Más joven que ayer

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Fernando García

(desde Buenos Aires)

DIEZ AÑOS ATRÁS, en ocasión de su primera visita a la Argentina, Neil Young ofreció algunas entrevistas en el décimo piso de un hotel internacional. Era curioso observar entonces como se distribuían las energías en el lugar. Un enjambre de colaboradores y ejecutivos del sello Warner daban vueltas al salón orbitando en torno a un centro que permanecía inmóvil y cuya sola presencia física obligaba a un voluntario ejercicio espiritual como aquel de los japoneses al quitarse los zapatos cuando entran a una casa. Acercarse a Neil Young -por entonces un hippie irredento-, a su aspecto mixto de jefe indio norteamericano y cowboy solitario, a su mirada paradojalmente gastada y poderosa, era justamente eso: dar los primeros pasos en una casa encantada o un templo grave, ominoso.

Diez años después, la edición espaciada en seis meses del álbum y el dvd Le Noise parecen fijar un mensaje que Neil Young expresó al reflexionar sobre el suicidio de Kurt Cobain: "la música acarrea una energía muy poderosa, si se la busca y se accede a ella puede ser tan maravilloso como peligroso".

Le Noise es una perfecta síntesis canadiense de francofonía e inglés, lo cual habla del origen de Young (que nació en el Hospital General de Toronto en 1945) y del productor Daniel Lanois (Quebec, 1951). Se comprenderá también el juego de palabras con el apellido Lanois y el nombre del disco, y luego el DVD, que en otra vuelta de traducción terminaría llamándose nada menos que El ruido. La portada de Le Noise (el CD y el DVD insiste con la descripción del cuerpo y la música de Neil Young como un templo apacible y peligroso. Lo que vemos es el contorno del cantante-guitarrista absolutamente solo y recortado en una arquitectura belle époque: el retrato del artista como un domador de su propio abismo.

el disco y la filmación. Le Noise es uno de los discos más trascendentes de Neil Young en la última década y otro punto alto en la carrera de Lanois, que ya había conseguido plasmar una metafísica del arte de Bob Dylan en Time out of mind (1997) y reconvertir a U2 del heroísmo épico a la arquitectura de ambientes sonoros con Achtung Baby (1991).

Le Noise (DVD) como filmación de las ocho canciones del disco se limita al registro documental del recorrido de Young por esa casa cableada de Los Ángeles y explota las mismas limitaciones que artista y productor se impusieron ante la grabación. Si el disco es una intemperie de voz y guitarra, la filmación traduce esos impulsos energéticos al blanco y negro y un uso saturado de la luz que replica el obsesivo trabajo de Lanois sobre la reverberación, los acoples, el eco, todo lo que él denomina "sonics". Lo que es ruido (le noise) en la grabación se traduce entonces en resplandor en la filmación. Lanois mueve a Neil Young por toda la casa como si fuera un espectrómetro, imagina un ambiente especial para cada canción y trata de aprovechar la resonancia entre la arquitectura y la energía que irradia el unísono persona-guitarra. "Sentía que las canciones eran cuadros, que necesitábamos una imagen para cada canción", dice el productor en el sitio oficial de Young, quien desde 1968 ha grabado 42 discos, entre obras de estudio y tomas en vivo.

el sonido. Le noise plantea entre los fans de Young una pregunta que no es nueva. ¿Es acústico o eléctrico? Posiblemente ninguna de las dos cosas. Habría que hablar de un sonido electrificado y no eléctrico, acustizado en vez de acústico.

Bajo esas reglas, Le Noise es performance pura. Ocho canciones, cuyos textos tienen la resonancia de una leyenda oral, grabadas de una toma. Lanois es el orquestador en las sombras, que trabaja el desprolijo estilo de Young como si en tiempo real escribiera un ensayo sobre el ruido en la música del autor de discos que ya son historia de la música popular como Harvest (1972), Zuma (1975), Ragged Glory (1990) o Sleep with Angels (1994), por citar algunos.

En el extremo acústico del disco, la cadencia de la guitarra recuerda a una zamba de Yupanqui. Love & War oficia como un motivo campero donde el chamán se sitúa en un presente perfecto: todo lo que hizo fue cantar de amor y guerra desde 1967 a 2010. Sorprende, sin embargo, que desnude esta confusión sin anestesia: "Cuando canto sobre el amor y sobre la guerra nunca sé en realidad sobre que estoy cantando".

La apertura "Walk with me" (Camina conmigo) opera como una metáfora del lugar que Neil Young ocupa en el arte hoy. En esta canción el canadiense de semblante cansado esboza una ontología del rock. Este es el rock sin roll (donde sin bajo ni batería no hay swing, groove o marcha); una decisión estética en la que, como en un ideograma chino, Young explica el paso del "rock&roll" (danza, ruido díscolo de la industria del entretenimiento) a la "cultura rock" con su vasta red de conexiones culturales.

"Walk with me" que empieza con un riff descontextualizado al estilo de AC/DC (como si el grupo de heavy metal quedara inmovilizado bajo su propio peso) es parte y todo de Le Noise. Este disco acaso sea el mejor ejemplo de un rock augusto que asume el ruido como respiración pero a la vez reflexiona sobre su imposible fuga hacia adelante. El riff de heavy metal que no precede a la combustión de bajo y batería es una especie de cartel publicitario en blanco, no se termina de consumar como signo.

El trauma de los maduros. Como ningún otro artista de su generación, incluidos los Stones y Paul Mc Cartney, Young problematiza hoy el trauma del rocker maduro. Su música está aquí por la cotidianeidad de cualquier padre de familia con una colección de discos más o menos meritoria enganchado al placebo de su adolescencia. Pero es el sonido, el timbre de la voz, el grano de la distorsión lo que trasunta ese efecto y no un despliegue demagógico del catálogo de problemas del hombre común (Springsteen).

En Young no hay que celebrar un regreso a las raíces. Mientras Ferry y Clapton encuentran su mejor forma artística en el autoplagio, Neil Young aliena a su audiencia. No vuelve a las raíces; se va por las ramas.

Pero el núcleo ardiente de Le Noise es esa autobiografía de cinco minutos llamada "Hitchhicker" (El que hace dedo).

Tras una tormenta eléctrica considerable Young empieza cantando sobre su adolescencia en Toronto y desgrana una crónica íntima de los estados alterados. "Ustedes no me vieron en Toronto cuando empecé con el hash…", empieza. Y dice después: "Luego vinieron las anfetaminas y mi cabeza quedó atrapada en un vidrio". En esta catarsis exhibicionista de reality show, Young está más cerca de Eminem que de Bob Dylan y eso también habla de su inoxidable carrera. Cuando "Hitchhiker" se va apagando ("Traté de deshacerme de mi pasado pero él está aquí conmigo"), Young agradece por su "familia y su mujer fiel".

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