ROSARIO PEYROU
LA PUBLICACIÓN en castellano de estos cuentos del riograndense Joao Simões Lopes Neto es un acontecimiento: por su extraordinaria calidad, y porque su tardía aparición llama la atención sobre la ignorancia que tenemos en el Río de la Plata de la cultura brasileña. O de las culturas brasileñas, como debería decirse de un país multiétnico que es además, por sus dimensiones, un continente. Este desconocimiento es mucho más llamativo en el caso de Rio Grande del Sur, región con la que compartimos más de lo que nos separa. La barrera ha sido, como es lógico, la lengua; durante años aquí se ha leído, con aisladas excepciones, exclusivamente la literatura brasileña que se traducía en la Argentina y la muy escasa que hoy se traduce en España. Que en el caso de Lopes Neto esta edición uruguaya sea la primera en el ámbito de la lengua castellana, se debe al interés de los responsables de la editorial Banda Oriental, que no solo han publicado en su Colección Lectores a clásicos de la importancia de Machado de Assis, Lima Barreto o Graciliano Ramos, sino que han traducido ya a escritores riograndenses -contemporáneos- como Tabajara Ruas, Sergio Faraco y Aldyr García Schlee.
EL FRACASADO. El caso de Lopes Neto parece confirmar el refrán que afirma que nadie es profeta en su tierra. Ni en su tiempo, habría que agregar. Nacido en 1865 en la ciudad de Pelotas, donde murió a los 51 años, Lopes Neto publicó en 1912 sus Contos Gauchescos que, según informa en el imprescindible y documentado prólogo de esta edición Heber Raviolo, pasaron sin pena ni gloria. El hombre, de origen patricio pero curtido en el fracaso de todas las empresas que intentó (tuvo una destilería, fue fabricante de cigarrillos y de medicamentos contra las garrapatas y lombrices del ganado, entre otros emprendimientos comerciales, con un tesón y una mala suerte que recuerdan al Quiroga pionero) no era considerado, dice Raviolo, como un intelectual ni como un escritor importante por sus contemporáneos. Interesado en el folclore de su región, publicó algunos versos en periódicos locales antes de dar a conocer las dos recopilaciones de poesía popular y leyendas riograndenses y el libro que a las cansadas le daría el lugar que merece en la literatura regional: estos Cuentos gauchescos, que debieron esperar demasiado tiempo para empezar a ser valorados. Es que el pobre Lopes Neto no era respetado ni siquiera en su entorno familiar. Aldyr García Schlee recuerda que en 1950 resolvió consultar a personas que lo habían conocido -incluida su viuda- y que aquello fue tan desanimante que resolvió no publicarlo "por respeto a la memoria del escritor".
En el Uruguay, antes de esta edición, solo se conocía un cuento publicado por Asir -"La trenza de la china"- por iniciativa de Julio C. da Rosa. Y por supuesto, no se lo había tenido en cuenta a la hora de trazar panoramas de la literatura criollista y regional.
EL MUNDO DE LA FRONTERA. Corregir esa omisión era necesario porque el mundo que pinta Lopes Neto no solo comparte muchos aspectos de la cultura rural regional, sino que parece la pieza que faltaba para conformar el puzzle de un género y de una época de nuestra literatura. Una pieza clave además para la comprensión de esa zona de frontera que, ignorada durante mucho tiempo, recién en los últimos años empieza a ser visibilizada en sus peculiaridades lingüísticas y antropológicas. Cultor de un cierto nacionalismo riograndense, Lopes Neto vio en la reconstrucción literaria de un pasado que consideraba glorioso una manera para que "la raza que se está formando aquilate, ame y glorifique los lugares y los hombres de nuestros tiempos heroicos, por la integración de la Patria común, ahora bendecida por la paz", como dice en la introducción de su libro. Esa época es la de la Revolución de los farrapos (1835-1845) -movimiento armado que pretendió la independencia de la región del Imperio del Brasil- y la de la guerra del Paraguay, dos acontecimientos estrechamente ligados a la historia de la Banda Oriental. (Mientras en el Uruguay la guerra de la Triple Alianza es motivo justificado de vergüenza, en el Brasil todavía la nomenclatura y los monumentos públicos se ufanan en su recuerdo).
UN LENGUAJE. Pero ese proyecto, explícito en su didactismo sobre "los tiempos heroicos" no puede evitar que el mundo que describe escape a la idealización que proclama. La literatura le gana una vez más a la ideología, y de la pluma de este aristócrata venido a menos y con pretensiones nacionalistas, surge un mundo vívido, violento, lleno de color y de furia, de crueldad y de pasión.
Lo más notable de la obra de Lopes Neto es el hallazgo del lenguaje. El narrador de estos cuentos es Blau Nunes, un ex soldado de la guerra de los farrapos que ha sido tropero, peón rural y siete oficios. Su lenguaje popular, lleno de imágenes, de picardía y de castellanismos rioplatenses, es la más brillante invención de Lopes Neto, lo que, a la hora de su tardía reivindicación, le ha valido con justicia la comparación con el Guimaraes Rosa de Grande Sertao: veredas. Porque está allí -en el lenguaje- la clave de su modernidad y el poder de convicción del mundo que describe. Y en la notable capacidad para describir ambientes, en la agilidad con que se cuentan acciones violentas y faenas rurales, en la elección de los detalles significativos (y se sabe que la vida está en los detalles, como decía Flaubert).
Raviolo consigna que ya han sido establecidas por la crítica las relaciones con los gauchescos de este lado de la frontera de la lengua: García Schlee lo ha hecho con escritores uruguayos y argentinos como Fray Mocho, Benjamín Fernández y Medina, Acevedo Díaz y especialmente con Javier de Viana, a quien Lopes habría leído. Se ha hablado de la relación con el Martín Fierro en un cuento como "El negro Bonifacio", que efectivamente recuerda "la pelea con el moreno" del libro de Hernández. Podría agregarse esa misma huella en "Correr yeguada" donde se describen tareas rurales de enorme rudeza con un ánimo festivo que trae a la memoria un pasaje del primer canto del Martín Fierro, el que concluye con "aquello no era trabajo. Más bien era una función" (vs.223-224 Martín Fierro, 1).
El libro de Lopez Neto incluye piezas diversas. Hay cuentos que recogen acciones bélicas cerca de la frontera o truculentos dramas pasionales, otros son retratos de personaje; también hay reformulaciones de leyendas rurales y hasta unos "Artículos de fe del gaucho" que son una suerte de catecismo costumbrista. En conjunto pintan un mundo ya perimido de campos sin alambrar y ganado orejano, de "líos con los castellanos", un mundo viril y misógino, donde el drama y la violencia desatada recuerdan al cine de Glauber Rocha. Pero no falta sin embargo una cierta capacidad de alegría muy brasileña y un humor de raíz popular que brilla en anécdotas como las de "Chasque del emperador" o "El mate de Joao Cardoso". Un cierto machismo nacionalista y pícaro, atravesado de xenofobia antiportuguesa aparece en "Melancia, coco verde".
Mención aparte merece el cuidado de la traducción a cargo de Román García Arrospide -revisada por Heber Raviolo- que incluye una importante cantidad de notas para aclarar términos de difícil versión en castellano. En ese excelente trabajo llama la atención la aparición de un "acluquiyado" por "acuclillado" sin que medie nota que aclare la elección de esa curiosa ortografía. El detalle no empaña, por supuesto, el celo con que se presenta lo que Raviolo califica con acierto como "una joya de nuestra literatura regional criollista que, sin ninguna violencia, ha de ser colocada a la altura de las mayores creaciones del género".
CUENTOS GAUCHESCOS, de Joao Simões Lopes Neto. Ed. Banda Oriental, Montevideo, 2008. 139 págs.