en su carrera, aunque el gran público lo asocie con ella. De hecho, además de sus intervenciones humorísticas en los programas radiales Las cosas en su sitio y Último al arco, se lo ha visto en la serie uruguaya Porque te quiero así, de Canal 10.
"Este libro está destinado para todo ser humano. Lo que más busca es conmover. Lo tomo como si fuera un abrazo (al lector). Es como un sube y baja, hay partes que son hilarantes y partes que no lo son tanto. Pero lo que más persigo es poder conmover", sintetiza Gustaf.
El extracto
Repercusiones de atilio capanga
"Lo cierto es que mientras duró todo lo de Atilio (me costaba salir a la calle. Comencé a realizar las compras del día a última hora. Una noche, en la soledad del supermercado, un reponedor de mercadería comenzó a seguirme góndola por góndola. Me paró y me preguntó si iba a seguir haciendo el personaje de Atilio. Estaba enfermo y su doctor le había dicho que tenía que ver a Capanga para aliviarle tanta depresión. Eso le iba a hacer bien. Le dije que el personaje era para una campaña publicitaria puntual. Ya había terminado. Me di vuelta. Tomé el pan empaquetado y me dirigí a la caja. No miré hacia atrás. Si hubiese podido curarlo ahí mismo lo habriá hecho. Pero lamentablemente sólo soy un actor. Me angustié tanto por no poder hacer más por la gente. Me enfermé. Me dolía el corazón. Lloraba. Quería hacer algo más. Un día la propia Pepi (Goncalvez) me dijo: `Ya hiciste demasiado. Los hiciste reír`. Hay actores que buscan un personaje durante toda su vida. Hay otros que lo encuentran". (página 45)