Andrés Olivera
EN EL 2011 se cumplen 30 años de la irrupción de Sonic Youth en la escena musical de Nueva York. Es una larga carrera, en la cual dinamitaron la división entre el rock independiente y el comercial, siendo hoy un referente esencial del rock contemporáneo.
30 años atrás, en el mítico Noise Fest de 1981, realizado en la White Columns Gallery, ocurrió la presentación oficial junto a otros artistas de la vanguardia neoyorkina. Ya desde sus orígenes dejaron en evidencia su proximidad a otras manifestaciones artísticas; así lo muestran el arte de sus discos, los afiches promocionales, la colaboración con el ambiente literario o la participación en bandas sonoras de diversos films. Esta actitud multidisciplinaria ha quedado de manifiesto en la muestra itinerante "Sonic Youth etc.: Sensational Fix" (2009-2010), donde se ven los trabajos realizados con artistas de la talla de John Cage, Allen Ginsberg o Sofia Coppola. Allí hay artes visuales, literatura, música y objetos cotidianos relacionados con la banda. Son músicos que también se formaron en escuelas de arte.
NUEVA YORK EN LOS 80. La ciudad asistía a los funerales del efímero movimiento No Wave en respuesta al estallido New Wave de Europa, a sus abultadas ventas y su glamour de escaparate. Fue el terreno fértil para que germinaran referentes del rock independiente norteamericano como Lydia Lunch, Mars o Glenn Branca con sus sinfonías compuestas para ocho guitarras eléctricas de las que Thurston Moore y Lee Ranaldo, futuros guitarristas y miembros fundadores de Sonic Youth, participaron. Son pocos los elementos comunes que se pueden identificar entre los músicos de esta tendencia, a excepción de los sonidos atonales, la rítmica repetitiva y el contenido nihilista de sus letras. Fueron, eso sí, referentes para las bandas de rock industrial o noise que luego se formarían en esas tierras.
A principios de los `80 aparecían los primeros grupos hardcore en Nueva York y la costa oeste. Formaciones como Bad Brains, Black Flag o Dead Kennedys cargaban de política, velocidad y violencia al sonido punk de la década anterior. Al principio se asoció a Sonic Youth con esta corriente, o también con el art rock, según el tímpano que lo filtrara. Pero de a poco las etiquetas fueron cayendo y se los identificó como una banda de rock a secas, basando siempre su sonido en el uso poco ortodoxo de los instrumentos. Guitarras baratas llevadas al límite con efectos de distorsión, uso de baquetas en lugar de púas convencionales, y la fricción de objetos metálicos sobre las cuerdas de acero gastadas, fueron algunas de las prácticas que la banda explotó desde sus inicios. Lejos de blindarse respecto al entorno, como ocurría con las agrupaciones emergentes más radicales, los sónicos desarrollaron una fascinación por la búsqueda interior y una fluida interacción con el entorno musical. Esto llamaba la atención en esa década, donde imperaba el divismo. Sonic Youth cambia las reglas de juego, nutriéndose del aporte tanto de estrellas como de principiantes, generando un flujo creativo hacia otras bandas en fase de despegue, ya consagradas, o tocando con músicos de los más diversos estilos.
EXITO EN EUROPA. Sus primeros trabajos fueron editados por el sello Neutral, propiedad de Glenn Branca. A su sonido agreste, se suma la deuda con el movimiento No Wave y el gusto por los covers que los ha acompañado a lo largo de su carrera. La difusión se realizó a través de afiches con ilustraciones del dibujante Savage Pencil, que reflejan la estética de las publicaciones subterráneas de la época.
A mediados de esta década se consolida su formación definitiva. A los guitarristas Moore, Ranaldo y la bajista Kim Gordon, se suma el baterista Steve Shelley, proveniente de la banda Crucifucks. Luego viene el sello independiente SST y la distribución con alcance a todo el país. A pesar de aumentar la difusión en Estados Unidos, tuvieron mayor éxito inicial en el viejo continente, coincidiendo con el auge de sus pares británicos The Jesus and Mary Chain y su sonido shoegaze.
La trilogía compuesta por los discos Evol, Sister y Daydream Nation es uno de los puntos altos en la carrera de la banda. En estos trabajos incorporan elementos pop, suavizando el sonido, que de a poco se torna accesible a los oídos medios. Sister, por ejemplo, está inspirado en la obra del escritor Philip K. Dick; explora un territorio más conceptual y la experimentación trasciende sus propios límites, permitiéndose ciertas excentricidades como grabar en un viejo estudio especializado en doblajes de bajo costo. El sonido de este trabajo tiene una impronta de baja fidelidad que luego será retomada en Experimental Jet Set, Trash and No Star (1994).
Daydream Nation fue un éxito inmediato de ventas, además de contar con excelente recepción por parte de la crítica especializada; sin embargo, la discográfica Enigma tuvo dificultades en la distribución del mismo.
En 1990 participan en el disco Dead City Radio, musicalizando textos de William Burroughs. El trabajo fue dedicado al artista y activista Keith Haring, desaparecido ese año.
SALIR DEL UNDERGROUND. El pecado capital, para cualquier músico independiente, es el ingreso al mercado comercial. R.E.M. ya había fichado para Warner Bros; Sonic Youth lo hace con el sello Geffen, donde luego seguiría Nirvana. Estos últimos, junto a otras bandas, los acompañarían en la gira europea registrada en el documental The Year Punk Broke (1991, dir. Dave Markey), donde aparece un muy joven Kurt Cobain antes de convertirse en ídolo.
Contra los oscuros pronósticos, en 1990 se edita Goo, con arte de tapa de Raymond Pettibon, creador del logo de la banda Black Flag. La autonomía sobre el producto continúa intacta y colaboran con ellos los polémicos raperos Public Enemy, dándole un matiz de amenazante sensualidad al tema "Kool Thing" en la voz de Chuck D.
Para su siguiente álbum, Dirty, se encarga el diseño de portada y libreto al artista Mike Kelley, con referencias a las manifestaciones más sucias del pop art.
Su primer tema acústico, "Winner Blues", aparece abriendo el álbum Experimental Jet Set, Trash and No Star. En "Screaming Skull", del mismo álbum, queda claro el carácter secundario que tienen las letras en su obra. Hay frases sueltas, auto-referencias herméticas y humor corrosivo.
Con el cambio de siglo, y tras su paso por varios productores, ingresa Jim O`Rourke como productor y quinto miembro del grupo. Murray Street, Sonic Nurse y Rather Ripped se componen de canciones, salvo pocas excepciones, de formato más convencional.
INDEPENDIENTES DE VUELTA. Tras fichar para Matador Records en 2009, vuelven a la arena independiente. Con The Eternal demuestran gozar de buena salud y lo hacen con un producto accesible a todos los oídos, sin perder la esencia de rebeldía juvenil. La combinación de melodías ruidosas con la desafinada distorsión de sus guitarras sigue siendo una fórmula efectiva. La participación de Mark Ibold, bajista de Pavement y la partida de Jim O`Rourke, le devolvieron a su sonido la impronta más agresiva y descontrolada de sus orígenes.
La banda sonora del film Simon Werner a Disparu, primer largometraje del director francés Fabrice Gobert, es su último trabajo, con trece temas instrumentales que van desde las melodías de piano hasta la improvisación extrema de sus guitarras. Exploran su costado más conceptual, manteniendo en estado salvaje el espíritu de ruptura iniciado en los años `60 por Lou Reed o Iggy Pop.
La banda se presentará en breve en Montevideo.