Me tomé el trabajo y tuve el placer, de reencontrarme con un viejo amigo: Julio Cortázar (1914-1984). Releer a Cortázar cuando uno está rozando la sesentena es una experiencia apasionante porque releer es una experiencia apasionante. A veces los libros más queridos nos traicionan; a veces la antigua pasión sigue viva. Cortázar sigue vivo.
Fue un hombre muy culto e inteligente, demasiado cerebral para su propio gusto, que se pasó la vida escribiendo cuentos y novelas donde la lógica perdía y ganaba lo raro, lo excepcional, lo imposible, lo "fantástico". Creo que vivió su dos más dos cuatro como una angustiosa desgracia a la que había que escapar apelando sí a la literatura, pero también a la niñez, al juego, a la "rayuela". Y porque la vida es bastante cuadrada, pese a los tigres, y a tal causa tal consecuencia, maduremos, el pobre Cortázar tuvo siempre su costado Peter Pan que también debe haber sufrido bastante. Entre Cerebro y Peter Pan…. Tensiones así hacen a los grandes escritores.
Releí todos los cuentos, teniendo en cuenta que me robaron Historias de cronopios y de famas hace décadas. Los primeros cuatro libros son maravillosos: Bestiario, Final de juego, Todos los fuegos el fuego, Las armas secretas. Empezó a declinar con Octaedro, donde hay algunos relatos por debajo de su nivel: "Los pasos en las huellas", tal vez "Lugar llamado Kindberg", "Las fases de Severo" e incluso "Liliana llorando". Sí tocó fondo con Alguien que anda por ahí, donde sólo brilló en "Las caras de la medalla" y zafó en "La noche de Mantequilla", "En nombre de Boby" y "Usted se tendió a su lado". En Queremos tanto a Glenda lo mismo; se rescatan "Texto en una libreta", "Historias que me cuento" y "Anillo de Moebius". Los textos tempranos reunidos en La otra orilla son tempranos; puede destacarse apenas "Mudanza". Su último libro, Deshoras, aunque hay dos o tres cuentos medianos, es nuevamente un gran Cortázar: "Satarsa", "Deshoras", "Diario para un cuento", "Segundo viaje" y el inolvidable "La escuela de noche". No incluyó en ninguno de estos libros "La caricia más profunda" (está en la miscelánea de La vuelta al día en ochenta mundos); olvido a reparar porque se trata de un Cortázar puro y duro. Y todavía no releí Rayuela, pero sospecho que se trata de lo mismo: un enorme cerebro con patas que sueña con transformarse en Peter Pan y no crecer Nunca Jamás, y no poder, quedarse siempre de este lado, lejos de la Maga y de la magia que sólo encontró ocasionalmente: escribiendo, enamorándose, haciéndose trampa y sabiéndolo. Porque la vida es dura y es cuadrada: un bloque de hormigón, mi querido Julio. Nos vemos. Un abrazo.