Elvio E. Gandolfo
LOS ONCE CASOS criminales contados por el autor tienen todos un momento especial: una vez planteado el tipo y estilo de crimen, aparece un "yo", el del autor, cuando tiene que participar en su función profesional. En Berlín, von Schirach es abogado defensor penalista. Por eso el tono en que narra es peculiar: el estilo participa tanto de la crónica o el testimonio, como del relato. La mezcla rinde un tono económico por un lado, con buen empleo de estrategias de género (policial, folletinesco, melodramático) por el otro.
Un segundo efecto, más sutil, es la manera en que la experiencia abundante previa y el hecho de que a veces sea llamado para defender lo que a primera vista parece indefendible, hace que a menudo el lector (ablandado en su criterio por mucha experiencia previa en la lectura o visión de noticias policiales, o de literatura policial) se sorprenda ante el giro que la mirada enterada de von Schirach le da a algunas concepciones automáticas o inconscientemente prejuiciosas.
El crimen contado en el primer texto del volumen, "Fahner", por ejemplo, es atroz. Pero lo comete una persona por lo demás buena, según las normas sociales. El elemento que carga las armas es la relación social denominada "pareja", el aguante excesivo, y la explosión final. Ya en este caso se advierte el ingenio del autor para usar recursos y elementos de distintos géneros o procedencias, en este caso el crimen pasional cuando lo impulsa más el encierro de la pasión en una estructura rígida que su fluir libre, a veces peligroso.
En "El cuenco de té de Tanata", el género es otro: el hurto que incluye un factor que bordea lo sobrenatural, por su antigüedad e influencias. Tejido con conocimiento de los andariveles por los que suelen pasar el dinero y los objetos robados, también hay incidencia fuerte de las estructuras del asesinato encargado por personas honestas e influyentes. No falta el exotismo (hay cultura y creencias japonesas en el medio) ni el globalismo (la banda de criminales de segunda implicada es de origen multinacional).
El caso de "Legítima defensa" es más sutil. Por pasos ínfimos, una supuesta víctima de agresión clarísima (video grabado de por medio) se va convirtiendo, sin llegar a hacerlo del todo, en un probable personaje macabro, digno de un buen thriller. En "Suerte" se mezcla la política con la prostitución "de altura" (o más bien, ejercida con límites bien acotados) y un novio celoso; provoca una intervención mayor del abogado defensor para desarticular preconceptos.
Como varios de los casos implican a culpables de países del Tercer (o cuarto) Mundo, el lector está a punto de considerar tendenciosa la elección. Pero de inmediato aparecen otros con alemanes hechos y derechos malintencionados. Y el libro reserva el caso más extenso, "El etíope", para revelar un rasgo de la cultura alemana: el impulso caritativo hacia las razas negras del continente africano, visible para cualquiera que visita el país: en campañas directas o indirectas, ese color nacional y de piel aparece con mayor frecuencia que otros. En este caso el protagonista, de quien se narra buena parte de su biografía, ha cometido algunos crímenes, sí, pero también ha sido un líder comunitario de peso. Unir las dos realidades está nuevamente a cargo de este abogado que además de su talento profesional es un buen constructor de tramas. Basadas en lo real, desde luego.
CRÍMENES, de Ferdinand von Schirach. Salamandra, 2011. Barcelona, 187 págs. Distribuye Gussi.