Fernán R. Cisnero
PAPPO ES, por encima de todo, un personaje pintoresco, más allá de lo que diga el culto a su personalidad sostenido entre los argentinos. Por eso siempre será más interesante una biografía oral limitada a la compilación de anécdotas -que lo muestren como el rockero entre irritante y simpático que supo encarnar- que un libro que explique su vida y obra. Haber entendido eso es el principal logro de 100 veces Pappo, "las increíbles historias del último rocker argentino".
Nació llamándose Norberto Napolitano y aunque daba el physique du rôle de mecánico, su habilidad con la guitarra lo puso con justicia entre los pioneros del rock argentino. Su participación en bandas como Los Gatos y el desarrollo de proyectos propios como Pappo`s Blues o Riff; un sonido de guitarra impersonal pero reconocido y un carisma infalible en ciertos círculos, lo convirtieron en una estrella. En los últimos tiempos se había vuelto el ícono rockero de la fiesta menemista, trabajó en una telenovela y terminó de perfilar una imagen pública de rocker mayor malhumorado pero querible (aunque sobre esto último hay opiniones varias). Murió en un accidente de moto a los 61 años. Los motores estaban entre sus intereses más notorios.
Su música es una síntesis de rock básico, blues y heavy metal con letras elementales que, en general apelan a eslóganes celebratorios de su forma de vida: uno de sus grandes éxitos se llama "Sucio y desprolijo". En un género minado de trascendencia como era el rock argentino de su época, Pappo aportó un acercamiento lúdico, directo y fiel a las raíces. Como instrumentista recibió su certificación cuando la leyenda del blues, B.B. King, tras escucharlo en Buenos Aires, se lo llevó a tocar al Madison Square Garden. El talante de su personaje lo patentó cuando le dijo, con sensatez, "conseguite un trabajo honesto" a un disc-jockey en un programa de televisión.
Esa clase de encuentros es lo que recopilan José Bellas y Fernando García. Están siempre contados por terceros, en general testigos directos del suceso que -por idolatría y amistad- le festejan todas las gracias. Las anécdotas hablan de olores y ruidos corporales (cerrar una entrevista con una flatulencia impactante); de las mujeres más fáciles del mundo (que eran sus preferidas); alcohol; autos; su intransigente suscripción al credo de sexo, drogas y rock and roll (pocas bandas lo aprovecharon tanto como Riff en la década de 1980) y un par de bromas de muy mal gusto. Contarlas no tiene ni cerca la gracia que se consigue al leerlas. Como compañero de juerga era incansable, peligroso e inolvidable.
La idea funciona en las primeras decenas de anécdotas. Luego se vuelve tediosa y termina pintando a un sujeto misógino, cruel o tonto con, eso sí, chispazos de lucidez. Una entrevista inicial realizada por García ilustra muy bien ese abanico de posibilidades para entender al personaje.
El libro funciona, además, como una guía para explicar las raíces de un rock argentino simplón y proletario, algo así como una versión peronista del blues. Pappo y su música encarnaron eso como sólo los elegidos sabrían hacerlo.
100 VECES PAPPO, de José Bellas y Fernando García. Editorial Norma, 2011. Buenos Aires, 183 págs. Distribuye América Latina.