LUIS PRATS
Pocos días antes de asumir la presidencia de Estados Unidos, Barack Obama se entrevistó con todos sus antecesores vivos: por iniciativa de George W. Bush, ya en sus últimos días de ejercicio, reaparecieron en la Casa Blanca Jimmy Carter, Bush padre y Bill Clinton, para dar la bienvenida (y algún consejo) al nuevo inquilino.
Aquel día y por primera vez en mucho tiempo volvieron a reunirse los miembros del "club más exclusivo del mundo", como llama un libro de reciente aparición al reducido núcleo de personas que ejercieron el mando de la superpotencia. Son pocos y rara vez se encuentran todos, pero eso no es un obstáculo para que de alguna manera sigan teniendo influencia. Representan a dos partidos distintos y a menudo rivalizan entre sí por conquistar un mejor lugar en la historia, pero comparten más que una jubilación.
Según The presidents club (El club de los presidentes), la investigación de Nancy Gibbs y Michael Duffy, periodistas de la revista Time con larga experiencia en temas de Washington, desde hace décadas existe una historia de colaboración, asesoramiento y hasta protección recíproca entre los expresidentes estadounidenses. El ejemplo más reciente es la actitud de Bush Jr. con su sucesor Obama. En medio de los durísimos ataques del Partido Republicano contra el actual mandatario, en particular por su reforma sanitaria y su intención de aumentar los impuestos a las rentas más altas, George W. afirmó: "No creo que sea en interés de nuestro país socavar a nuestro presidente y no tengo intención de hacerlo".
FRATERNIDAD. "Con la posguerra, el club de presidentes se convirtió en una fraternidad real, una alianza duradera entre el actual presidente y los ex, nacida de las experiencias compartidas, los errores que evitaron y las oportunidades que aprovecharon. Los presidentes pueden hacer más juntos que por separado y ellos lo saben. Entonces se unen para consultarse, quejarse, consolar, presionar, proteger, redimir", aseguran los autores.
A diferencia de lo que ocurre en casi todo el resto de las democracias occidentales, cuando los presidentes de Estados Unidos dejan su cargo ingresan a un discreto segundo plano en el mundillo de la política interna, más allá de que su voz sea muy escuchada y al hecho de que mantengan una intensa actividad en otros ámbitos. La Vigésimo Segunda Enmienda de la Constitución de aquel país establece desde 1951 que "ninguna persona podrá ser elegida para el cargo de presidente más de dos veces". Antes, Franklin D. Roosevelt fue el único presidente de la historia norteamericana en resultar votado cuatro veces, aunque falleció durante su último mandato.
Por eso, los exmandatarios se automarginan de la carrera electoral, por más que exhiban fuerte prestigio o que su partido no encuentre candidatos atrayentes, como ocurre actualmente con los republicanos. Incluso es raro que luego busquen una banca en el Congreso. Los últimos que lo hicieron fueron John Quincy Adams, elegido para la Cámara de Representantes, y Andrew Johnson, que pasó al Senado, pero ambos casos ocurrieron en el siglo XIX. Diferente es la historia del presidente Grover Cleveland, quien se presentó para la reelección en 1888, fracasó, se postuló nuevamente en 1892 y fue elegido para un segundo mandato. Mucho después, en 2007-2008, Clinton hizo campaña pero por la nominación presidencial de su esposa, Hillary, a quien Obama derrotó y después incorporó a su gabinete como secretaria de Estado.
Según Gibbs y Duffy, el acta fundacional de ese club la estableció Harry Truman el 20 de enero de 1953, el día que Dwight Eisenhower inició su presidencia. Truman, mandatario saliente, se dirigió a Herbert Hoover, presidente entre 1929 y 1933, y le dijo: "Deberíamos organizar un club de expresidentes". Hoover le respondió: "Bueno. Usted será el presidente y yo el secretario". En aquel momento, eran los únicos expresidentes vivos.
Mucho antes que ambos lo llamaran club, ya habían iniciado su actividad. En 1945 y a pedido de Truman, Hoover llevó adelante una misión internacional discreta al final de la II Guerra Mundial, con el objetivo de colaborar con la reconstrucción europea. Truman valoró mucho ese apoyo, porque según confesó luego de dejar el Salón Oval, la muerte de Roosevelt lo sorprendió sin la necesaria preparación para su responsabilidad, aunque era el vicepresidente. Por ejemplo, no tenía idea de los preparativos de la bomba atómica.
El libro señala que Hoover se reunió con siete reyes, 36 primeros ministros y el papa. Por lo menos, también con un presidente extranjero: viajó a Argentina para tratar de convencer a Juan Domingo Perón de que incrementara las exportaciones de granos y carne a Europa. Como republicano, además, Hoover ayudó al demócrata Truman para lograr en el Congreso los votos necesarios para ese ambicioso plan de ayuda.
RIVALIDADES. Cuando era presidente, Richard Nixon recibió en la Casa Blanca a su antecesor, Lyndon B. Johnson. En confianza, le mostró un sistema con el cual grababa todas las conversaciones que realizaba allí. Esa manía por registrar todo terminaría costándole caro a Nixon, que hasta último momento se negó a entregar a la Justicia las cintas con conversaciones relativas al caso Watergate.
Tras las elecciones de 1976, Carter y Ford quedaron distanciados. Pero en 1981 coincidieron en un largo vuelo a El Cairo, para el funeral del asesinado líder egipcio Anwar el-Sadat. Y, según el libro, encontraron que tenían muchas coincidencias.
Otros rivales electorales, Bush padre y Clinton, también parecían distanciados. Pero el trabajo conjunto en favor de las víctimas del huracán Katrina en 2005 los acercó tanto que Clinton pasó sus siguientes vacaciones con los Bush en Maine, pescando y jugando al golf.
Por supuesto que no todo es apoyo y coincidencia política. Además de la obvia rivalidad entre demócratas y republicanos, en muchos casos los presidentes no ocultaron su antipatía por alguno de sus colegas. Se asegura que Eisenhower no apreciaba a Nixon cuando era su vice y en cambio se llevó bien después con Johnson, texano como él. El famoso Ike llamaba "ese joven mequetrefe" a John Kennedy, pero luego se entendieron mejor.
¿Y entre Clinton y Obama? En la campaña 2008, intercambiaron fuertes acusaciones. En 2011, Clinton publicó el libro Back to work (Vuelta al trabajo) en el cual apoya las medidas de Obama contra la crisis, pero desliza alguna crítica y se atreve a formularle consejos públicamente. ¿Lo habrán discutido después en el club?
El perdón de Ford a Nixon
En 1974, cuando Richard Nixon vivía su peor hora, en medio del escándalo Watergate, le hizo saber al vicepresidente Gerald Ford que renunciaría si éste, ya como presidente, le garantizaba el indulto. Ford, amigo personal de Nixon, no quiso pronunciarse entonces. Poco después, Nixon terminó renunciando. Una de las primeras medidas de Ford fue otorgar un perdón amplio para todos los delitos federales cometidos por su desprestigiado antecesor. La medida, muy criticada, fue una de las razones de su derrota en las elecciones de 1976 ante Jimmy Carter.
La influencia de Reagan
Ronald Reagan compitió con Richard Nixon en las primarias republicanas de 1968, pero tras ser derrotado lo apoyó decididamente. Similar respaldo le brindó cuando era gobernador de California y recibió en su Estado a Nixon, desprestigiado por el caso Watergate. Cuando Reagan fue presidente, Nixon le retribuyó con discretos consejos. En 1988, su condición de vicepresidente de Reagan fue clave para la elección de George Bush. En la foto, cuatro exmandatarios republicanos en la inauguración de la Biblioteca Nixon: Reagan, Nixon, Bush y Ford.
Obama y sus antecesores en contacto
"Fue una reunión excepcional", dijo Barack Obama en enero de 2009, luego de compartir una reunión en la Casa Blanca con George Bush padre e hijo, Bill Clinton y Jimmy Carter, pocos días antes de asumir como presidente. Ya en el cargo, Obama recurrió a la experiencia de sus antecesores y convocó a Bush padre y Clinton para que encabezaran la recolección de fondos para socorrer a las víctimas del terremoto de Haití en 2010. Bush se excusó debido a su edad, por lo que Obama convocó a George W. El fotógrafo de la Casa Blanca registró a Obama pasando la mano por el hombro de Bush y Clinton mientras caminaban, en señal de amistad. En 2011, tras la muerte de Osama Bin Laden, el presidente estadounidense llamó a Clinton y Bush para darles la noticia, antes de hacerla pública. Ambos exmandatarios felicitaron públicamente a Obama por el operativo contra el líder de Al Qaeda.