Luis Fernando Iglesias
A LOS SESENTA y nueve años, Sir Paul McCartney está en un buen momento. El pasado 9 de octubre, día del cumpleaños de John Lennon, contrajo matrimonio con la neoyorquina Nancy Shevell y espera no repetir la triste historia de desencuentros que tuvo con su segunda esposa, Heather Mills, con la que se casó en 2002, tuvo un hijo y, tras una turbulenta separación, se divorció en 2008. Mills supo pegarle en lugares que duelen. Ventiló detalles de su intimidad y lo describió como una persona violenta y demasiada adicta a la marihuana. Finalmente, obtuvo una buena suma de dinero por terminar la relación y mantener silencio.
Incluido en el Libro Guinness de los Récords como el músico de mayor éxito en la historia de la música popular, en 2011 terminó otra de sus largas giras, que lo trajo, una vez más, por Sudamérica. Durante diez años estuvo al frente de su banda Wings y en su carrera solista lleva vendidos millones de álbumes, simples y DVDs. Se dio el gusto de componer música clásica, editar libros de poesía y, en los ratos libres, dedicarse a la pintura. Sin embargo, todos esos galardones y logros toman un segundo lugar si se piensa en McCartney. Siempre será, antes que nada, el compañero de Lennon en las más famosas composiciones de la historia de la música popular. Algo similar le ocurre a John.
A fines de los 90, Barry Miles escribió la excelente biografía Hace muchos años, resultado de unas treinta y cinco entrevistas que el autor hizo a McCartney. En los 60, la relación entre ambos fue estrecha y el libro tenía como virtud acompañar la historia del bajista con el relato de las costumbres y forma de vida de aquellos años, pero había poco lugar para la autocrítica. A McCartney siempre le gustó mostrarse amable, y antepuso ese objetivo a revelar alguna historia escabrosa. Sin su apoyo, Peter Ames Carlin intenta en Paul McCartney. La Biografía tomar cierta distancia y mostrar algunas de las zonas oscuras protegidas por el músico. También demuestra su admiración por él, pero no tiene problemas en contar cómo, durante muchos años, no permitió que los integrantes de Wings participaran en las ganancias de la banda, abonándole como única retribución setenta libras por semana. El final tampoco fue grato para ellos: se enteraron por la prensa de que el grupo se había disuelto. A veces McCartney no es tan simpático y agradable como parece.
El inicio. Los McCartney eran una familia de clase media baja de Liverpool. El padre, James "Jim" McCartney, fue un aplicado y eficiente empleado de una compañía algodonera, donde llegó a ser vendedor. Su trabajo lo hizo abandonar la banda de música que integraba: la Jim Mac`s Jazz Band. Se casó con Mary Mohan, que trabajaría como nurse, y tuvieron dos hijos: James Paul, nacido el 18 de junio de 1942, y dos años después Peter Michael, quien, como su hermano, sería conocido por su segundo nombre. Mary falleció en 1955 a consecuencia de un cáncer de mama, en una historia que Paul volvería a vivir con Linda, su primera esposa, cuarenta y tres años después. Jim legó a sus hijos el gusto por la música pero también su sentido de responsabilidad. Una cosa era la diversión, componente indispensable de la vida, pero lo más importante era cumplir con los deberes de cada uno.
Esas dos enseñanzas calaron hondo en Paul y constituyeron uno de los rasgos que más molestaban a John Lennon, a quien, como se ha contado muchas veces, conoció el 6 de junio de 1957 cuando, incitado por su amigo Ivan Vaughan, Paul fue a ver a la banda The Quarrymen en la Iglesia de St. Peter. Lennon era dos años mayor que él y tenía todas las características que aborrecía en una persona. Prepotente y grosero, le gustaba jugar bromas pesadas a quien tuviera enfrente. También para Lennon ese joven que encontró detrás del escenario luego del show era alguien alejado de su ideal de compañero. Regordete, prolijo y cuidado en la forma de vestir, McCartney parecía alguien destinado a las crueles bromas de John más que un potencial socio musical. Pero cuando Paul pidió una guitarra para cantar "Twenty Flight Rock" de Eddie Cochran, y la tocó con sus exactos acordes, todo cambió.
Lennon quedó impresionado y enseguida entendió que sería un gran avance para la banda si se les unía ese gordito con cierto parecido a Elvis. También percibió una luz roja para su liderazgo. Sabía que la competencia sería inevitable: McCartney era -y acaso siempre fue- mejor músico que Lennon. Las dudas hicieron que la invitación a unirse a la banda no llegara en ese momento. Cuando volvían a casa, Lennon le comentó la posibilidad a su amigo Pete Shotton, integrante del grupo, quien estuvo de acuerdo. Unos días después, Shotton se encontró con McCartney y le preguntó si le interesaba ingresar a The Quarrymen "Bueno, sí, por supuesto. Parece divertido", fue la respuesta.
Rivales y hermanos. Para cualquier compositor encontrar a alguien que potencie sus virtudes y complete sus eventuales carencias es algo parecido a un sueño. Lennon y McCartney compartían algunas cosas: su gusto por las mismas canciones, haber perdido a la madre en la adolescencia y el deseo de hacer una carrera exitosa. Provenían de clases sociales diferentes, tenían caracteres opuestos pero compartían un fuerte poder de liderazgo. McCartney se apoyaba en su solidez musical y en su simpatía mientras Lennon lo hacía en su temple y carisma. La relación comenzó a estrecharse y a crecer apoyada en esa competencia. Eran dos personas que muchas veces se sacaban de quicio pero que nunca podían olvidar que eran socios. A su manera, cada uno admiraba al otro.
Desde el comienzo aceptaron que todas las canciones que compusieran, en dúo o por separado, llevarían la firma Lennon-McCartney. Fue en los primeros tiempos donde, urgidos por el éxito, componían juntos, enfrentados con sus guitarras. Luego, la mayoría de los temas fueron compuestos por uno de los músicos con la colaboración del otro, aunque a veces esa colaboración era mínima o directamente inexistente. Pero McCartney reconoce que aún en las canciones en que su amigo no intervino, es correcto que figure el nombre de ambos porque siempre componía con Lennon en mente, imaginando las correcciones y los consejos que él aportaría. En los primeros álbumes era indudable que Lennon era el líder. "Era un canalla manipulador. Yo idolatraba a John", confesó alguna vez McCartney, quien también declaró que un segundo puesto no le molestaba dado que influía en el resultado pero no llevaba las culpas.
Su relación con la actriz Jane Asher, con la que tuvo un largo noviazgo, lo llevó a conocer la vanguardia londinense y lo introdujo en la música underground, la pintura y literatura que estaba de moda en pleno swinging London. Esos cambios comenzaron a llegar a la banda. Sgt. Pepper`s Lonely Hearts Club Band (1967), tradicionalmente considerado un disco que cambió la historia del rock, es un álbum ideado y dirigido por McCartney. La adicción de Lennon a las drogas ayudó para que lo dejara hacer y el material que su amigo estaba componiendo era muy bueno. El guitarrista también hizo fundamentales aportes en aquellas sesiones de grabación. La canción más famosa, considerada en varias encuestas como la mejor composición pop de todos los tiempos, es "A Day in the Life", una mezcla de dos "medias" canciones de Lennon y McCartney. En el llamado "Álbum blanco" (1968), Lennon volvió a reclamar el liderazgo y se agregó un notorio crecimiento de Harrison. La personalidad de McCartney como líder llegó, en algunos momentos, a extremos difíciles de digerir para los demás, como puede verse en la película Let It Be (1970), donde aparece como director de orquesta explicando a sus músicos lo que deben tocar mientras éstos lo observan con cara de fastidio y aburrimiento. El equilibrio se había roto, el fin estaba cerca.
Tonada del viejo amor. Durante los primeros años luego de la separación, los problemas legales entre los miembros de la banda llenaron titulares de los diarios. McCartney y Lennon utilizaban la prensa y sus canciones para denigrarse el uno al otro. En el álbum Ram (1971), de McCartney, el músico aparecía tomando de los cuernos a un carnero. Meses después, Lennon incluyó una foto en su álbum Imagine (1971) donde se lo veía sonriente mientras sus manos apretaban las orejas de un cerdo. En ese disco incluyó la canción "How Do You Sleep?" (¿Cómo duermes?), en cuya grabación participó Harrison. La ira de Lennon creó esa dura letra que en su estribillo preguntaba a su amigo cómo lograba conciliar el sueño por las noches. Le recordaba, además, que "La única cosa que hiciste fue ayer, y desde que te fuiste sos solamente otro día", marcando la diferencia entre dos canciones: "Yesterday", de su época beatle, y "Another Day", incluida en Ram. Lennon se dio cuenta de que había ido demasiado lejos y casi enseguida repudió la canción, que más allá de su letra era un muy buen tema. A través de un periodista amigo envió una carta a Paul deseoso de que las cosas se encarrilaran. Luego llamó a su amigo por teléfono para confirmar que la había recibido. Lo atendió Jim, el padre de Paul, quien le dijo: "Yo, en tu lugar, hijo, no me involucraría en todo esto". Paul se limitó a enviar la carta a sus abogados. Como en el caso de una pareja que se sigue queriendo, la pelea fue fuerte y, con la misma rapidez, comenzó a desvanecerse. Quizás la carta no fue inútil y, al poco tiempo, cuando los McCartney visitaron Nueva York, cenaron con el matrimonio Lennon en un par de oportunidades. En esos encuentros acordaron dejar de atacarse.
En 1973, Harrison y Lennon tocaron en el álbum Ringo, de Starr. Lennon confesó que lo habían pasado bien y que no dudaba que, de haber estado cerca, McCartney se les habría unido. John se había mudado a Los Angeles con su secretaria May Pang al separarse de Yoko Ono. Fue un tiempo de mucho alcohol, excesos y también de rencuentro de viejos afectos, como su primer hijo Julian. En 1974, cuando se encontraba grabando un álbum con Harry Nilsson en el que también aparecía Ringo, sin anunciarse llegaron Paul y Linda. Lennon abrazó a su amigo. "¿Cómo has sabido que estábamos aquí?".
Luego de conversar y fumar algún porro, McCartney caminó hasta la batería de Ringo y se sentó en su banqueta. Lennon lo miró con ojos cansados -la sesión había sido larga- y, mientras buscaba su guitarra, dijo: "quizás podamos improvisar un poco". Linda fue hacia el órgano y se integró Stevie Wonder, que estaba en un estudio contiguo. Cuando Lennon y McCartney comenzaron a hacer armonías vocales, a Pang le pareció que no había pasado un día desde que la banda se había separado.
Al día siguiente, los McCartney visitaron a la pareja Lennon-Pang en su residencia de Malibú. Paul traía un mensaje de Yoko, con la que se había encontrado en Londres: "(…) tu mujer todavía te quiere… pero vas a tener que trabajar, regresar a Nueva York, alquilar un apartamento, enviarle flores todos los días…". Cuando los McCartney se fueron, Pang oyó a Lennon comentarle a Nilsson: "¿No sería divertido volver a reunir a los muchachos?". No hacía falta precisar a qué muchachos se refería. La reconciliación con Yoko, ocurrida unos meses después, alejaría esa posibilidad.
Adiós al amigo. Existe otra vida del músico luego de la separación de Los Beatles y su relato es la parte más interesante del libro de Ames Carlin. En 1969 se casó con Linda Eastman, el verdadero amor de su vida, con la que convivió por más de treinta años hasta que ella murió en 1998 a consecuencia de un cáncer de mama. Tuvieron cuatro hijos, tres de la pareja y Heather, hija de Linda, que fue adoptada por Paul. Su esposa compartió su carrera musical, fue su apoyo cuando formó la banda Wings (1971-1981) y se constituyó en su segunda sociedad musical, en una forma diferente a la que había tenido con su viejo amigo. Pese a las caústicas críticas, Paul siempre la defendió y no hay dudas de que ella fue su soporte en esas tres décadas. McCartney es, antes que nada, un hombre de familia, y ésta lo acompañó en las giras, apoyó sus proyectos y le dio la estabilidad que necesitaba.
En 1976, durante la gira Wings over America, el periodismo comenzó a conjeturar que los otros Beatles se unirían a Paul en escena. El rumor de una presentación de Lennon-McCartney creció en días previos al concierto de la banda en Nueva York. En forma reservada, el bajista envió unas entradas a su amigo. Pero John se las regaló a su mucama y ni siquiera concurrió al evento. Pese al desaire, la pareja McCartney continuaba visitando a los Lennon cada vez que iban a Nueva York. Una vez Paul cayó de sorpresa y su amigo le comentó que ya no vivían en Liverpool, donde cada uno sentía la casa del otro como propia, y le solicitó que por favor avisara cuando quisiera visitarlos. McCartney se retiró sin disimular el disgusto. Fue la última vez que se vieron aunque las amables llamadas telefónicas continuaron hasta que llegó el fatídico 8 de diciembre de 1980.
Con el pasar de los años, McCartney sintió que el final trágico de Lennon generaba un cierto revisionismo histórico. Recordando la versión, sin ningún respeto por la historia, de la película Amadeus (dir. Milo Forman, 1984), Lennon se había transformando en el Mozart del binomio mientras a él se lo ubicaba en el lugar de Salieri. Parecía que "John era el verdadero genio y yo solamente el tipo que cantaba `Yesterday`". Su ego se sintió herido pero era una pelea difícil de dar sin atacar la memoria de su amigo. El orden de los nombres en las composiciones, sugerido en su momento por Brian Epstein -manipulado por Lennon- comenzó a molestarle. En un reportaje de 2001 contó que, cuando sus amigos le decían que la gente sabía de su importancia en la banda, él contestaba: "Sí, pero ¿que pasará en cincuenta años? Si este revisionismo sigue, muchos niños preguntarán `¿Tuvo alguna banda antes que Wings?`" El punto más bajo llegó cuando McCartney pidió que en el proyecto Anthology (1995) su nombre figurara antes solamente en su canción "Yesterday". En medio de un tratamiento de quimioterapia, Linda llamó a Yoko y se lo pidió como un favor especial. La respuesta de Ono fue terminante: "Eso nunca va a pasar".
Memoria casi llena. Es cierto que a muchos les disgusta la sensibilidad de Paul, su caracter dulce y manipulador, su romanticismo excesivo. Él respondió con canciones como "Silly Love Songs", donde decía a sus detractores que nada tenía de malo llenar el mundo con este tipo de música. Pero se requiere un alto grado de necedad para negar la importancia -e influencia- de McCartney en la evolución de la música popular. Los que expresan que después de Los Beatles no hizo gran cosa deberían repasar álbumes como Band on the Run (1973), Tug of War (1982), Flowers in the Dirt (1989), Flaming Pie (1997) o Chaos and Creation in the Backyard (2005), por nombrar sólo algunos. El nombre de su último y correcto trabajo de estudio, Memory Almost Full (2007), parece un mensaje referido a que el final se acerca pero hay que recordar que el músico ha intervenido en varios álbumes de otros artistas, inventado un grupo -The Fireman- con el que grabó discos de música electrónica y que en octubre de 2011 editó su sexta obra de música clásica, Ocean`s Kingdom. Su memoria es larga.
Dos polos opuestos que se atraen irremediablemente, la justa química que genera un resultado diverso a los componentes, superándolos, la feroz e indoblegable competencia de cada uno por querer impresionar al otro y un profundo amor son apenas algunas de las características de la relación McCartney-Lennon. Tan sólo elementos que no llegan a explicar el fenómeno. A esta altura convendría abandonar la búsqueda de una respuesta y, sobre todo, no repetir la tonta pregunta referida a cuál de los dos fue más importante. Sin uno de los dos el milagro no hubiera existido. Un día Lennon confesó a Ono su resentimiento porque otros músicos eligieran canciones de McCartney para versionar en lugar de las suyas, preguntándose qué cualidad mágica tendría su colega de la que él carecía. Se consolaba pensando que ninguna de esas canciones hubiera existido sin él y concluía que en su vida había tenido dos grandes asociaciones: "Una con Paul McCartney y otra con Yoko Ono, y yo los descubrí a los dos. Eso no está mal ¿eh?"
PAUL MCCARTNEY. LA BIOGRAFÍA, de Peter Ames Carlin. Viceversa Editorial, 2010. Barcelona, 438 págs. Distribuye Océano.