IGNACIO ALCURI
Aquellos uruguayos que no tenemos entre nuestro núcleo familiar a algún botijita que mueva bien la pelotita, de esos que apilan rivales en el Baby Fútbol y ya se van dejando el pelo larguito, no soñamos con que ese mismo pequeñuelo nos saque de la ruina económica. Sólo nos queda trabajar duro, de sol a sol. Y el Cinco de Oro, por supuesto.
Evolución lógica de un país que se juega hasta la moneda que aparece dentro del saco que ya no se usaba, este juego de azar combina la sencillez de la quiniela con el espectáculo de ver rebotar esas pelotitas de colores dentro de una esfera de cristal, como si desarmáramos un ábaco y lo pusiéramos en el lavarropas.
Días pasados, el Uruguay timberil y caudillesco se detuvo para presenciar uno de estos sorteos, en los que el pozo acumulado llegaba a cifras millonarias en dólares y billonarias en nuevos pesos, si todavía estuvieran en circulación.
No importa la identidad del ganador, por más que los medios de comunicación hayan insistido en descubrirlo (en algunos casos, con niveles de periodismo de investigación que no utilizan en las noticias políticas). Más allá de quién sea el afortunado trabajador que amasó una fortuna gracias a cinco números, me gustaría dirigirme a él. Seguramente compró el diario. Bueno, si quiere podría comprar la tirada entera. No sería muy práctico, claro.
Señor ganador del pozo millonario, aproveche y amplíe la casa. No solamente porque necesitará un garaje en donde guardar los automóviles descapotables de colección, sino porque en cualquier momento (si aún no lo hicieron) comenzarán a caer parientes lejanos, deseosos de recomponer el vínculo y limar asperezas. Además de una comida caliente y una cama confortable.
No le recomiendo dar un viaje alrededor del mundo. Lo más probable es que al regreso encuentre su vivienda (la que amplió hace poco, ¿recuerda?) víctima de decenas de fiestas a las que concurrieron sus parientes lejanos, los amigos de éstos, vecinos del barrio, conocidos del supermercado y cualquier persona que pasara por la puerta y le llamara atención lo fuerte que sonaba "Soy feliz" de Ricardo Montaner.
Pero recuerde aquella frase de Mahoma y la montaña. Siéntase Mahoma (pero no se dibuje a sí mismo, o millones de personas querrán asesinarlo) y deje que la montaña vaya hacia usted. Con el dinero ganado, pague a delegaciones de los diferentes países para que viajen hasta su hogar a interpretar bailes típicos. Y si los 10 bailarines húngaros no tienen dónde quedarse, hágales un lugar en el cuarto donde duerme su ex cuñado, que por alguna razón sigue apegado a la familia.
Y mande emisarios a todas partes del mundo con cámaras fotográficas, para ver las diapositivas a su regreso e imaginar que usted fue el protagonista de todos esos paseos. Ahorre el mal momento de que lo revisen de pies a cabeza (y todo lo que hay en el medio). Piense que en todo lo demás no tiene por qué ahorrar.
Si mis consejos le resultan pésimos, contrate a alguien que lo aconseje mejor. Todos tenemos ideas diferentes respecto de lo que haríamos al ganar una fortuna. En mi caso, sé que me realizaría la depilación definitiva en todo el rostro, para no tener que afeitarme nunca jamás.
También compraría papel higiénico para que me durara todo el resto de mi vida. Por último, financiaría una segunda parte de El Noctámbulo. Los fanáticos de los superhéroes sabemos que la primera entrega de cada saga tiene que enfocarse en el "origen" del personaje. Ahora vayamos de lleno a la acción.