Por: M.Bardesio y M. Varela
El reloj biológico pone las reglas y las parejas se amoldan a lo que éste marca. María García y Jean Paul Martinet (juntos desde hace 10 años) deben agradecer a su cronómetro, ya que los apuró un poquito sobre el final, pero les devolvió una muy buena nueva.
La recompensa será nene, se llamará Paul Philippe en homenaje a sus dos abuelos, y vendrá a completar la tripleta de María. Luego de sus dos hijas, Florencia (de 19) y Valentina (24 años), la conductora de Bien despiertos espera a los 45 años a su primer hijo varón. Tiene fecha para marzo, pero seguramente la cesárea se adelante a fines de febrero.
Ecografías 3D, cámaras digitales, y varios años de stand by separan su primer embarazo del tercero. "Me siento primeriza. Es como empezar de vuelta", confirma.
Recién casada, en quietud por prescripción médica, y a punto de entrar en el octavo mes de gestación, María García recibió a Sábado Show en su chacra de Atlántida, donde habló acerca del rol de mamá y su hazaña al reincidir a 20 años de su último embarazo. "Mis amigas me dicen que me volví loca", se ríe.
TRILOGÍA. Tres fueron los años que García y Martinet esperaron para ponerse en campaña y encargar a la cigüeña. "Mandábamos la cartita y no llegaba, por eso decidimos empezar un tratamiento", cuenta la futura mamá. María no había tenido problemas de fertilidad en sus dos embarazos anteriores. "Pero cuanto más grande sos, menos chances tenés", confirma. Paul será, entonces, el tercer hijo de la periodista, el primero de su marido, y el responsable de inaugurar el sexo masculino en la familia.
Al primer intento con el tratamiento, se logró el embarazo. Sin embargo, la pareja esperó tres meses para revelar la buena nueva. Solo lo hizo cuando hubo plena seguridad. "No queríamos generar expectativas en los demás y optamos por preservar. Hicimos una comida y ahí lo anunciamos. Fue mucha emoción y de golpe, porque ya sabíamos que sería varón, se iba a llamar Paul, e incluso teníamos las fotos de los estudios para mostrar", relata entusiasmada.
3D fue la última ecografía que se hizo, y ésta le permitió palpar el avance de la tecnología y el transcurso del tiempo a través de una imagen: "Ver la cara del bebé es increíble. En la época de mis hijas, las ecografías eran rayadas y te tenías que imaginar casi todo. Es un mundo nuevo", remata.
Bebé y boda en un mismo paquete. "Me casé embarazada", bromea. Aunque en realidad la gestación de Paul agilizó los trámites e hizo posible concretar el compromiso que se venía postergando por una cuestión de agenda. "Irse a anotar, arreglar el horario, hacer coincidir a los invitados (porque nos casamos acá en Atlántida)". Una suma complicada.
La convicción existía y el bebé fue el detonante, o la mejor excusa para que el 12 de diciembre de 2009 hubiera fiesta, casorio y formalidad. "Inscribirlo en el registro o en la escuela iba a ser un problema si no teníamos papeles. Entonces, para qué pasar por una situación de esas si la intención era blanquear", argumenta María.
EDAD. Ser una madre madura no le genera preocupaciones a María. Es más, le ve el lado positivo por la experiencia y por el cultivo de la paciencia. "No me estresa para nada las tareas que implican un bebé, no dormir, los pañales. Además, voy a contar con un gran apoyo", dice y mira a Jean Paul, el padre.
María supo ser madre veinteañera, tuvo más energía pero con las preocupaciones propias de la juventud: correr detrás de la zanahoria, dedicar mucho tiempo a proyectar y armar un futuro, algo que puede "competir" con el rol de madre. Hoy se para ante la realidad con una cabeza distinta: "Lo vivo con otra plenitud, más seguridad, aplomo y desde otro lugar al priorizar pequeños detalles". Cada estudio médico significó para el matrimonio superar una faceta o un obstáculo. Y lo único que a María le genera ansiedad es el miedo a que no sea sano. "Lo más importante es tenerlo frente a frente y que te digan que está todo bien", remarca.
Todo nuevo. Antes los bebés dormían sólo boca abajo y ahora también lo hacen de costado o boca arriba. Tampoco se podía congelar la leche materna. Novedades que María tuvo que incorporar.
Reza el dicho que los hijos vienen con un pan debajo del brazo; en el caso de María, lo hacen con una computadora Mac. El aparato se convirtió en el chiche nuevo que María aprovecha a modo de entretenimiento durante sus horas ocio. "Como me indicaron reposo, estoy aprendiendo a editar videos. Armo informes con eventos personales, hago mis propias presentaciones de fotos, que para el trabajo me resulta muy útil".
Y lo aprovecha también para matar el tiempo, ya que la doctora le mandó quietud y le encomendó bajar las rotativas para mantener al bebé en la panza el mayor tiempo posible. "Tengo fecha para el 22 de marzo, pero no llego ni loca", dice confiada. Y agrega que le costará dejar a Paul, pero no abandonará el trabajo porque le encanta. "Bebé y trabajo. En ese orden".
Ahora está de licencia médica desde mediados de diciembre. Luego del nacimiento, tendrá sus tres meses de licencia maternal y después sí, volverá a la pantalla mañanera, por abril o mayo.
"MAmá gallina". Así se califica María al mencionar su rol primordial. Y explica que siempre estuvo muy presente en la educación de sus hijas, con quienes mantiene una relación súper estrecha. "Las chicas están fascinadas con que sea varón. Son muy deportistas y ya dijeron que le van a enseñar a jugar al fútbol. Paul va a tener un montón de madres que hacen cola para cuidarlo", cuenta quien se jacta de tener una familia híper unida.
No hay un manual que indique cómo ser una mejor mamá, ni una escuela donde se enseñen formas de proceder o actuar ante tal o cual circunstancia. Es todo sobre la marcha. "Uno aprende más por viejo que por zorro. El tiempo te lo va dando", señala.
Las épocas cambian, las generaciones se modernizan pero hay matices que, según la periodista, no admiten modificación. La educación en valores es un ejemplo, y no se negocia porque es la herramienta que los padres brindan a sus hijos a fin de que logren desenvolverse solos en la vida. "Hay que acompañarlos en los procesos y darles los instrumentos, pero sin presionar. Los consejos hay que darlos pero nada que sea una imposición, que obligue al chico a hacer algo que no quiere o no disfruta", dice.
Recta final. María transita los últimos días de panza prominente con mayor sensibilidad a los olores y situaciones; muy llorona, más distraída y somnolienta que de costumbre. Y con bastante acidez, algo que no le había ocurrido en sus embarazos anteriores.
Prefiere no adelantarse y opta por no proyectar ni infundir expectativas acerca del aspecto físico, carácter o modo de ser de Paul. "Quiero que sea con todas las letras. Quiero que sea sano y feliz, sobre todo, porque por ahí va la vida", prioriza.