Por: Miguel Bardesio
El embarazo estaba a término, pero la mujer fue a ver a su esposo, en aquellos tiempos, un exitoso jugador de básquetbol. Allí, en la cancha, rompió bolsa y salió de urgencia para el hospital. Nació una niña a la que le pusieron Daiana, Daiana Abracinskas.
Hoy, 32 años después, Daiana vuelve todas las noches al sitio donde nació prácticamente: las canchas. Desde hace ocho años, acompaña con las estadísticas de cada partido a Alberto Sonsol y Carlos Peinado en las transmisiones televisivas (VTV) del deporte del aro y hoy, con cada vez mayor frecuencia. El básquetbol local entró en la etapa de Playoff y se vienen las finales. Pero la mira de esta periodista no se queda ahí: conduce junto a Alfredo Dante y Nicolás Nuñez La mañana de Carve, que va de 7:30 a 13:00. Tiempo y espacio para ejercer un periodismo no solo deportivo, sino político, social, policial... y todo lo que contempla una mañana de información radial. A la vez, conduce TCC radio en Carve, un ciclo deportivo junto a Lorena Gomio.
Después de nacer, Daiana se crío en ámbitos mayormente masculinos, entre canchas y pelotas deportivas. El padre, Ricardo Abracinskas, dejó de jugar al basket pero siguió vinculado como director técnico y preparador físico. Además del gusto por el deporte, le heredó también la altura: Daiana mide 1,80.
A la joven alta le llegó un día la hora de definirse: se anotó en Facultad de Derecho, en el IPA y por recomendación de un amigo de la infancia (Federico Buysán) en un curso de periodismo. Las dos primeras opciones fueron quedando por el camino cuando en el 2000 ingresó a Sport 890 y comenzó allí el trajinar en los medios, casi siempre como periodista deportiva. Trabajó también en Nuevo Tiempo, El Espectador y el desaparecido canal de cable Señal 1.
"Desde siempre intenté abrir un camino en el que al menos sea escuchado lo que digo. Pero no que sea una figura decorativa, como a veces pasa con las mujeres en los medios. Lo intento y es difícil porque este es un ambiente súper machista, sobre todo de los colegas. De los profesionales del deporte, jugadores, técnicos, siempre recibí respeto", reflexiona Daiana.
Mujer de personalidad curtida, la rubia sigue su camino y sueña, algún día, con llegar a la TV con alguna propuesta que no la cuente como florero. Dueña de una voz radial, pese a que nunca la entrenó, sí practica con frecuencia el deporte de hablar. "Nano Folle dice que tiene incontinencia verbal. Se habla encima. A mí me pasa lo mismo", se ríe Daiana.
En la vida, está separada y es madre un niño de 3 de años. Hincha de Aguada en basket y de Cerro en fútbol, es casi abogada: le faltan siete materias para recibirse. Las fotos y la entrevista para Sábado Show la llevaron, otra vez, a su cuna: una cancha de básquetbol. En este caso, la del Cilindro Municipal.
-Hablaste del machismo en el ambiente, ¿cuánto crees que te afectó?
-Bastante. Al punto de que yo creo que para las mujeres, en el periodismo deportivo, hay un techo que es bajísimo. Por eso hay que ampliar la mira. Está complicado para todos en verdad: cada vez hay más estudiantes de periodismo y siempre están los mismos. Yo tuve mucha suerte en verdad porque ser mujer me abrió puertas. Entré en un momento (2000) en que se dio como un auge de las mujeres en el periodismo deportivos. Entramos muchas en ese momento, pero ojo, no para hacer periodismo sino para hacer de floreros. Algunas quedaron por el camino y otras permanecimos. Por suerte, jamás estuve desempleada desde el día que empecé a trabajar.
-Estuviste, en una primera etapa, en Sport 890, ¿por qué saliste de ahí?
-Porque hubo un cambio en la gerencia, entró Sergio Gorzy en ese lugar y él me echó. Si bien me puse muy mal, a la larga me sirvió porque aprendí qué quería y qué no en mi carrera. No quiero ser una figura decorativa.
-En el básquetbol tu rol es dar los números, ¿te gustaría participar más?
-Claro, me gusta opinar y a veces se me escapa alguna opinión. Me tengo confianza y sé de lo que hablo. Mi rol es dar las estadísticas, en todas las transmisiones del mundo hay alguien que ocupa ese lugar. Yo lo hago, me pagan por eso y punto. Ahora, si me llaman de un lugar y me dicen que voy a ser periodista, no me banco que me pongan de florero.
-¿Crees que una mujer puede ejercer el periodismo deportivo igual que un hombre?
-Totalmente. A ver: yo también entiendo cierto machismo, sobre todo de los colegas que no están acostumbrados a escuchar hablar a una mujer de fútbol o de básquetbol. Es raro, incluso para mí. También, como la mayoría de nosotras nunca pisamos una cancha como jugadores, podemos saber menos. Pero cuando yo opino de deporte no lo hago como si hubiera sido un gran jugador. Lo hago desde el lugar de una espectadora que vio lo mismo que las otras personas que estaban en el estadio. Mantengo también mi línea de no meterme en la vida privada de los jugadores, como no me gusta que se metan en la mía y lo han hecho.
-¿Cómo lo han hecho? ¿Quiénes?
-Porque te cuestionan todo. Si salís a bailar, si tuviste tal novio. Los colegas y muchas veces la audiencia cuestiona eso, mucho más que si fuera un hombre. De la misma manera que la vida afectiva de una mujer es mirada con una lupa mayor que la de un hombre. Todo eso te va endureciendo o termina venciéndote. Por ahora no me ha vencido, pero lo que sí me falta es el enorme ego que debe tener el periodista deportivo. Porque estás expuesto y las críticas no deben bajonearte, ni desmoralizarte ni hacerte pensar que sos un inútil. A mí me han pasado las tres cosas.
-¿Por críticas desde qué lugar?
-Por la audiencia muchas veces. Me acuerdo que cuando estaba en el programa de Sonsol (Basket de primera) llegó una vez un mensaje de un oyente: "que se calle la rubia que no sabe nada". Me quería morir, pero mis compañeros me decían: "tranquila, nos llegan palos para todos. También hay de los buenos". Los buenos no me agrandan y los malos me desmotivan. Es algo que tengo que trabajar.
-Del lado de los jugadores de básquetbol o fútbol, ¿nunca un desubicado?
-Siempre recibí respeto. Y si alguna vez pasó algo fue porque yo di pie. Porque uno es humano también y no voy a caer en la hipocresía de decir que nunca miré a un jugador de fútbol o básquetbol. Si uno pasa 20 horas al día con determinadas personas capaz que alguien me llama la atención. He tenido relaciones afectivas con jugadores. El padre de mi hijo, mi ex marido, no lo es. Ojo, tampoco quiero decir que use mi profesión para tratar de conseguir pareja.
-¿Hoy estás sola?
-Sola y feliz. Estoy muy dedicada a mi hijo y mi trabajo que da muchas satisfacciones.
-Con Sonsol tuviste una discusión muy dura al aire, hace algunos años, ¿cómo es la relación hoy?
-Con Alberto somos como un matrimonio. Tenemos amores, odios, disputas y abrazos. Hemos transitado por un montón de cosas. Pero nuestra relación se basa en el cariño y el respeto que nos tenemos. Alberto es muy visceral, muy explosivo, pero es un buen tipo. Nunca va ir por detrás. Me ha dicho las peores cosas que me han dicho en la vida, pero siempre mirándome a los ojos. Y la honestidad es la base de cualquier relación.
-Tu rol en Carve es bien distinto, ¿cómo manejás ese perfil?
-Yo soy periodista y en Carve actúo como tal. Hago de todo. Trabajo súper cómoda y por suerte la dirección de la radio nos da mucho para adelante. Nunca me gustó madrugar y ahora me tengo que levantar a las cuatro de la mañana, pero vale la pena el sacrificio.
-Sos hija de Ricardo Abracinskas y sobrina de Lilián Abracinskas, ¿crees que el apellido te ayudó en tu carrera?
-Para entrar sí. Cuando yo empecé en Sarandí Sport (se llamaba así en ese momento) seguramente pesó mi apellido. Era más fácil ese trabajo para mí, que había estado toda la vida dentro de canchas de fútbol o de básquetbol. Después, hay que mantenerse. Y no solo hice (y hago) deportes: trabajé en El Espectador en La brújula, con grandes referentes que enseñaron mucho: José Pedro Díaz, Andrea Villaverde, Gonzalo Sobral... Ahí aprendí mucho, por ejemplo, que el periodismo deportivo no tiene nada que ver con el periodismo de verdad. En los deportes, uno opina mientras que en el otro hay que contactar fuentes, hacer investigación. Dos mundos diferentes.
-¿A qué aspirás en el futuro?
-Me conflictúa que me digan que tengo que definir un perfil. Me conflictúa esa hipocresía de que si sos llamativa, no podés hacer un periodismo serio. Me molesta la periodista serie de pelo corto y tallieur o el cliché de que si sos rubia, sos tonta. Pero bueno, yo solita contra la sociedad no voy a poder así que tendré que definir un perfil. Aspiro a trabajar en la televisión, no solo en las transmisiones, sino en una propuesta más amplia.
-¿Quién ganará la Liga?
-Para mí, Unión Atlética y Defensor son los que se perfilan. Defensor juega mejor, pero Unión tiene mucho más para dar. Malvín es otro que puede dar batalla.
-¿Los tres mejores jugadores?
-Panchi Barrera, sin dudas. Emilio Taboada, pese a que es intermitente. Y "el enano" Martínez; me parece increíble lo que hace con la altura que tiene. Me encanta "Juanchi" Cambón y creo que Calfani tiene una gran proyección.
-¿Y los más lindos?
-Hay varios (risas). Podría hacerte una selección, pero me los reservo para la próxima.
-¿Por qué el tatuaje del unicornio en el pecho?
-(risas) Porque los caballos me parecen animales sumamente fieles y confiables. Y la honestidad es lo principal en la vida.
Fotos: Fernando Pena. Vestuario: Renata Love (18 de julio 1085). Maquillaje: Valentina Bueno (buenovalentina@hotmail.com). Gracias: A las autoridades del Cilindro Municipal.