Pese a las críticas y que su estado dista de ser el ideal, este zoo recibe hasta 1,2 millones de visitantes cada año. En septiembre de 2012 habrá novedades.
LEONEL GARCÍA
Los ojitos de Yothy se pierden en la inmensidad de su mole gris y rugosa de cuatro toneladas de peso y dos metros y medio de altura. Habitualmente es mansa y recibe dócilmente la comida en la boca, de manos del veterinario Fernando Cirillo. Llegada al zoológico municipal de Villa Dolores en 1972, esta elefanta asiática ha pasado aquí 39 de sus 55 años. Arribó con su "marido" Deleep, ya fallecido, y ambos tuvieron en 1974 a Leo, el primer elefante nacido en cautiverio en Sudamérica. Leo también murió hace un par de décadas de un infarto al miocardio. Falta de espacio para caminar, se dijo en su momento como justificación.
Hoy la solitaria Yothy bien puede ser el símbolo de Villa Dolores, paseo que despierta amores y rechazos por parte de la sociedad.
"Es un sitio emblemático. Yo diría que es el espacio público más visitado que tenemos. Tuvo sus etapas de apogeo y sus crisis. Y en eso tiene mucho que ver el cambio en la visión de los ciudadanos. Lo que en algún momento se apreciaba (como un modelo de un zoológico victoriano) hoy se cuestiona", dice Héctor Guido, director del Departamento de Cultura de la Intendencia de Montevideo. Señala que a su oficina han llegado tanto felicitaciones por el paseo como quejas ante "el sufrimiento de un animal". Pese a eso, Villa Dolores tiene hasta 1,2 millones de visitantes anuales, "aún así como está hoy", acota Ana Knobel, titular de la División Artes y Ciencias de la comuna, de donde depende directamente el zoo.
¿Y cómo está hoy? El veterinario Cirillo, quien es el director del zoo desde hace un lustro, tiene la camiseta puesta pero también los pies sobre la tierra. "El estado general del lugar ha mejorado en los últimos años, pero no alcanza. Hay muchas cosas para cambiar y estamos lejos de ser un zoológico ideal". Esta Semana de Turismo es, junto con las Vacaciones de Julio, la "temporada alta" para el lugar. Quien hace mucho que no lo visita notará algunas refacciones al mismo tiempo que subsisten los viejos problemas estructurales de siempre. Paralelamente, desde la Intendencia se está comenzando a instrumentar un plan, aún en una fase muy previa, para adaptar el viejo legado de don Alejo Rossell y Rius a los tiempos que corren: esto es, poniendo énfasis en la divulgación del conocimiento científico y en la preservación de la fauna autóctona.
contrastes. Las siete hectáreas del zoo son un mosaico de contrastes. Hay espacios nuevos y de apariencia confortable para los animales, como "islas" para monos capuchinos, lemures o coatíes, o recintos adaptados para antílopes o hienas. El vivario fue mejorado. Hay una pradera de fauna autóctona que incluye ñandúes, guazubirás y ovejas criollas. El lugar está dividido en tres regiones geográficas y siete áreas temáticas. Hay un centro de conservación y rehabilitación de tortugas marinas en convenio con la ONG Karumbé. También, agrega Cirillo, el pasado viernes se inauguró una sala audiovisual, que puede servir para la organización de congresos, con capacidad de hasta cien personas, financiada por el Banco República.
Pero Villa Dolores también tiene otras realidades. Los tigres viven en dos jaulas pegadas de ocho metros por seis cada una, estructuras viejas, resabios victorianos. Hace unos 15 años, dice Cirillo, que está en el aire un convenio de la Intendencia de Montevideo con el Ministerio de Transporte y Obras Públicas, para la construcción de un recinto de felinos grandes. Este lugar hoy tiene muros de piedra, madera y rejas… y le falta nada menos que el techo. Los pilares para finalizarlos ya están en el zoo, juntando humedad sobre el césped.
"Y a esto habría que volarlo". Cirillo se refiere a unas hileras de media docena de recintos alambrados, de dos por dos, muy vetustos, "hogar" de los agutíes, coatíes, gatos monteses o guacamayos. "Este tipo de encierro no se usa más". Otra jaula cercana, viejísima y de superficie circular, está vacía. Meter a un animal ahí significaría matarlo, a menos que se poden las ramas de los árboles cercanos para que puedan pasar los rayos del sol.
Y hay animales que dan pena. Un viejo león de unos 25 años, más crinudo que melenudo, flaco y desgarbado, cuyo rugido parece un lamento, ya perdió toda su majestuosidad. En breve su hábitat (mejor acondicionado que el de los tigres, en rigor a la verdad), será ocupado por otros dos leones más jóvenes, hoy alojados en un recinto más reducido.
A los problemas estructurales propios de una instalación centenaria (raíces de los árboles que levantan la caminería, fallas en cañerías), está el siempre cuestionado tema de la limpieza. "Reconozco que el lugar no está lo limpio que debería estar, hacemos lo que podemos", dice el director del zoo. Pero el público -el mismo que muchas veces critica "el horrible sufrimiento" de los animales - tiene mucho que ver con esta situación. "En los últimos cinco años habremos colocado unas cien papeleras en lugares estratégicos. ¿Si la gente las respeta? No".
Problemas. Es miércoles y el mediodía está muy agradable. Es el día de entrada gratis, pero todavía no hay nada que se parezca a un aluvión de gente. Unos escolares, unas pocas parejas con hijos y un par de jubilados conforman el público. Y gatos, muchos gatos.
Los gatos son todo un problema. Siempre se las arreglan para estar en todas partes y, como portadores de toxoplasmosis, ya han provocado bajas en algunas especies muy sensibles, como los canguros, los lemures y las suricatas. "Los sacamos y vuelven más rápido. La gente los alimenta afuera y los tira para adentro", dice el director.
Las bolsas de nylon son otro tema. Un letrero a la entrada prohíbe su ingreso, pero tiene el mismo efecto en el público que los carteles que piden "no alimentar a los animales". Esos elementos u otros como alambres han terminado en distintas jaulas con resultados fatales, como la muerte de las jirafas Lucero y Rayo, hace un par de años. De cualquier manera, las contradicciones están al alcance de la vista: los puestos de venta de golosina ofrecen pop... envueltos en bolsas de nylon. "Esa es una situación que estamos tratando de solucionar", dice, medio resignado, Cirillo.
El director destaca que la alimentación de los animales se cumple a rajatabla. El presupuesto anual proveniente de la comuna para gastos de funcionamiento (que incluye comida y medicamentos) es de poco más de siete millones de pesos ($7.528.479 en 2009), cifra que siempre termina aumentando a $ 10 millones al cabo del período. "Eso solo permite un funcionamiento básico".
El veterinario agrega que las mejoras realizadas en los últimos cinco años fueron obra del empuje de los propios funcionarios del establecimiento (unos 73) y del aporte de empresas privadas a cambio de publicidad. "En ese tiempo, estas empresas deben haber invertido cerca de un millón de dólares (...). Entiendo que la Intendencia tenga sus prioridades, pero hay recursos que nos están faltando".
planes. Que haya 1,2 millones de visitantes al año refleja que, pese a todo, Villa Dolores sigue siendo un paseo muy popular. Una entrada muy barata juega a su favor. Y tanto en el zoo como en la comuna sueñan con más mejoras.
Cirillo habla de un proyecto con la Asociación Uruguaya de Acuaristas, para que Villa Dolores cuente con un "acuario sencillo, con especies locales". También menciona otro plan con Mundo Marino, de Argentina, con quienes se está sondeando la posibilidad de organizar espectáculos donde antes estaba el estanque de los hipopótamos.
En la Intendencia hay un fecha clave como deadline: septiembre de 2012. "Entonces se van a cumplir cien años de la donación del matrimonio Rossell", explica Knobel. Desde ahí, el zoológico pasó a ser propiedad municipal. "Entendemos que esa efeméride será el momento inmejorable para hacer una presentación pública de lo que van a ser las acciones, los programas y el destino de los animales para el zoo", agrega.
Knobel apunta a otra fecha: 1954. En ese año, dice, el arquitecto Juan Scasso (el mismo responsable del Estadio Centenario) propuso convertir a Villa Dolores en un espacio de divulgación científica. El primer mojón de ese plan fue la construcción del Planetario. Pero aquel proyecto incluía también otras instalaciones como un museo de ciencias naturales y una biblioteca que hoy, avances tecnológicos mediante, debería transformarse en una mediateca.
"Se puede decir que estamos tras los pasos de Scasso", cuenta entusiasmada Knobel. El proyecto, señala, actualmente está en la etapa de "identificación". Antes de llegar a su diseño y ejecución, realizarán consultas con los ámbitos académicos, con funcionarios del zoo y las ONG dedicadas a la preservación del medio ambiente. La jerarca ya tira algunas preguntas para definir el rumbo: "¿Hasta dónde tenemos derecho a tener un animal en cautiverio? ¿Y en qué condiciones? ¿Hasta donde va mi derecho al conocimiento y el derecho del animal a tener una vida saludable? Yo creo que ahí está el punto".
El punto no parece de fácil solución. Sin embargo, ya vislumbran algunas aristas. "Uno de los objetivos principales de Villa Dolores es lo relacionado a la preservación del medio ambiente. Dentro de ello, en lo específico del zoo, vamos a poner énfasis en la preservación y difusión de nuestra fauna. ¡No vamos a preservar la fauna del vecino!".
Knobel aclara que esto no significa desprenderse, al menos por ahora, de los animales de gran porte -actualmente limitados a la elefanta Yothy, a la jirafa Estrella y a la hipopótamo Clorinda- o la fauna exótica. La salud de estos especímenes -casi todos nacidos en cautiverio- es otra cosa a tener en cuenta. "Ellos están ahí, es su casa. ¿Hasta cuándo? No sabemos, eso depende de las conclusiones a las que lleguemos en septiembre de 2012. Hasta entonces está descartado todo, tanto un traslado como la llegada de nuevos animales grandes. Eso sí, vamos a tener en cuenta lo que dicen los expertos. Si los veterinarios aseguran que si, por ejemplo, mover a la elefanta le va a significar la muerte, no lo vamos a hacer". Queda mucho por definir y muchas voces por escuchar. Mientras tanto, Villa Dolores prepara sus mejores (o mejoradas, o aunque sean "maquilladas") galas para el aluvión de esta semana.
Énfasis en el acceso popular
Ubicado en Avenida Rivera, al Norte de Pocitos, el zoo de Villa Dolores se destaca por su accesibilidad. Desde la Intendencia lo definen como "el" espacio ciudadano por excelencia para la recreación de la infancia. Lo barato de la entrada ($ 20) también juega a favor. El miércoles el ingreso es gratis. Los menores de 12 años no pagan. Y desde la comuna están interesados en que eso siga así.
Según Fernando Cirillo, Villa Dolores recauda entre 135 mil y 140 mil dólares al año por concepto de entradas. Los gastos de funcionamiento están entre siete y diez millones de pesos al año; solo por agua, otros ocho millones en 2009; y por sueldos a los funcionarios, la Intendencia aportó más de 32 millones. Los números cantan: Villa Dolores arroja cifras en rojo. Pero en la comuna tampoco piensan que eso cambie.
"Haciendo los cálculos se puede corroborar que Villa Dolores no es `rentable`. Pero en términos de cultura no cuantificamos los réditos solo en términos económico-financieros, no nos referimos a pérdida sino a inversión, así como sucede en el plano de la salud y la educación", afirma Ana Knobel.