Por Stella Maris Pusino - spusino@elpais.com.uy
¿Qué beneficios deja el Mercosur a los países miembros?
La idea de un mercado común en un mundo globalizado es una idea que hace todo el sentido. Es una tontería imaginar que uno gana competitividad limitando geográficamente su producción, sus exportaciones e importaciones, dentro de las fronteras políticas. Y esto es válido tanto para los países grandes como para los pequeños como Uruguay. Es evidente que un país con tres millones de habitantes no puede tener una industria limitada a su población, no hay nada que pueda producirse y mantenerse con un mercado consumidor tan reducido. Pero, si Uruguay vende lo que produce en su territorio a Brasil, Argentina y Paraguay en condiciones privilegiadas, claro que Uruguay gana. Ahora ¿qué gana Brasil con eso? Brasil gana porque ya no tiene sentido la nacionalización de la cadena productiva. Es decir, para Brasil puede llegar a ser más eficaz, en determinados momentos, adquirir fuera de fronteras un mismo producto, o parte de él.
Para Brasil vale la pena complementar la cadena productiva, aunque la escala del mercado brasileño sea mucho mayor, casi 200 millones de personas, proveyéndose de cosas que se producen en Uruguay, Paraguay o Argentina. Para los países grandes, buscar esos productos, como materia prima o trasformados, aumenta la productividad de su economía.
Pero Brasil y sus socios siguen poniendo barreras a la importación…
No defiendo las políticas que algunos países practican, incluso mi país, de manera equivocada. El concepto de que las fronteras políticas también tienen que ser fronteras económicas y comerciales todavía no desapareció, lamentablemente, y muchas veces tuvimos problemas. Recuerdo cuando era subsecretario. Un juez de Porto Alegre cerró la entrada al arroz uruguayo y eso nos costó cuatro meses de pelea con el sistema judicial brasileño. Finalmente se levantó la medida. Pero hay mucha gente que todavía piensa que el arroz que comen los brasileños tiene que ser producido dentro del país. Lo que es una tontería, una idea anticuada. Es un equívoco pensar que las importaciones eliminan puestos de trabajo, porque lo importante es crecer. Si uno crece al 3% genera cierta cantidad de empleos, si crece a 5% mucho más. Uruguay está creciendo 8%, es decir, está generando muchos más puestos de trabajo que si creciera un 2% y no permitiera que se comprara nada afuera.
¿La demora en su completa instrumentación puede hacer caer el Mercosur?
Creo que no. Ya tenemos 18 años. Ya se crearon muchas vinculaciones. Hay brasileños que están haciendo inversiones en Uruguay. Uruguayos haciendo inversiones en Brasil. Argentinos y chinos en Uruguay que producirán coches para vender a Brasil. ¿Usted cree que eso puede desaparecer de un día para el otro porque tenemos un Mercosur imperfecto, porque hay muchas perforaciones en el arancel externo común, porque todavía no logramos total libertad de comercio? No. Ya hay suficientes vinculaciones entre los cuatro para crear una red extensa que va a resistir las tonterías que eventualmente un país u otro, un gobierno u otro puedan cometer. Incluso las que cometan los privados, que no necesariamente piensan siempre de manera moderna.
¿Qué tontería uruguaya puede mencionar en este marco?
Uruguay está haciendo finalmente lo que debería haber hecho hace mucho tiempo. En vez de lamentarse de ser un país chico, Uruguay decidió, creo, aprovechar el hecho de ser parte de un club más importante y está preparándose para ser una plataforma productora y exportadora para el resto del mundo. Entonces, en este momento, la famosa asimetría logra funcionar a favor de Uruguay y no en contra.
La asimetría, si se habla de tamaño, es incorregible. Uruguay será chico y Brasil grande hasta la consumación de los tiempos, a menos que hubiera una guerra y Uruguay ocupara dos tercios de Brasil, pero esto no parece probable. Tampoco significa esto que Uruguay tiene que ser pobre y Brasil rico. Si el tamaño fuera condición para la riqueza, Luxemburgo, Bélgica y Holanda serían los países más pobres de Europa y no lo son.
¿Uruguay dejó de ser la piedra en el zapato de Brasil, el enano gruñón?
Nunca fue piedra en ese zapato. Tenía más bien antes que en la práctica una actitud de llorón: "Ay, por favor, soy chiquito. Las asimetrías…Buah". Ahora el ejemplo de Uruguay es el más eficaz de cómo el Mercosur gana con las asimetrías, no pierde con ellas. El concepto de asimetría debe ser un estímulo y no un obstáculo para el desarrollo de los países chicos. Claro, no hay que olvidar que, en estas últimas décadas, Argentina y Brasil pasaron por varias crisis financieras muy grandes. En muchos sentidos hubo años de poco crecimiento. El efecto del bajo crecimiento de las economías vecinas es negativo, pero no hay que culpar al Mercosur por ello. Ese es otro equívoco que se ha cometido muchas veces en Uruguay.
¿Qué sugeriría a Uruguay entonces?
Que piense en grande y haga en grande. Que ignore las fronteras. Que considere que no está condenado a pensar sólo en sus tres millones de habitantes. Que tenga ambición de vender al resto del mundo. Que frente a Argentina, Brasil y Paraguay, el gobierno uruguayo exija que las condiciones de apertura del mercado sigan creciendo; no aceptar ni conformarse si algún país, mañana, adopta medidas restrictivas. Uruguay tiene el derecho de pensar en grande y de no tener obstáculos para vender en Argentina ni Brasil.
Responsabilidad de Brasil es mayor
El nacionalismo también pesa...
Es que nuestros países tienen una tendencia histórica a un excesivo nacionalismo. Creo que la responsabilidad de Brasil es mayor. Por ser el socio más grande no debería estimular esa visión nacionalista. Ocurre con el sector industrial argentino también que, como está muy mal, piensa que la solución es aislarse de las importaciones de Brasil y de Uruguay. Ustedes tuvieron problemas recientes con las bicicletas y otras cosas. Es un equívoco, una visión anticuada que no vale más en el siglo XXI. Lamentablemente los gobiernos no necesariamente son los más hábiles en responder con rapidez a los cambios.