MARTÍN FABLET | MFQ1962@YAHOO.COM
La mayoría de las cosas enterradas que podemos considerar valiosos tesoros han tenido dueño. Una vez que las descubrimos tienen un nuevo propietario, o por lo menos socio. Me refiero al Estado. Generalmente esos tesoros se encuentran en forma accidental. Por ejemplo, excavando para plantar los cimientos de un edificio o perforando en busca de agua.
Otras veces son encontrados por personas que la tienen clara. Topógrafos, antropólogos, historiadores y otros estudiosos concluyen con precisión el lugar donde se encuentra ese preciado tesoro.
Yo, en cambio, estoy en busca del Rolex Daytona de oro. Lo vengo rastreando desde hace muchos años. Para ello utilizo un detector de metal marca Garret modelo ACE 150. La verdad que funciona muy bien, aunque todavía no me ha encontrado el reloj. Sí me he aburrido de hallar monedas y chapitas de refrescos de todo tipo y color. Estos detectores de buena calidad funcionan a pulsos de inducción y permiten encontrar monedas de 10 pesos a una profundidad de 25 cm.
Si usted está tumbado en la arena, disfrutando del sol y le pasan por al lado con uno de esos detectores, seguramente le caiga mal. Más aún si vemos que esa persona descubre algo. Es que en cierta forma tiene algo de garrón, y entre garrones no hay camaradería. Nos fastidia que alguien saque provecho de algo tan sin dueño como una moneda de 10 pesos enterrada en la arena, porque en una de esas se nos cayó a nosotros hace un rato, ayer o el verano pasado.
Desde siempre las comparaciones han sido odiosas y, en los clubes de cazadores de tesoros en Estados Unidos se suele hacer un promedio de encuentros. La cosa anda entre los 12 y 20 dólares diarios (sólo en monedas). Estos piratas sin barco dicen también encontrar de dos a siete anillos de oro, algunos brazaletes y relojes de valor. Todo esto en tres meses. Se invierten no más de seis horas diarias y lo obtenido permite veranear dos meses completos a una familia de cuatro. Sí, me da bastante fastidio. Primero, porque lo más valioso que he encontrado en mi vida fue un reloj Cartier trucho. Y, segundo, los números son mejores que los de nuestros acomodadores (sin tarifa) y limpiavidrios. Es algo que debemos tener en cuenta a la hora de recomendar oficios.
Tipos. El detector común, como el que tengo yo (pulsos de inducción), tiene un alcance máximo de un metro dependiendo del tamaño del objeto. Si el vendedor le dice que detecta más profundo, le está mintiendo. Su precio en Estados Unidos es de unos 350 dólares (www.garret.com).
El polémico Trackerhound (www.radiestesia.cl/index.html) es un instrumento que obedece los impulsos del subconsciente del usuario. Si bien es medio místico, los resultados parecen asombrosos. Los parámetros de detección los fija el mismo operador y usualmente no hay restricciones de profundidad o distancia, ni tampoco contaminación por mineralización. Es casi mágico, como una bola de cristal pero, como todas estas cosas pseudo esotéricas, requiere algo de entrenamiento para su uso. Detecta napas de agua, placeres auríferos y si gusta, restos arqueológicos y hasta el mismísimo tesoro de las Masilotti (www.radiestesia.cl/).
Los GPR (Ground Penetrating Radars) son verdaderas eco sondas terrestres muy similares al aparato con que le hacen ecografías a su señora. La imagen subterránea se ve en una laptop en forma tridimensional. Es un instrumento de verdad. Se utiliza en importantes obras civiles. Pueden llegar a costar hasta 60.000 dólares (www.geomodel.com)
Los Side Scan Sonars son radares también y su tecnología es analógica (a diferencia del anterior que es digital). Son los más utilizados para detectar hundimientos. Su alcance es de hasta 200 metros. En Estados Unidos rondan los 15.000 dólares (https://marinesonic.us).
Con esta selección usted podrá saber cuál tipo de detector le conviene más para lo que pretende encontrar. Es un bonito hobby, relajante, aunque con momentos de emoción, especialmente si encuentra oro en barrio Marconi.
Hay detectores que permiten encontrar monedas de $10 a 25 centímetros de profundidad.