Por: Miguel Bardesio
Hay un retrato en el Museo Blanes de Clara García de Zúñiga, mujer polémica y de pensamiento liberal que habitó a principios de siglo XX esa misma casa que el futuro transformaría en Museo. Cuenta la leyenda que el retrato no debe moverse; algunos funcionarios dan cuenta de accidentes o reacciones extrañas en la casa cuando alguien ha "molestado" al retrato. Guillermo Lockhart, conductor del ciclo Voces anónimas, fue hasta la casona de El Prado a registrar esa extraña historia, tomó testimonios y al final de la jornada, el camarógrafo se propuso hacer un plano del cuadro. Y para tomarlo mejor, Lockhart lo movió... a la salida del Museo, tuvo un accidente automovilístico al chocar contra una moto.
"¿Casualidad o causalidad? Cuando uno trabaja con leyendas e historias de este tipo hay que dejar siempre abierta la puerta de la duda. ¿El accidente fue porque movimos el cuadro o pasaba igual?... Por suerte, nadie salió lastimado, pero es aquello de creer o reventar", relata Lockhart.
Con esa misma apertura a las leyendas, mitos y el territorio de lo inexplicable, Lockhart y su equipo aprontan el estreno de la tercera temporada de Voces anónimas, que comenzará a emitir Canal 12 en los próximos días. Irá los domingos a la noche y llega con historias nacionales e internacionales.
"La consigna es dejar marcados a los televidentes", adelanta Lockhart. Redoblada la apuesta en efectos y maquillaje, se recrearán las historias, por ejemplo, de Jack el destripador ("con datos que la acercan a Uruguay y a Argentina", asegura), una leyenda vinculada la momia egipcia que se conserva en el Museo de Historia Natural y un extraño caso que involucra a una página web a la que solo podría ingresarse a la medianoche. "La idea es presentar un abanico amplio de historias: desde lo más terrorífico a casos con datos insólitos o atrapantes. Historias de larga data como otras que vinculen la tecnología, internet o los celulares", describe Lockhart.
Voces anónimas va por su tercera temporada y el 2009 fue un año de espera pues el ciclo no salió al aire. Con gran parte del material producido, Voces III contará con 18 programas que se podrán extender hasta 20 y tantos con un nivel de producción cada vez más exigente: las recreaciones, efectos y maquillaje se plantean como si fueran para el cine. Sábado Show entrevistó a Guillermo Lockhart, creador y conductor del ciclo, sobre los preparativos, las leyendas y cómo una figura del modelaje termina envuelto en el misterio y el terror.
-¿Cuál será la impronta de la tercera temporada de Voces?
-El objetivo del ciclo siempre fue dejar una huella; una vez que se apague el televisor que la historia quede en la gente y uno la pueda compartir con sus compañeros, en el trabajo, con su familia. Ese era la meta y creo que se logró con las dos temporadas anteriores. Nosotros fuimos aprendiendo de la relación con los televidentes y por los mails, las llamadas, lo que más había pegado eran las historias más de terror, con misterio; ese lado oculto llama más a las personas de toda edad, o clase social. Entonces, en el segundo ciclo quisimos potenciar eso, posicionarlo más ya como un programa de terror, con más recreaciones, apostar al maquillaje. Y también apostar más a historias de todo el país porque una de las críticas del primer ciclo fue que se centró en Montevideo.
-También se abordan historias internacionales...
-Sí, buscamos que sean historias fuertes. Para esta tercera temporada lo que nos propusimos fue marcar a la gente, sin dejar de lado el terror o el misterio, fue dejarla impactada por las historias que van a ver. Historias fuertes, quizás por la carga emotiva o por terror, o por datos impactantes que están en los libros pero que desconocemos.
-¿Cuál es el criterio para incluir una historia?
-Salimos a recorrer el país y tratamos de rescatar lo mejor de la tradición oral para llevarlo a la televisión. También buscamos leyendas modernas que, por ejemplo, tienen que ver con celulares, Internet o parques de diversiones... tratar de abarcar historias que lo transformen en un ciclo variado. En todo el país, vas a encontrar relatos de apariciones en rutas y dentro de esas cinco o seis posibilidades, lo que hicimos fue elegir la más terrorífica en ese caso.
-Voces no salió en 2009, ¿eso te genera más presión?
-En cierto sentido, sí. Se generó una expectativa y la gente cada vez ha esperado más... estos tienen que sacar algo bueno y que valga más. Entonces, tenemos el desafío de no decepcionar a los televidentes. No sé cómo nos irá, pero si el televidente queda sorprendido, cumpliremos.
-Empezaste en los medios como modelo, ¿cómo llegás a este programa?
-Yo estaba en Estilo; mi vida giraba entorno a ese tipo de programas, un magazine de eventos, fiestas, viajes, desfiles, venía de ese palo... el modelaje. En ese tipo de programas empecé.
-¿Seguís siendo modelo?
-No, porque son dos cosas distintas y que no se pueden descuidar. Estoy muy agradecido al modelaje porque me permitió ingresar a este mundo y crecer, pero en un momento hubo que optar. Voces fue una idea que armamos con Daniel Savio, que era editor de Estilo. Soy fanático de las leyendas, los misterios. De chico, mi familia tuvo campo y crecí en los fogones escuchando historias. A raíz de eso se empezó a desarrollar mi interés en la temática. A través de Voces, entonces, cumplía un sueño que era para mí poder ver un programa de este tipo. Lo presentamos primero en Canal 10, que era en la pantalla que salíamos a través de Estilo, pero quisieron hacerle unos cambios con los que no estaba de acuerdo. Lo llevamos al 12 donde sí, por suerte, gustó y tuvieron la visión de apoyarlo y emitirlo.
-¿Qué significó para ti ese cambio de ambiente?
-Fue muy grande la satisfacción. El programa moviliza muchas personas, tiene una página de Facebook con más de 2.000 seguidores y eso que el programa no está al aire hace casi dos años. Me han pasado cosas increíbles; fui a liceos y colegios a dar charlas sobre las historias, por ejemplo. Sacamos dos libros también, donde transformamos a formato literario las historias de los dos primeros ciclos.
-¿Cómo manejan el tema sangre? ¿Dónde está el límite del sensacionalismo?
-Al principio, Voces tenía un formato más que nada documental, con muy poca recreación. Luego, nos fuimos planteando que en los casos que fueran sangrientos, había que mostrar la sangre. Sin exagerar, ni ser morboso, pero mostrar. En eso Roberto Parada y Sandra Ríos, en el área de maquillaje, son quienes han desarrollado un gran trabajo. Ahora, en la tercera temporada, damos un paso más, las historias son más sangrientas todavía.
-¿Voces es un programa caro?
-Muy caro. Los libros, por ejemplo, nacieron de una demanda de la gente, pero terminaron transformándose en una fuente de financiación del programa. Estamos compitiendo con enlatados baratos y nosotros tenemos gastos muy grandes en maquillaje, efectos, vestuario y cada temporada apostamos a más porque es la forma de no cansar a la gente. Pienso que el paso siguiente debe ser buscar otros mercados. Voces está ahora en negociaciones para venderse a Filipinas, algo que nos tiene muy entusiasmados.
-¿Sos consumidor de las películas del género terror?
-Soy fanático y siempre trato de verlas en el cine. O si miro en mi casa, lo hago tarde en la noche, con luz baja y volumen alto. Trato de meterme en los personajes para ver qué puede sentir. En Voces, sin embargo, se cuentan historias que las personas relatan como reales. Entonces lo que recreamos no es ficción; al menos para el que quiera creerlo.
-¿Tú sos creyente en ese lado místico? ¿Aparecidos?, ¿brujas?
-Cuando empezamos a trabajar en esta temática, a escuchar las historias de la gente, nos poníamos en el lugar de ellos. Con mucho respeto y sin juzgar a nadie. Entonces se produce lo que se conoce como la expansión de la frontera de la realidad. Si uno viene de trabajar estas historias y estar todo el día con ellas, cuando te se va a dormir, escucha ruidos que antes no oía, los muebles que crujen, pasos. A mí me pasó y también a otros compañeros. Vivimos, además, alguna que otra experiencia como el accidente en el Museo Blanes. Fue algo que me dejó muy intrigado... yo creo, como dice el dicho: que las hay, las hay. O por lo menos, para poder hacer mejor las historias tengo que tratar de creer o abrir la duda.
Es creer o reventar. Cuando uno entra en estas historias, tiene que abrir la duda