Socios estratégicos

| José Mujica dejó atrás viejos recelos y llamó a los comunistas dos veces: para su candidatura y para la IMM. El último capítulo de una relación que tuvo críticas públicas y apoyos secretos de solidaridad y dinero.

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Eloísa Capurro

José Mujica entró al Palacio Legislativo preocupado. El Congreso de diciembre del Frente Amplio se acercaba y no conseguía los votos que lo hicieran candidato único antes de que arrancara la carrera electoral de 2009. Había sondeado ya al Partido Socialista, sin resultado. Ahora intentaba otra estrategia con un aliado que, décadas atrás, hubiera sido el más improbable.

Abrió la puerta del despacho y allí lo esperaban el senador por la 1001, Eduardo Lorier, el edil Carlos Tutzó y los dirigentes Jorge Gotta y Daniel Marsiglia. El tupamaro y los comunistas se saludaron y se pusieron a hacer números. Esta vez se necesitaban mutuamente.

Sólo con los votos del Partido Comunista del Uruguay (PCU), Mujica lograba zanjar la discusión del Congreso, en donde se enfrentaba a Danilo Astori, a quien de poco le sirvió el respaldo público del presidente Tabaré Vázquez. Pero otros tres nombres estaban también en la vuelta: Marcos Carámbula, Enrique Rubio y Daniel Martínez, por quien los socialistas no tenían intenciones de ceder.

Sólo con los votos del Movimiento de Participación Popular (MPP), los comunistas lograban un candidato único que terminaba con una discusión que, creían ellos también, debilitaba a la fuerza de cara a las elecciones. Así los mismos "bolches" que ni le dirigían la palabra a los tupamaros mientras estaban detenidos (por ejemplo) en el Hopsital Militar, terminaron aliados con aquellos a quienes tanto criticaron por haber tomado las armas.

Y funcionó. El Congreso del 14 de diciembre de 2008 proclamó a Mujica como candidato oficial aunque habilitando a las cinco precandidaturas existentes. Astori fue el gran derrotado: salió tercero, detrás incluso de Carámbula. El resto es conocido. Con Mujica electo presidente, la alianza MPP-PCU -que incluso intercambió lugares en las listas parlamentarias- logró su primer victoria.

La historia se repetió varios meses después cuando el Congreso quedó nuevamente trancado, ahora en la discusión por la candidatura a la Intendencia Municipal de Montevideo (IMM). Y otra vez el MPP y el PCU se unieron para hacer algo que ninguna otra fuerza del Frente Amplio parece hoy lograr: apoyar a un candidato y hacerlo ganar.

LA INTENDENTA. Aunque las fuentes consultadas evitaron hablar de un pago de cuentas, lo cierto es que el pronunciamiento de la comunista Ana Olivera como candidata única a la comuna capitalina -oficializado esta semana por la Convención del Frente Amplio- revitalizó la alianza con el MPP.

La unanimidad no la lograban los otros dos nombres propuestos: Daniel Martínez por el Partido Socialista con el apoyo del PCU, y Carlos Varela por Asamblea Uruguay (del Frente Líber Seregni) con el apoyo del MPP.

Preocupado otra vez, Mujica se contactó con sus aliados comunistas según aseguraron fuentes que participaron de la negociación. No quería ir nuevamente a elecciones internas. Así que propuso un nombre de su propio gabinete: la subsecretaria (y designada ministra) del Ministerio de Desarrollo Social, Ana Olivera.

El nombre no era nuevo para el PCU, que históricamente la había querido ver intendenta. Olivera aceptó con la condición de ser la candidata única, y sólo entonces encajaron todas las piezas.

Es que, según fuentes del MPP, no había forma de que las bases apoyaran a Carlos Varela. Por otro lado, la fuerza que hizo el Partido Socialista por Martínez, a quien propuso sin un acuerdo sectorial previo, fue percibido como una imposición difícil de aceptar.

No era el único reparo contra los socialistas. La cantidad de cargos, en el Ejecutivo como en las intendencias que ocuparon durante el gobierno de Tabaré Vázquez, había generado recelos. Los suficientes como para que las bases, esas que definen quiénes serán los candidatos frenteamplistas, no les dieran los votos.

Así que el MPP y el PCU abandonaron las postulaciones que apoyaban y volvieron a unirse detrás de Olivera. La semana pasada el semanario Brecha estimó incluso que su candidatura estaba fijada desde diciembre de 2008, como moneda de cambio por el apoyo que los comunistas dieron -en el Congreso y con una entusiasta participación en la campaña- a la candidatura de Mujica, tal como acordaron en el despacho de Lorier.

Haya sido esto así o no (Qué Pasa no pudo confirmarlo), lo cierto es que dentro del Frente Amplio la fuerza parece estar cada vez más en la alianza entre estos dos contrincantes históricos. El MPP aporta un importante caudal electoral que le deja una fuerte presencia parlamentaria. Los comunistas tienen un tercio de las bases en los congresos que definen los lineamientos del oficialismo así como una fuerte presencia sindical.

AMIGOS Y ENEMIGOS. La historia de la rivalidad entre el Movimiento de Liberación Nacional-Tupamaro (MLN-T, luego devenido en MPP) y el PCU se remonta a las etapas previas a la dictadura militar. Públicamente se enfrentaban sobre la idoneidad de la lucha armada en Uruguay.

Tras la restauración democrática los comunistas criticaron, aunque no rechazaron, el ingreso del MLN-T al Frente Amplio. Los tupamaros, por su parte, todavía querían el Frente Grande de Raúl Sendic.

Igual, entre estos enfrentamientos ideológicos y estratégicos, hubo zonas de encuentro. En la cárcel tupamaros y comunistas se conocieron. El ex dirigente tupamaro David Cámpora fue quien alimentó a Jaime Pérez, entonces secretario general del PCU, según se relata en la biografía del primero.

"Eso pasó mucho durante la dictadura. Militantes comunistas que fueron cuidados por militantes tupamaros que estaban presos desde hacía años", recordó el politólogo Adolfo Garcé. Así también comunistas integraron las filas del MLN-T (Mauricio Rosencof, por ejemplo) y, tras la dictadura, varios tupamaros se volvieron comunistas.

No sólo eso. Desde el PCU todavía se recuerda que el partido prestó su logística para refugiar a militantes tupamaros en los momentos de mayor persecución del movimiento, previo a la dictadura militar. "Es una historia de enfrentamientos y también de encuentros", resume Garcé.

Las cercanías siguieron tras la restauración democrática. Según informó Lorier, secretario general del PCU, los tupamaros prestaron asistencia económica al partido en la década de 1990.

Eran años fatales para los comunistas. Tras la caída del Muro de Berlín, el PCU sostenía una fuerte discusión interna que culminó con la renuncia de buena parte de su dirigencia. Además de comprometidos políticamente, los comunistas quedaron en una extrema estrechez económica. Varios de sus integrantes habían hipotecado sus bienes para solventar campañas pero el partido institucionalmente no podía pagarlas. Entonces los tupamaros les ofrecieron dinero para afrontar esas deudas que hasta hoy continúan pagando. Es por eso, aclaró Lorier, que recortan el salario de quienes tienen cargos ejecutivos.

También la experiencia del gobierno de Tabaré Vázquez acercó a las fuerzas. Fueron comunistas y tupamaros (o emepepistas) quienes criticaron un posible Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos, quienes salieron a impulsar cambios en la reforma tributaria y quienes coordinaron la entrega de 30 millones de dólares para la Universidad de la República. Actuaron como fieles de la balanza en un gobierno que consideraban cada vez más centrista.

TODOS CONTENTOS. Lo que será del futuro de esta alianza, se definirá en los próximos cinco años. El mandatario electo, José Mujica, no sólo necesitaba al PCU para llegar al sillón presidencial sino que también lo precisará ahora para concretar algunas de sus promesas electorales.

La anunciada reforma del Estado y la heredada reforma de la educación, sólo serán posibles con el apoyo del PCU, cuya principal fuerza está en los sindicatos. Los comunistas hoy se manifiestan "muy dispuestos" a avanzar en este sentido, aunque aclaran que no existen compromisos que los aten a la hora de discutir sobre qué caminos transitarán ambas reformas.

De todas maneras, tras la repartición de cargos entre el Ejecutivo y la intendencia capitalina, Mujica logró ganarse niveles importantes de estabilidad política en el oficialismo. En el gabinete cumplió con la promesa de otorgarle la conducción económica al sector de Astori, así como lo hizo con el respaldo, aunque frustrado, a Varela para la candidatura municipal. También dio representatividad a los sectores independientes, nombrando subsecretarios y ministros de todos los sectores que integran al Frente Amplio.

Con los comunistas, según manifestaron fuentes ajenas al partido, las cuentas están más que saldadas al volver a confiarles el Ministerio de Desarrollo Social (en manos de Ana Vignoli, una comunista) además de la comuna montevideana.

La representatividad de toda la fuerza ha sido la gran promesa cumplida del presidente electo. Aprendió de las críticas al gobierno de Vázquez, acusado de sobredimensionar el poder del Partido Socialista. De hecho son ellos los únicos que parecerían quedar entre los disconformes, criticando públicamente lo que ven como un "veto" a su fuerza y exigiendo reformas en el Frente Amplio (ver recuadro página 5).

Por ahora igual predomina la cooperación. Desde el PCU se informó de conversaciones con el futuro ministro de Economía, Fernando Lorenzo, para plantearle técnicos del sector que pueden integrar el equipo económico. Y se aseguró que la intendencia tendrá, al igual que el Ejecutivo, esa misma amplia paleta de colores a la hora de repartir los cargos.

Esto mientras que comunistas y emepepistas tengan la voluntad. Porque como ya demostraron estos viejos enemigos devenidos en aliados, ahora son ellos los que mandan.

La última Arismendi

El PCU no propuso a Marina Arismendi para seguir en la titularidad del Mides. La razón, aseguran, es que la actual ministra está en trámites jubilatorios. Arismendi pertenece a la corriente más vazquista del partido.

Viejo partido, viejos estatutos

La elección de la comunista Ana Olivera como candidata única a la Intendencia Municipal de Montevideo (IMM) desató una vieja discusión acerca de la necesidad de renovar los estatutos que controlan al Frente Amplio.

Hoy los candidatos a la presidencia y vicepresidencia se eligen, primero, a través de la convocatoria del Plenario Nacional. Se necesitan cuatro quintos de los votos para ganar. Quienes surjan de esta elección, pasan al Congreso, que define un candidato final a través de dos tercios de los votos. Para la IMM, el mecanismo es el mismo salvo que se convoca a un Plenario Departamental que luego pasa su decisión al Plenario Nacional.

Los plenarios están integrados por los representantes de las coordinadoras (formadas por los comités de base) de Montevideo, del interior del país y del exterior. También hay representantes de los grupos políticos del Frente Amplio, pero estos quedan igualados en número con los delegados de las coordinadoras.

Así los partidos que tienen más fuerza en los comités de base, son los que finalmente se hacen valer en estas instancias. El caso más claro es el del Partido Comunista, al que se le otorgan al menos un tercio de los delegados. Esta representación no se equivale con el peso electoral del partido, que en las elecciones de 2009 apenas obtuvo el 6,46% de los votos.

Así el Partido Socialista, cuyo candidato no fue escogido para la comuna capitalina, emprende ahora una discusión por la renovación de los estatutos. Fuentes del MPP y del PCU se mostraron abiertas a estudiar la propuesta, pero con otro matiz: dándole más importancia al trabajo en los comités de base.

El enfrentamiento

El nacimiento del movimiento guerrillero conllevó un duro enfrentamiento con los comunistas, quienes creían en una etapa de acumulación de fuerzas y de trabajo legal previa a la revolución. Esto se oponía a la elección por la lucha armada inmediata que hicieron los tupamaros. Sin embargo ambos sectores se concebían revolucionarios y, tanto en la cárcel como en la etapa de la clandestinidad, se apoyaron mutuamente.

La convergencia

Desde 1985 comienza una etapa de convergencia ideológica entre PCU y MLN. Todavía existían diferencias: los comunistas se oponían al ingreso de tupamaros al Frente Amplio, y estos criticaban al Frente Amplio. Pero ambos apostaban a la lucha electoral. "Coinciden en que vale la pena luchar por los cargos electorales y de gobierno. Quizá con más entusiasmo los comunistas y menos entusiasmo los tupamaros", estimó el politólogo Adolfo Garcé.

La unión final

El primer gobierno de la izquierda terminó por unir a las dos fuerzas, aunque fuera por estar en contra de proyectos como el de firmar un Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos. A su vez unieron fuerzas en la discusión del programa del Frente Amplio por un viraje hacia la izquierda. "Como tienen una raíz revolucionaria, siguen viendo en el Frente Amplio una herramienta para hacer cambios profundos", apuntó Garcé.

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