Los americanos trabajan más, pero los europeos tienen mejor calidad de vida

| La configuración institucional de los mercados de trabajo de Europa no resulta favorable para el empleo en un período crítico

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JORGE REBELLA

Los europeos trabajan menos que los estadounidenses y, por tanto, producen menos. Sin embargo, disponen de más tiempo libre y, en consecuencia, tienen una mejor calidad de vida, afirmó el economista uruguayo Omar Licandro, profesor investigador en el Instituto de Análisis Económico (Barcelona). El entrevistado, Ph.D en economía por la Universidad Católica de Lovaina (Bélgica), está radicado en Europa desde hace más de veinte años y ha venido a dictar un curso de Crecimiento Económico en la Maestría de Economía de la Universidad de Montevideo que comenzará a fines de febrero. A continuación un resumen de la entrevista.

-El economista Paul Krugman escribió en su columna del New York Times (cuya traducción publicó ECONOMIA & MERCADO en su edición del 25/01/10) que "la verdadera lección de Europa es, en realidad, lo opuesto a lo que dicen los conservadores (norteamericanos): es un éxito económico y demuestra que funciona la democracia social". ¿Coincide con el Premio Nobel de Economía 2008 en que Estados Unidos tiene mucho para aprender de Europa?

-Por cierto, el proyecto europeo es económicamente exitoso. No digo perfecto, pero sí exitoso, muy particularmente en la consecución de las políticas redistributivas que carecen los estadounidenses. Entre los costos que Europa paga por ello, hay que incluir una mayor presión fiscal, una administración más burocrática y un mercado de trabajo menos flexible. Claro que una mejor distribución de la renta tiene enormes beneficios sociales, pues reduce, entre otras cosas, la marginalidad y con ello la criminalidad. Para dar un orden de magnitud, en Estados Unidos hay unos 800 presos por cada 100.000 habitantes, en tanto que no se alcanza a los 100 presidiarios en Europa continental. Además de esta diferencia, el costo del control de la criminalidad se contabiliza como parte del PIB.

-¿No se debe esa diferencia en la relación presos/habitantes a una legislación penal más severa en Estados Unidos?

-Honestamente, desconozco si existen índices del grado de severidad de la legislación penal. Si tomamos a la pena de muerte como un indicador, no cabe duda que la legislación estadounidense es más severa. Sin embargo, en Estados Unidos se producen unos 5,5 asesinatos anuales por cada 100.000 habitantes, en tanto que en los países de la Unión Europea (UE), la cifra está entre 1 y 1,5.

-¿Cómo se contabiliza el costo del control de la criminalidad en el PIB?

-Sin ser un experto en cuentas nacionales, diría que el costo del control de la criminalidad incluye los gastos del Ministerio de Interior, así como los gastos en seguridad incurridos por el sector privado. En países con alta criminalidad, donde su control es cuantitativamente importante, estos costos serán mayores y, por tanto, el PIB. Si la criminalidad resta valor (es un mal, no un bien), habría que restar este valor negativo del PIB, cosa que ningún país hace. De ahí que, por no hacerlo y sólo sumar al producto el costo de combatirla (obviamente, eso genera valor positivo), en los países con mayor criminalidad el PIB estaría sobrevaluado.

-A propósito, ¿es el PIB un buen indicador del bienestar social?

-Debería serlo, pero lo es sólo parcialmente. La utilización de precios hedónicos (N. del R.: es una forma de ajustar el PIB a los aumentos de calidad de los productos) para calcular el valor real de la producción es un buen ejemplo. En bienes como la informática, en los que el progreso técnico es muy rápido, los precios no reflejan correctamente las mejoras de calidad y el consiguiente bienestar de los consumidores. La metodología de los precios hedónicos se utiliza para corregir este problema. Las estimaciones de caídas de precios de las computadoras (corregidos por mejoras de calidad) son del orden del 30% anual en Estados Unidos. Claro que para que el PIB sea un buen indicador del bienestar, debemos primero ponernos de acuerdo en una definición de bienestar social y luego en una metodología para medir sus componentes. Todavía estamos lejos de llegar a un acuerdo.

El problema de la contaminación es un buen ejemplo. Las cuentas nacionales sólo miden la producción de bienes y servicios, sin descontar las externalidades negativas asociadas con la contaminación que esta producción genera. Sin embargo, toda actividad económica destinada a reducir la contaminación se contabiliza como producto. Aunque esta forma de proceder parezca paradójica, al menos nos asegura que aquellas economías que más esfuerzo ponen en reducir la contaminación, ceteris paribus, producen más.

Desempleo

-¿En qué medida la crisis global afectará al futuro económico de Europa?

-No creo que la crisis actual, si bien es la más profunda de la postguerra, tenga un efecto negativo en el crecimiento económico de la UE a largo plazo. Cuando las aguas se calmen, y se calmarán, el sector empresarial seguirá buscando nuevas oportunidades e invertirá en proyectos innovadores, con la consiguiente mejora permanente de la productividad. Entre tanto, la propia dinámica empresarial habrá eliminado a los menos eficientes abriendo las puertas a nuevas ideas y proyectos. Es cierto que los efectos negativos en el empleo pueden perduran por más tiempo, en particular para los trabajadores menos calificados. Está en la naturaleza del progreso técnico que capital humano y físico se vuelvan obsoletos conjuntamente. En períodos de profunda reestructuración, como el que seguirá a la crisis, el empleo de los trabajadores menos calificados, en particular aquellos con edades próximas a la jubilación, sufrirá sobremanera.

-¿Qué perspectivas existen de recuperación económica?

-Sin duda, la recuperación será más lenta en Europa. Las crisis económicas son períodos de reestructuración, donde las empresas menos eficientes cierran y las grandes empresas se adaptan a una demanda menor, reduciendo la producción de sus plantas menos productivas. En economías menos flexibles, como la europea, este proceso es más lento y genera mayores efectos negativos en el empleo. En España, por ejemplo, la tasa de desempleo ha llegado al 20% sin que todavía se vislumbre el final de la crisis.

-¿Cómo se podrían atenuar las altas tasas de desocupación en los países de la UE?

-La configuración institucional de los mercados de trabajo de la mayoría de los países europeos, basada en una legislación de protección del empleo con altos costos de despido y unas prestaciones por desempleo generosas y de larga duración, no resulta muy favorable para el empleo en un contexto de cambios socioeconómicos profundos, tanto por el lado de la demanda como por el de la oferta de trabajo. Tal configuración institucional debería cambiarse hacia sistemas de protección al empleo con costos de despido por causas económicas menos elevados, sin dualidad contractual, y con prestaciones por desempleo financiadas bajo un principio de "experience-rating", es decir, cuanto más despide una empresa, más contribuye a la financiación de las prestaciones por desempleo. Algunos países europeos, como Dinamarca o Austria, que están más cerca de esta configuración institucional tienen las tasas de desocupación más bajas de la UE.

Tiempo de ocio

-Los europeos dedican un 30% menos de tiempo a trabajar que los norteamericanos. Sin embargo, en la década del setenta se trabajaban más horas en Europa. ¿Es más corto el calendario laboral de los europeos porque logran producir lo mismo en menor tiempo?

-Los europeos trabajan menos que los estadounidenses y, por tanto, producen menos. Sin embargo, disponen de más tiempo libre y, en consecuencia, tienen una mejor calidad de vida. Un fenómeno característico del desarrollo económico es que con el aumento de la renta per cápita, en el transcurso del siglo XX, se ha observado un aumento de la esperanza de vida, una reducción del tiempo efectivo de trabajo y un incremento sustantivo del tiempo de ocio. Los jóvenes ingresan al mercado laboral más tarde, el tiempo semanal de trabajo se ha reducido, ha aumentado el número de días no laborables así como la fracción de personas que trabajan a tiempo parcial. Por lo tanto, podríamos decir que Europa aventaja a los Estados Unidos en esta dimensión.

-¿Genera riqueza el tiempo de ocio?

-La medición de cuentas nacionales no cuantifica el valor del tiempo que los individuos destinan al ocio. Lo paradójico es que sí incluyen los gastos que realizamos en actividades recreativas. En tanto que actividad económica, el tiempo que destinamos a nuestro entretenimiento es un "input" que debería contabilizarse, tanto como el tiempo dedicado por un peluquero a cortarnos el cabello o el tiempo dedicado a la producción de cualquier otro servicio. Algo similar ocurre con el tiempo que los jóvenes dedican a su formación. Estudiar es una actividad económica destinada a producir capital humano; por lo tanto, el valor del tiempo de escolarización debería incluirse en las cuentas nacionales tanto como los costos asociados a infraestructuras, profesorado y cualquier otro tipo de gasto inherente al proceso educativo, los que sí se registran.

-¿Se puede continuar aumentando el tiempo de ocio en las sociedades post-industriales, básicamente en los países centrales?

-El progreso tecnológico es, en muy buena medida, ahorrador de trabajo, lo que significa que con el transcurso del tiempo, los seres humanos podremos producir más y más con el mismo esfuerzo. Dado que no hay ninguna razón para pensar que el progreso tecnológico tenga un límite, pronosticaría un aumento permanente del tiempo de ocio. Suelo decirles a mis estudiantes, y aquí entramos en el terreno de la "econoficción", que llegará un día en que los robots (mecánicos o genéticos) harán todo el trabajo. Claro que ese día, más nos valdrá ser empresarios y no trabajadores.

Ficha técnica

Omar Licandro, uruguayo, es economista egresado de la Universidad de la República. Obtuvo un máster y, luego, un Ph.D en economía en la Universidad Católica de Lovaina (Bélgica). Hoy es profesor investigador en el Instituto de Análisis Económico (Barcelona). Fue docente e investigador en la UdelaR, la Universidad Católica de Lovaina, la Universidad Carlos III de Madrid, Fedea (Madrid) y el European University Institute (Florencia). Ha sido miembro del Consejo de la Asociación Económica Española.

Es impensable que algunos países quieran salir de la zona euro

-Según Paul Krugman, Premio Nobel de Economía 2008, "Europa sería la economía estancada, en decadencia, de la leyenda. Sin embargo, no lo es". ¿Qué opina al respecto?

-Sin duda, Krugman se coloca en una posición radicalmente opuesta a lo que él denomina la visión conservadora de Europa. Un buen ejemplo de esta visión a veces catastrofista, fue la reacción de los economistas académicos, mayoritariamente formados en Estados Unidos, ante la firma del Tratado de Maastricht que creó la Unión Europea en 1992. Se argumentaba que la introducción del euro haría perder a los gobiernos europeos el único instrumento disponible para enfrentar shocks asimétricos entre países. Las sospechas se creían fundadas, cuando en enero de 1999 se introdujo el euro como unidad de cuenta y su valor no cesaba de depreciarse frente al dólar. Son los tiempos del boom de la "nueva economía". Sin embargo, desde que entró en circulación en 2002, el euro se ha apreciado sostenidamente respecto al dólar, siendo hoy la moneda internacional que muestra una mayor fortaleza. Más importante aún, un efecto directo del Tratado de Maastricht, contrariamente a la visión catastrofista, es que los shocks que enfrentan los países europeos tienden a ser más simétricos y la necesidad de instrumentos adicionales para hacerles frentes es, en la actualidad, sustancialmente menor.

-¿Existen posibilidades de que algunos países como España, Grecia y Portugal, cuyo crecimiento económico no ha sido satisfactorio en los últimos años, salgan de la Unión Monetaria Europea (UME) a efectos de tener un mayor margen de maniobra con la política monetaria y cambiaria?

-La adhesión a la UME ha generado tales beneficios a estos países, que es impensable que decidan salirse. Pertenecer a la zona euro es una garantía de estabilidad de precios y elimina todo riesgo de ataque a una moneda débil, como ocurría en el pasado. Sería un grave error salirse del euro. No creo que se pueda utilizar la política monetaria con estos fines. La mejor política monetaria es aquella que persigue la estabilidad de precios.

-¿Se ha observado una estabilidad de precios en los países de la Unión Europea a partir de 2002?

-El mayor esfuerzo hacia la estabilización de precios se hizo en el período anterior a la introducción del euro. Desde entonces la inflación en la zona euro se ubica cerca del objetivo del 2% anual.

-¿Qué riesgos existen de que la salida de la actual crisis económico-financiera venga acompañada por una inflación a nivel global?

-En períodos de boom, hay siempre un cierto riesgo de que se despierten presiones inflacionarias. Sin embargo, creo que un buen uso de la política monetaria es suficiente para hacer frente a tales empujes. Digamos que las crisis me preocupan bastante más que las presiones inflacionarias en épocas de bonanza económica, pues tenemos menos instrumentos para hacerles frente.

Estrategia de desarrollo en la integración europea impone cambios

-¿Podría una prolongación muy extensa de la recesión económica en los países de la periferia europea provocar cambios en algunas sociedades con respecto a su actitud hacia la UE?

-Un elemento fundamental, aunque poco estudiado, de la integración europea es su papel como "estrategia de desarrollo", es decir, un conjunto de políticas e instituciones que tienen como objeto converger a los estándares de vida de los países desarrollados. Pues bien, adherir a la UE resulta ser una estrategia de desarrollo, como lo demuestran los casos de España, Grecia, Irlanda y Portugal, y el reciente y rápido crecimiento de las economías de Europa del Este.

-¿Ha sido tan exitosa esa estrategia de desarrollo que, justamente, a esos cuatro países hoy se les conoce por la sigla despectiva de PIGS debido a su debilidad económica, en contraposición con las economías BRIC (Brasil, Rusia, India y China)?

-Cuando llegué a España en 1991 era de uno de los pocos extranjeros que circulaban por Madrid y las cifras de emigrantes se medían en cientos de miles. Actualmente, se estima un stock de inmigrantes superior a los cinco millones, muchos de ellos provenientes de los BRIC, cuya gran mayoría ocupan los empleos que los españoles no quieren desempeñar.

-¿Podría ser más explícito con respecto al modo en que la adhesión a la UE opera como estrategia de desarrollo?

-Uno de los problemas fundamentales del subdesarrollo es la carencia de buenas instituciones, y peor aún, el estado de bloqueo que las instituciones vigentes imponen ante la clara necesidad de un cambio. Paradójicamente, aún en el caso en que las grandes mayorías creen en la necesidad de un cambio institucional, su implementación resulta inviable. Una de las ventajas de la adhesión a la UE es la necesidad de adaptar la legislación nacional a un conjunto de normas comunes conocidas como el "acquis communautaire". Esa adhesión permite catalizar el deseo de cambio institucional, pues requiere una reestructura de las instituciones nacionales acorde con la normativa europea.

-¿Podría el Mercosur jugar un papel similar al de la UE?

-Los beneficios de entrar en la UE son claramente superiores a los de formar parte de acuerdos de integración regional entre países del Sur. La gran ventaja de integrarse a la UE radica en la adopción de las instituciones alemanas, inglesas, nórdicas, francesas, etc. Por ejemplo, el problema fundamental de los países del este europeo, luego de la caída del bloque comunista, era cómo encarar la transición a una economía de mercado. El acceso a la UE les permitió beneficiarse no sólo de las condiciones excepcionales de la integración comercial con el resto de Europa, sino que además les facilitó la adopción de nuevas instituciones sin pasar por el conflicto social que tales reformas requieren. En los hechos, las tasas de crecimiento real del PIB per cápita de estos países, entre 2000 y 2007, promedian entre 4,5% y 9% anual.

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