Una mano amiga

En el Brou hay 140 cuentas abiertas por familias que apelan a la solidaridad de los uruguayos. Son parte de los cientos de campañas de donaciones para operaciones o tratamientos médicos que buscan ayuda. Tras ellas, historias de éxitos y fracasos.

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Eloísa Capurro

Tras 15 meses de espera, la familia de Leonardo Pintos recibía una noticia devastadora: el niño de poco más de un año padecía el "síndrome de Alexander", una enfermedad degenerativa que podría matarlo antes de que cumpliera cinco años. Para los médicos uruguayos no había más que esperar.

Ante tanta angustia la familia emprendió una búsqueda desesperada en internet por casos similares. Así dieron con la chance de Leonardo: una clínica estadounidense que es la única en el mundo que estudia este mal. "Acá no había posibilidades de más nada. Me dijeron que ahora que ya habían llegado al diagnóstico había que esperar el desenlace. Pero nosotros somos de la idea de luchar por él. No estamos preparados para ver una cosa como esa", explica Susana, abuela del niño. Con el fin de viajar a conocer al médico y ayudar en la financiación de la investigación, recurrieron a la solidaridad.

En julio comenzaron a difundir a través de la prensa teléfonos 0900 para recibir donaciones. Era una nueva apuesta porque meses atrás habían abierto algunas líneas de ayuda, que debieron cerrar por baja recaudación. "No teníamos un diagnóstico certero y estábamos abocados a ver qué era lo que tenía el bebé, así que no hicimos una campaña como se hizo ahora", agrega.

Algunas de estas cruzadas personales son exitosas en el transcurso de días e incluso llegan a la mitad de lo que necesitan sólo con el apoyo de amigos, familiares y vecinos. Otras, como la de los Pintos, deben abrir y cerrar y volver a abrir canales de ayuda, hasta conseguir finalmente la atención ciudadana. Por eso hoy Leonardo, además de haber aparecido en los medios de comunicación, tiene una sitio web y un perfil de Facebook. Además planean publicar un libro que se titulará Hola, soy Leo, cuyas ventas irán para la campaña, y tienen una de las 140 cuentas que están abiertas (en moneda nacional o extranjera) en el Banco República destinadas a fines solidarios.

Con una mayor difusión, los teléfonos volvieron a sonar. Aunque ahora se había contemplado la posibilidad de hacer donaciones de menor importe: entre 50 y 200 pesos.

Esa es una de las primeras lecciones a aprender a la hora de organizar una campaña para recaudar fondos: cuando los uruguayos dan, en general, lo hacen en cantidades pequeñas. En campañas entre uruguayos radicados en el exterior, el promedio de donaciones suele ser de unos 30 dólares. Dentro del país no conviene pedir más de 10 dólares.

Sumando esas pequeñas donaciones, fue que la familia de Paulina Bozzolasco llegó a los 30.000 dólares que necesitaban para traer a Uruguay al único médico que podía salvar a la niña, de apenas dos años. Nacida con una malformación congénita llamada ano imperforado, para Paulina los médicos uruguayos no tenían solución. La familia, de escasos recursos, se vio de repente con la necesidad de costear pasaje y estadía para Alberto Peña, cirujano mexicano radicado en Estados Unidos, y su pareja. "No tenemos ni casa propia así que no podíamos ni embargar un bien. No teníamos otra que salir a decir lo que Paulina tenía y pedir ayuda", dice María Inés, madre de la niña.

Para ellos la salvación estuvo en las formas más tradicionales de recaudación. Salieron a vender bonos colaboración de puerta en puerta por el pueblo de Libertad y colocaron alcancías con una foto de Paulina en los comercios. De a poco la gente se fue plegando a la campaña. A la primera reunión de lo que sería la comisión organizativa, asistieron 15 personas. Una semana después eran 120. Así llegaron a recaudar la mitad del dinero.

El resto lo consiguieron organizando un festival de música (en el que estuvieron Jorge Nasser y Numa Moraes, entre otros), administrando la cantina de un festival de motoqueros y con las cuentas del Brou y en la red de pagos Abitab.

Para cuando habilitaron los 0900, la meta había sido alcanzada. "Todo el mundo me dice que la cara de Paulina es muy especial y a la gente le tocó mucho. Pero cuando yo vi su foto en una alcancía, me vino una tristeza... No podía creer que la cara de mi hija tenía que estar en todos lados. Pero no tenía otra porque era para su bien", recuerda.

En un mes se recolectaron 35.000 dólares. Una semana después de que se sobrepasara el objetivo, los uruguayos donaron 10.000 dólares más. La mayoría de los aportes consistieron en montos pequeños.

Con los billetes en la mano y tras una operación exitosa, fueron a pagarle al médico que, al final, sólo les cobró 10.000 dólares. "Yo le dije que la plata era para él, que se la quería pagar. Pero me dijo que la guardáramos porque esto era un primer paso para Paulina", explica su madre. En setiembre la niña se someterá a una nueva operación y puede que tenga que realizar controles en Estados Unidos. Cuando llegue ese día, el dinero necesario estará en el banco.

Llamar la atención. Para la familia de Renato Fernández, sin embargo, la difusión de los medios de comunicación fue fundamental. Gracias a eso lograron recaudar 80.000 euros, 20.000 más de los que necesitaban para operar a Renato, que con cinco años tenía un tumor en el cerebro. La operación era tan compleja, que sólo en una clínica alemana le aseguraban una alta probabilidad de recuperación.

El tío del niño fue quien organizó la campaña, y entre amigos y conocidos llegaron a la prensa. "Una vez que largamos conseguimos el dinero en unos 17 días. Pero era urgente. Para nosotros era un montón de tiempo", enfatiza Roberto Fernández, padre del niño. Cuarenta y cinco días después estaban de regreso en Montevideo con buenos pronósticos.

Eso fue en 2005. Hoy Renato alcanzó los nueve años, edad necesaria para comenzar un tratamiento de radioterapia que debe realizarse en Buenos Aires. Para financiar esto, como los controles que se le deban hacer, sus padres recurrirán al dinero que tantos uruguayos donaron y que todavía guardan. "Yo estuve involucrado desde chico en actividades solidarias porque me crié en un colegio salesiano. Pero esto me asombró. Fue impresionante la movida que se armó. Gracias a eso pudimos recaudar el dinero", recuerda Roberto.

Sandra Amaral es la otra cara de la moneda. A sus 15 años una bala perdida durante un cumpleaños la dejó internada en el hospital. Le dijeron que no había daño en ningún tejido y que habían logrado extraer la bala. Ella siguió todas las indicaciones médicas, pero igual se generó un eccema (una afección cutánea). Cuando los médicos lograron revisarla, tenía la pierna engangrenada de la rodilla hacia abajo. Debieron amputarla.

Para conseguir su primera prótesis recaudó dinero entre los compañeros de trabajo de sus padres y sus vecinos. "En los barrios se juntó poco. Yo le decía a la gente, pero se pensaban que quería agarrar plata de arriba, como no sale en la televisión...", señala. Igual llegó a los 1.000 dólares que necesitaba.

Hoy, más de 10 años después, comenzó otra campaña con la intención de cambiar la prótesis que con el tiempo se fue gastando y rompiendo. Necesitaba 2.800 dólares. Durante dos años mantuvo abiertas tres líneas de 0900 que apenas consiguieron recaudar poco más de 100 dólares. "No salía en la televisión y no se reunía nada. Yo repartía papelitos con los números", dice. Pero la gente, desconfiada, no llamaba. Ahora está pensando en volver a intentarlo. Quizás esta vez sí llegue a la televisión.

Carlos Velázquez también sabe lo necesaria que es la difusión para este tipo de cruzadas. Once años atrás abandonó Uruguay, buscando en Estados Unidos la solución a un problema médico personal grave. Sabiendo desde la experiencia propia lo que estos dramas puede causarle a una familia, decidió dar la ayuda que estaba a su alcance. En su sitio web para los uruguayos en el exterior, Redota, abrió un espacio para la solidaridad.

En los nueve años que está on-line, ya ha realizado nueve exitosas campañas. Las historias son acompañadas por fotos y videos y llegan a los 30.000 usuarios registrados que tiene el sitio. "Han sido exitosas en buena medida porque han sido muy transparentes. Trato siempre de mostrar hasta el último peso que se ha donado y también cómo se usó el dinero publicando los recibos", señala.

La última fue una campaña destinada a conseguir una silla de ruedas eléctrica para Francisco Castro, que nació con una malformación en manos y piernas que le impide desplazarse. Se necesitaban 3.000 dólares y se consiguieron en un fin de semana. "La verdad es que en algunos casos me asombra por la rapidez con la que se hicieron. Tal vez sea también un poco porque con el tiempo iba mejorando en la organización de eventos y colectas", opina Velázquez.

Otra de las acciones que se promocionaron tuvo el objetivo de cumplir el último deseo de un uruguayo radicado en España que sufría un cáncer terminal: ver a su familia. A través de contactos en Uruguay lograron movilizarse para sacar los pasaportes y comprar los pasajes.

Pero todavía falta. La mayoría de quienes donan, lo hacen en cantidades pequeñas y, aunque hubo donaciones de 500 o 1.000 dólares, han sido excepcionales. Por otro lado, de la colecta que se realizó para apoyar a la Teletón apenas participaron 250 de los miles de usuarios registrados en el sitio. Igual juntaron 10.000 dólares.

Al final, junto al sentimiento de satisfacción que Velázquez y muchos otros uruguayos sienten al organizar una campaña exitosa, también llega la ilusión frustrada de todo lo que se podría hacer. "A pesar de llegar a los objetivos, se podría ser mucho más. Siempre me queda un gusto a poco, que también puede ser porque uno siempre quiere más".

Campañas con apoyo institucional

También las empresas o instituciones suelen apelar a la solidaridad de los uruguayos. La Fundación Teletón, que en noviembre logra acaparar para su campaña la transmisión de la mayoría de los canales privados durante todo un fin de semana, recaudó el año pasado más de 43 millones de pesos.

La empresa Cutcsa también ha hecho lo suyo, organizando campañas para recaudar un millón de boletos a cambio de una silla de ruedas. El año pasado se han otorgado dos sillas (una de ellas a la Teletón). Este año, según señalaron desde Cutcsa, varias empresas se encuentran juntando boletos.

Teléfonos solidarios

Leonardo Pintos.

Para colaborar en la campaña por el niño de un año Leonardo Pintos puede llamarse a los siguientes teléfonos: 0900 9116 para donar 50 pesos, 0900 9117 para donar 100 pesos o 0900 9118 para donar 200 pesos. También se aceptan depósitos en la caja de ahorros del Brou número 152/388511 o en la cuenta de Abitab 12202. Para conocer más acerca del caso puede entrar a la página web www.ayudaleo.com.

Sandra amaral.

Para colaborar en la adquisición de una nueva prótesis para Sandra Amaral puede comunicarse con el 525 32 05.

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